“A veces la adversidad es lo que necesitas encarar para ser exitoso.”

Juan Miguel Ávalos

Mojarse la ropa al pasar los ríos Grande o Táchira, temblar de frío atravesando los páramos colombianos, bolivianos, peruanos, chilenos o naufragando en el Caribe tratando de llegar a Aruba, Trinidad y Tobago seguirá siendo, —tristemente— el destino de miles y miles de venezolanos en lo que queda de 2021, porque la situación en Venezuela no mejora, sino que golpea, destruye y pulveriza sueños, esperanzas y una mejor calidad de vida que el modelo político socialista prometió hace 22 años y hoy lo que muestra como resultado de una añeja oferta electoral que cautivó a millones, es que antes del 31 de diciembre algo más de 7 millones será la cifra de venezolanos que estarán diseminados en cualquier rincón de la tierra, según estiman agencias humanitarias y ONG. 

No por gusto, capricho o por hacer turismo de aventura habrán salido más compatriotas buscando lo que en su patria, —la que nos legó Simón Bolívar ya hace casi 200 años— les ha sido negado.

Cifras que aterran pero es la purita verdad de un éxodo que no se ha detenido a pesar de la pandemia del Covid-19, porque igual da arriesgar  la vida, lanzarse a las peligrosas aguas del río Grande que separa la frontera entre México y Estados Unidos, donde ya han fallecido venezolanos y de otras nacionalidades tratando de llegar del otro lado de la frontera que, por cierto, es un “imperio malvado” muy criticado y despotricado por líderes oficialistas y seguidores desestresados de la Revolución Bonita que lo señalan como causante de nuestros males, pero cómo les gusta irse de vez en cuando de paseo o a trabajar para asegurarse unos nada devaluados billetes verdes en el bolsillo. En la primera oportunidad, sin mirar para atrás o a los lados, raudos se van a Maiquetía, Valencia o La Chinita y embarcan con conexión al malvado imperio y abordan el avión sin mucho disimulo. Es la doble moral de un revolucionario de estos tiempos. Qué decir de otros pasos fronterizos nacionales por donde el éxodo busca salir para quedarse en Colombia o seguir en dirección a Ecuador, Bolivia, Perú, Chile o Argentina, larga travesía donde ya han perecido hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños venezolanos a manos de insoportables condiciones climáticas o de delincuentes y asaltantes de caminos luego de sortear el matraqueo de funcionarios civiles o militares que buscan quitarle los pocos recursos que los viajeros llevan al salir de nuestro país cómo le sucedió al periodista marabino, Gustavo Perozo, y a su familia, pero afortunadamente ya están en Paraguay donde fueron acogidos solidariamente. Muchos han llegado a su destino y trabajan duro de sol a sol para mantenerse y enviarle recursos a los que quedaron en la casa, pero otros han quedado en el camino y no volverán, porque en la nación donde son admitidos los fulmina el Covid-19, mueren por accidentes laborales o de tránsito, los asesinan en asaltos o en el peor de los escenarios —van varios casos— a nuestras mujeres migrantes las asesinan o son abusadas sexualmente. Terrible es decir que la xenofobia no asesina, pero golpea al migrante venezolano al querer ser tratado por algunos nacionales de esos países con crueldad o violándoles sus derechos humanos. Claro, no es la norma en esos países hermanos, sino repudiables excepciones racistas de algunos que olvidan o son ignorantes de la historia Latinoamericana de miles, millones de migrantes que en otras épocas huyeron de su tierra y llegaron a Venezuela integrándose a lo que fue nuestro estilo de vida cuando “éramos felices y no lo sabíamos”.

Otros compatriotas desesperados por salir de este infierno donde garantizar las tres comidas diarias es un imposible o disponer de eficientes servicios públicos es una pesadilla, aventuran su destino y se lanzan a las aguas del Caribe con saldos mortales ya conocidos a través de medios de comunicación y redes sociales en recientes tragedias mar adentro en costas de Falcón o Sucre. Triste verdad de una realidad nunca antes vista, mientras que otros compatriotas entran a las estadísticas de morir en su casa o en la emergencia de un hospital por causas del virus que salió de China esperando que por obra de un milagro de papá Dios a los responsables de “garantizar la vida” la situación grave les ablande el corazón y aligeren la llegada de millones de vacunas y no a cuenta gotas como viene sucediendo por no haberse iniciado con tiempo diligencias para su llegada y haberse evitado tantos fallecimientos por esta causa. No estamos en momentos para escuchar más mentiras y promesas mientras siguen muriendo venezolanos. Si no que lo diga Fedecámaras desde donde surgió la iniciativa de adquirir en el mercado internacional seis millones de dosis de vacuna, —5 para los trabajadores y uno como donación al sector público— pero ha podido más la burocracia revolucionaria de darle largas a una autorización cuando de lo que se trata es de salvar vidas, cuando además el Estado venezolano no tendría que aportar recurso económico alguno sino voluntad, respuesta, sin dejar pasar otro día de espera que ya en el almanaque el empresariado no cuente más saldos rojos de días que han pasado, llegándose a más de un mes sin obtener una respuesta negativa o positiva. Es una decisión de vida que duele por los amigos, familiares o conocidos que han partido cuando es la vida el principal derecho humano defendido por la Organización de Naciones Unidas, ONU.

