Los acontecimientos que han venido ocurriendo en el marco de la crisis política venezolana, no solo destrancaron el juego que estuvo paralizado a causa de la pandemia y la ausencia de resultados, sino que además revitalizaron uno de los males que carcome la sociedad venezolana: la desconfianza.

De hecho, la desconfianza se convirtió en el deporte nacional y sus terrenos de juego, principalmente, son las redes sociales y los grupos de WhatsApp donde una suerte de grandes filósofos, jueces de la moral, incomprendidos y tótem de la política, entre otros, debaten a sangre y fuego sus ideas sobre cómo liberar a Venezuela de la catástrofe que ha significado el chavismo.

No estamos en desacuerdo con ese intercambio de ideas y propuestas, porque esa diversidad de criterios y posiciones es un síntoma de la salud de la democracia, pero cuando se desvía y radicaliza, se convierte en un factor generador de desconfianza y termina siendo un síntoma de la crisis de una sociedad.

No hay dudas que Chávez hizo bien su trabajo.

No solo acabó con la economía y la producción nacional, sino que además creó profundas heridas en una sociedad que hasta su llegada toleraba las diferencias y respetaba las posiciones contrarias.

Hoy quien no coincida con una forma de pensar en particular, es muy posible que sea calificado como colaboracionista o boliburgués.

Hoy quien proponga una salida distinta al exterminio total del adversario, es otro traidor a la patria que solo se disfraza de opositor.

Hoy quien se atreva a pensar en la posibilidad de participar en unas elecciones, sencillamente es presa de su ambición de poder y no está en sintonía con el clamor de las mayorías.

La desconfianza no solo dinamitó la tolerancia y el respeto, sino que levantó enormes muros que impiden la construcción de un consenso entre los venezolanos, sobre todo entre quienes desean salir de la pesadilla chavista que ya acumula 22 años.

Esa desconfianza será un duro obstáculo que deberá ser superado, si es que de verdad la comunidad internacional, sectores políticos y la sociedad en general quieren construir una solución a la tragedia que viven los venezolanos.

Desafortunadamente, también algunos medios de comunicación y periodistas son parte de esa desconfianza.

Y también lamentablemente, algunos opositores se han “vivido” la crisis aprovechando la desconfianza.

Afortunadamente, la mayoría de la población que intenta sobrevivir todos los días a las plagas creadas por el chavismo, no practican ese deporte nacional que es la desconfianza.

El problema es que quienes si lo practican, hacen demasiada bulla en las redes sociales y los grupos de WhatsApp, por lo que tienen directa incidencia en el clima de opinión que impera en Venezuela.

Apartemos la desconfianza y analicemos los caminos que están en construcción, sin odio, sin satanizar, huyendo de la radicalización, abandonando posiciones prefijadas y sobre todo pensando en la Venezuela que podemos reconstruir.

 

@VerdadesRumores

 

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