Me entero de la muerte de Aristóbulo Isturiz, lo conocí a inicios de los 90’s cuando militaba en la Causa R, para ese entonces lo admiraba, era un luchador por las causas justas, fue un diputado al Congreso con verbo encendido, directo y coloquial, el negrito caía bien, al punto que llegó a ser alcalde de Caracas, gracias a su carisma y lucha social. 

Cuando la Causa se dividió, en el año 97, yo trabajaba en la fracción parlamentaria del partido en la Asamblea Legislativa del Zulia y el negro Aristóbulo fue a conversar con nosotros para que nos fuéramos con él y Pablo Medina, ellos estaban cocinando lo que luego fue el PPT, mi respuesta fue contundente «yo me quedo en la Causa, muchas gracias». Ya sabía que ellos apoyarían a Chávez y mi convicción política siempre estuvo muy distante a esa aventura que tristemente se convirtió en gobierno y hoy en una patética Neodictadura.

Finalmente, ellos crearon su partido, Aristóbulo fue electo en la Constituyente del 99 y aunque acuñó la frase «Chávez se fumó una lumpia», fue un hombre de confianza del jerarca del régimen, asumiendo cargos, como Vice Presidente de la ANC, Ministro de Educación, Diputado a la AN, se incorporó al PSUV y sus últimos cargos los desempeñó como Gobernador del Estado Anzoátegui, Vice Presidente de Venezuela, Ministro de Comunas y finalmente Ministro de Educación del nefasto y gris gabinete de Maduro. 

Aristóbulo, muere a los 74 años de edad, luego de una larga trayectoria política, y aunque en sus inicios fue un luchador por los derechos magisteriales, activo dirigente nacional de la Federación Venezolana de Maestros y del Colegio de Profesores de Venezuela, la vida lo llevó a ser Ministro de Educación en dos oportunidades y contradictoriamente traicionó los principios que alguna vez propulsó en defensa de la profesión más noble e importante que puede ejercerse en un país, la de «maestro», les dio la espalda, nunca en la historia contemporánea de Venezuela se había visto que el salario de un maestro lo llevara a vivir tan precariamente, al punto de la marginalidad, esto bajo la responsabilidad por acción u omisión de quien en alguna oportunidad pudo hasta llegar a ser Presidente de la República, si hubiese mantenido su firmeza, coherencia y liderazgo político, que lo caracterizó antes de convertirse en boliburgues, sin embargo fue más fácil, acomodarse, callarse, emular y justificar con el cliché del «bloqueo y la guerra económica» la farsa que han llamado «revolución».

Muere, el Ministro de Educación, de una operación de corazón abierto, en una de las mejores clínicas de Caracas, su alma no resistió tanta incoherencia, tanta deslealtad terrenal, tanta dicotomía ética de quien fue un luchador social a vivir de las mieles del poder, mientras los maestros mueren de mengua en distintos rincones del país, descansa en paz, Aristóbulo y que Dios te perdone, ya que los maestros y la patria tardarán mucho en olvidar.

QEPD

 

Doctor en derecho y ciencias sociales

 

 

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