No hay duda de que el chavismo hizo bien la tarea que diabólicamente ideó y lideró Chávez hasta su muerte, pero que luego Maduro tomó como suya perfeccionando la destrucción causada por su líder.

Venezuela no es ni la sombra de aquella nación que en 1998 cerró un ciclo político, cuando una mayoría electoral creyó en las promesas de un militar resentido y que buscaba imponer un sistema político alejado de las formas democráticas.

La Venezuela de hoy es una nación casi en ruinas.

Con una institucionalidad secuestrada por el chavismo, que necesita ocupar cualquier espacio por mínimo que sea, ya que eso es fundamental para su proyecto de ocupar eternamente el poder.

Con una economía disminuida que dejó de ser una de las de mayor potencial del continente, para convertirse en una economía del tamaño de alguna pequeña nación de Centroamérica o el Caribe.

Con un sistema de salud en escombros que no es capaz de garantizar la atención médica oportuna y eficaz de los ciudadanos.

Pero sobre todo convirtió a Venezuela en una sociedad en huida permanente.

Eso se materializa con más de seis millones de migrantes regados por el mundo, en su mayoría con un alto porcentaje de vulnerabilidad.

Eso se evidencia con los venezolanos que aún resisten la “pela”, como se dice coloquialmente, buscando huir de las carencias de un país en el cual sobrevivir es una experiencia agotadora todos los días.

Pero sobre todo se palpa con una sociedad mayormente dividida, intolerante y que perdió la capacidad de creer, ya que hay sectores que desconfían de todo aquel que proponga soluciones o emprenda acciones para encontrar una salida al oscuro túnel.

¿Por qué? Porque el chavismo y una parte de la oposición inocularon la desconfianza en los genes de los venezolanos.

¿Todo está perdido en Venezuela? No, porque aún hay una reserva moral, de cambio y transformación que el chavismo no ha podido destruir y que se activará cuando las condiciones estén dadas.

La reconstrucción de Venezuela será una dura, costosa y compleja tarea porque el daño del chavismo ha sido profundo.

Pero tenemos el talento y la capacidad de sacar a Venezuela del fango, hasta convertirla de nuevo en la luz de democracia y progreso del continente.

No perdamos la esperanza, pero también es importante recuperar la prudencia y la confianza.

 

 

@VerdadesRumores