De verdad no sé quiénes lo recuerdan. El 11 de abril fue un día de luces y sombras. Ese día la manifestación más grande e impresionante de toda la historia del país salía del Parque del Este y llegaría a PDVSA Chuao. Era el remate del paro cívico de diciembre de 2001, de la huelga general convocada por CTV y Fedecámaras para el 9 de abril que se prolongó hasta el 10 de abril.

La marcha se desvía hasta Miraflores y allí en el llamado Puente Llaguno la esperaba el oficialismo con francotiradores que mataron 19 personas hirieron mas de 60 y todo terminó en lo que evidentemente sería un golpe de Estado.

Así que la jornada popular más importante de nuestra historia y que vislumbraba el inicio de la recuperación temprana de la democracia que Chávez en el poder había dado inicio a su destrucción terminó en la chapuza dirigida por unos militares, que como siempre demostraron su incompetencia y sus ambiciones de poder terminaron con la vuelta de Chávez al poder y comenzar la película de horror de la que hoy somos protagonistas sufrientes.

Eso marcó el dato incontrastable de que la democracia en Venezuela ni estaba bien diseñada y estaba lejos de una cultura política democrática sólida y no resistió la ignorancia e irracionalidad de la gente y la incompetencia de aquellos que se autoerigieron en representantes de todos.

Asi que la cantaleta aquello de que cada 11 tiene su 13 nos instaló definitivamente en este orden que ahora es indeseable y que no ha producido otra cosa que la ruindad del país y la diáspora más grande que conoce Latinoamérica.

Por eso quien se acuerda de aquella escena con la que empecé esta nota. No sé. Pero de una cosa si estoy seguro: si Carmona y la caterva de militares que adelantaron un golpe hubiesen jugado de manera adecuada y hubiesen hecho la lectura correcta de la situación hoy estuviéramos contando una historia bien distinta.

Yo no recuerdo muy bien como era Carmona, pero tengo nítido en mi memoria lo que decía el artículo 7 del decreto del Acta de Constitución de su gobierno decía que: Le otorga al presidente de la República poderes para remover y nombrar a los miembros de todos los poderes públicos venezolanos Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Moral (Fiscalía, Defensoría y Contraloría) a nivel nacional, estadal y municipal. Además le da el derecho de nombrar a los representantes del país en los parlamentos andinos y latinoamericano.

O sea, usar una demostración única, épica y heroica de los ciudadanos para convertirla igualmente en una dictadura. Carajo, ellos también nos robaron la oportunidad de construir la democracia.

 

 

@RojasyArenas|Sociólogo

 

 

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