Otras entidades humanitarias como el Consejo Noruego de Refugiados, NRC, termina de emitir un informe del 2020 donde afirma que “los venezolanos continuaron sufriendo bajo la presión de siete años de caída libre económica e hiperinflación y un impás político en 2019″. A través de su vocero principal, Jan Egeland, el NRC coloca entre los países con el mayor éxodo de desplazados, dentro y fuera de África, a la República Democrática del Congo (RDC), que cuenta con «más de cinco millones» de personas desplazadas y le siguen Camerún, Burundi, Venezuela, Honduras, Nigeria, Burkina Faso, Etiopía, República Centroafricana y Malí. Otra tragedia es la de Siria. Según esta entidad Venezuela estando en el 5to lugar en 2019 pasó en 2020 al 4to puesto y según su análisis “cinco millones de venezolanos han huido del país debido a la represión y escasez de alimentos y medicinas desde 2014, convirtiéndola en una de las mayores crisis de desplazamiento en el mundo. Mientras el flujo de personas fuera de Venezuela en 2020 se contuvo por el cierre de fronteras y las restricciones de movimiento debido a la pandemia del Covid-19, las medidas plantearon problemas de protección para refugiados y migrantes en movimiento. “Además de los problemas particulares de cada país”, advirtió Egeland, “la pandemia ha provocado que millones de personas que ya estaban luchando por sobrevivir en crisis desatendidas se queden aún más rezagadas”.

A todas estas y en honor a la verdad tenemos el deber y derecho de ser optimista o escéptico viendo los toros desde la barrera, a propósito de anuncios de lado y lado, —oposición y oficialismo—, de llegar a acuerdos para salir de la crisis que golpea a Venezuela pero en el “ahí está el detalle” observamos que el “empuja y encoge” es la piedra de tranca para la salida que todos deseamos. El gobierno por vía del jefe de Miraflores, Nicolás Maduro Moros, afirma que el diálogo está supeditado a su reconocimiento constitucional e igual condición a la Asamblea Nacional electa en diciembre del 2020 y a que se produzca la devolución de los activos de la nación bloqueados en el extranjero. Claro y raspado ha dicho que le devuelvan Citgo, Monómeros y millones represados en el Reino Unido en lingotes de oro y el desbloqueo de otras cuentas en bancos o la delegación oficial no se sienta a dialogar. Vale decir en términos coloquiales que el gobierno de la Revolución Bonita en “su mensaje a García” no aflojará si no le ve “el queso a la tostada”. Condiciones, según analistas, como para que nada pase y todo siga de igual a peor.

Por su parte el líder opositor, Juan Gerardo Guaidó Márquez, ha denominado “Acuerdo de Salvación Nacional” la propuesta que el gobierno de Miraflores debe aceptar a partir de cuatro puntos, a decir, “incluir elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales”. En segundo término el “ingreso masivo de ayuda humanitaria y de vacunas contra el virus. La cantidad de vacunas importadas por el régimen de Maduro no supera el millón de dosis, mientras que los hospitales se encuentran al máximo de su capacidad, afrontando la pandemia con falta de insumos y medicamentos, escasez de personal y deficiencias estructurales de los centros de salud”. En tercer lugar “garantías democráticas que protejan tanto a los miembros de la plataforma unitaria como a los miembros del régimen que decidan sumarse a la propuesta. “Además, la reinstitucionalización de Venezuela” y “la necesidad de liberar a los más de 300 presos políticos que existen en el país y permitir el regreso de los exiliados e instaurar la justicia transicional”.
Por último, la oposición asigna “importancia del compromiso de la comunidad internacional en el proceso de recuperación democrática del país. En este acuerdo se deben ofrecer incentivos al régimen que incluyan el levantamiento progresivo de las sanciones, condicionado a los objetivos de recuperación democrática.
“Debo ser muy claro, nadie confía en la dictadura y esto sólo será posible si contamos con mayor presión tanto nacional como internacional, que garantice un proceso de negociación que contemple, junto a nuestros aliados, garantías para todos”.

En resumen, nada fácil porque más de uno —entre los que me incluyo— no ven una solución a corto o mediano plazo. Sin embargo, el gobierno del presidente Joe Biden si es de apretar más las presiones contra el gobierno socialista no lo dudará según lo ha asegurado, Juan González, director para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Sin ambigüedades ha asegurado que Washington no dejará de ejercer presión sobre Caracas hasta que se celebren comicios transparentes.
“Vamos a seguir trabajando con la comunidad internacional para presionar al régimen para que tome medidas concretas hacia unas elecciones libres y justas”. Lo preocupante, lo estresante, es que el día a día del pueblo venezolano, zuliano y marabino no tiene un descanso, sino que es de desasosiego las 24 horas del día procurando hacerse una plática extra —matando un tigrito—para completar la quincena y comprar alimentos, agua potable que no llega o que cuando llega está sucia, medicamentos, bombona de gas o hacer cola para todo y encomendarse a La Chinita y papá Dios para no contagiarse con el Covid-19. Y, mientras tanto, muchos siguen y siguen saliendo de Venezuela.

 

 

@JoseAranguibelC|Periodista|CNP 5003

 

 

Una respuesta

  1. Si la llamada Robolucion fuese Bonita por que se están marchando del País los mismos Robolucionario que defendían este Mowelo de soscavo de la Economía Humanidad y principios..

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