“El verdadero conocimiento y la auténtica libertad se hallan en Jesús. Dejad que Jesús forme parte siempre de vuestra hambre de verdad y justicia, y de vuestro compromiso por el bienestar de vuestros semejantes”.

San Juan Pablo II

Sabemos cuándo, cómo y dónde fue su principio pero desconocemos cuando será su regreso y con su venida cuando ha de ser el fin  de los tiempos. No importó edad, color, condición social, política, económica o religiosa por quien ofrendó su vida y cumplió lo que decían los mandamientos esculpidos en piedra y entregados a Moisés por Dios en el monte Sinaí. Jesucristo, hijo de Dios, volvió a resucitar imaginariamente en nuestros corazones llenos de fe cristiana hace solo unos poco días durante la conmemoración de la Semana Santa como ha venido sucediendo a lo largo de 2.021 años.

Jesús es nuestro redentor, nuestro salvador. Somos hijos de Dios, el creador de todo lo visible e invisible. Hay un solo Dios no otro, uno verdadero que trasciende siglos, épocas. Millones creemos en él. Otros lo niegan, lo ignoran, no creen su existencia o no lo conocen aún.

Pero sabemos que está en el amor, justicia, humildad, paciencia, solidaridad, en el ancho y profundo mar, en la risa de un niño o en la mirada del anciano amigo, en el canto de las aves, en el corregir a tiempo un error, en un buen consejo, en evitar una ofensa, en no odiar, en no calumniar, en cultivar la prudencia, en quien sufre una enfermedad, en quien padece hambre o carece de cobijo. En eso y en otras muchas buenas cosas el hijo de Dios manifiesta su presencia. El nos revela y nos dice cuál es el camino equivocado y nos indica el correcto, porque somos criaturas de corta vida que solo estamos de paso, efímeras vidas en este tiempo terrenal, convulsionado, contradictorio, lleno de injusticias y malas obras que unos hacemos contra otros sin importar la herida o el dolor que por pequeño que sea causa sufrimiento en nuestros semejantes sin importar si se trata de ser rico o pobre. Hay por igual almas buenas, llenas de amor a su prójimo, ganadas a hacer el bien sin mirar a quien. Son un ejército de ángeles. Sin embargo, la maldad en Venezuela deja ver su rostro en cualquier esquina cuando alguna autoridad civil o uniformada abusa de un ciudadano. También de quién calumnia, ofende, miente, roba el erario público, corrompe en nombre del “pueblo”, por lo demás muy manoseado término, atribuible a los venezolanos que como ovejas pasan hambre y sacrificios en un infierno terrenal que ha llevado a muchos a migrar y a otros a preparar maletas para salir huyendo de fariseos e hipócritas en un país que como el nuestro lo tenía todo y hoy el saldo es el de una nación quebrada, arruinada y arrasada en nombre de una Revolución que de bonita no tiene nada parecido a un paraíso.

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?”. Por eso los hombres de estos tiempos en el mundo entero parecen no haber asimilado el sacrificio y las enseñanzas del hijo de Dios, quien por querernos demasiado envió a su hijo Jesucristo, el mesías y redentor de nuestros pecados, con el propósito de salvarnos, despertarnos y darnos un remesón a costa del propio sacrificio de su vida cuando hace más de dos milenios nació en Belén. Su enseñanza sigue viva. Está allí “porque el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Hoy en este pedacito y convulsionado espacio del universo donde existimos como país, la fe en Cristo nuestro redentor ha crecido y se ha fortalecido en la oración diaria de millones de feligreses de las distintas iglesias cristianas por la aparición de un maligno virus, Covid-19, que nos ha puesto contra las cuerdas como mortales aterrados por sus consecuencias. “No deje que se angustien. Confianza en Dios; confía también en mí.”

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino a través de mí”.

Demás está decir que la sagrada enseñanza bíblica toma mucha vigencia en el caso venezolano donde las palabras que en su momento Jesucristo dijo de “os estoy enviando como ovejas en medio de lobos; por lo tanto, demuestren ser cautelosos como serpientes, y, sin embargo, inocentes como palomas” están en el contexto de lo sufrido a diario por millones de compatriotas que sin ser alguno de los doce apóstoles, —perseguidos por su fe—, no solo te desaparece una enfermedad mortal, sino que te maltrata el hampa, el hambre, la pobreza, la matraca, las mentiras, la impunidad, la ceguera y sordera de gobernantes y dirigentes de distinto signo y color.  Así como sin disimulo de la ausencia de vacunas antiCovid-19 que pone a volar la viveza criolla que si llegaron y las hay, los que dirigen y gobiernan, las usan de primero y los demás venezolanos, la gran mayoría, mejor nos encomendamos a Dios y nos cuidamos de esta enfermedad o de otras que habían sido erradicadas y han vuelto, sino también de la pérdida de valores y del resurgir de malos ejemplos, cuando hemos dejado de cultivar eso que dijo Jesucristo de “pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas” ya que “de qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma” o “no juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros”.

Asimismo que cuesta como nos dijo nuestro redentor de “traten a los demás como ustedes quisieran ser tratados”. Sus sabias palabras hoy siguen vigentes. 

Es la esencia de todo lo enseñado por la ley y los profetas que nos recuerda “porqué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da y al que desee que le prestes algo, no le vuelvas la espalda”.

El alfa y el omega, el principio y el fin, están escritos y sus acciones son el testimonio de un pasado y un presente en la fe en nuestro señor Jesucristo.

 

 

@JoseAranguibelC|Periodista|CNP 5003

 

 

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