Cuando Chávez tomó posesión ¿o consumó la ocupación? de la Presidencia de la República aquel muy lejano 2 de febrero de 1999, podía percibirse que su gran objetivo era controlar el poder sin las ataduras y limitaciones de los sistemas democráticos, por lo que de inmediato calificó de “moribunda” a la Constitución Nacional de 1969, pero adicionalmente avasalló a sus adversarios políticos.

En aquel momento la “oposición” si es que podía llamarse así realmente, era ínfima. Los partidos tradicionales (AD y Copei) vivían sus últimos días como organizaciones con respaldo popular, mientras que los nuevos partidos apenas daban sus primeros pasos y por eso Chávez estaba solo, corría solo, decidía solo e imponía a su antojo porque estaba solo.

¿Por qué esta explicación histórica? Porque es importante refrescar la memoria para recordar, que la oposición nunca ha podido articular una estrategia coherente para cortar el ciclo de la revolución que ha terminado en la destrucción de Venezuela, con el fin de iniciar la recuperación.

Uno de los últimos errores cometidos por la oposición (partidos, ciudadanos y medios de comunicación), ha sido aplicar la estrategia del “todo o nada” con la cual pretendieron desalojar al chavismo del poder, sin entregar condiciones o acordar una solución mediante una negociación política, ya que buscaban la rendición incondicional del adversario, sin comprender que carecía de la fuerza para llevarlo hasta a ese punto de decisión o desesperación.

La expresión más genuina del “todo o nada” ha sido el cese de la usurpación, que fue un mantra que ha sido repetido y repetido sin dar resultado, porque la oposición por si sola carece de la fortaleza para obtener una claudicación total del oficialismo.

¿El resultado? Se cambiaron los mantras pero siempre en la tónica del “todo o nada”, sin comprender que la solución total que erradique al chavismo por completo lamentablemente no existe, lo que condujo a que la oposición esté en su peor momento de la historia: sin unidad y sin la confianza de la mayoría de la población.

Al final de la historia del “todo o nada” quedó sin nada, porque los resultados no han acompañado el interés de la mayoría, de iniciar una transición y mucho menos el objetivo de los más radicales de exterminar al chavismo y conducir al paredón a quienes han destruido a Venezuela.

¿A qué nos llevó el “maximalismo”? A nada.

¿Se insistirá con la tesis del “todo o nada”? Parece que son tiempos de cambio de orientación de la estrategia opositora.

Esperemos que esa mutación de los resultados esperados, porque Venezuela necesita con urgencia comenzar la recuperación luego de la barbarie chavista.

 

 

@VerdadesRumores