“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”.

Jesús de Nazaret

Si bien es cierto que el procedimiento penal se basa en la actividad probatoria y en la tipicidad del delito, para que, a la hora de aplicar la sentencia, la misma sea justa; en el proceso del que fue objeto el redentor, ninguna de esas prerrogativas se respetó. Jesús de Nazareth, fue llevado a un injusto juicio, que terminó con su vida; pero veamos hasta donde se le violaron sus derechos.

“Yo he hablado abiertamente al mundo —respondió Jesús—. Siempre he enseñado en las Sinagogas o en el Templo, donde se congregan todos los judíos. En secreto no he dicho nada. ¿Por qué me interrogas a mí? ¡Interroga a los que me han oído hablar!  Ellos deben saber lo que dije”.

Apenas Jesús dijo esto, y uno de los guardias que estaba allí cerca, le dio una bofetada y le dijo: ¿Así contestas al Sumo Sacerdote? Si he dicho algo malo —replicó Jesús— demuéstramelo. Pero si lo que dije es correcto, ¿por qué me pegas? Entonces Anás lo envió, todavía atado, a Caifás, el Sumo Sacerdote.

Los juicios de Jesús constaron de seis eventos: Tres de ellos en una Corte Religiosa y los otros tres en una Romana. El Nazareno fue juzgado ante Anás el Sumo Sacerdote saliente; Caifás, el Sumo Sacerdote en funciones, y el Sanedrín. Él fue acusado en estos juicios “eclesiásticos” de blasfemia, por afirmar ser el Hijo de Dios y el Mesías.

En el Juicio imputado a Jesús y en su posterior crucifixión, se le violaron todos sus derechos humanos:

1) Ningún juicio debía llevarse a cabo durante alguna celebración, y Jesús fue juzgado durante la Pascua.

2) Cada miembro de la Corte debía votar para condenar o absolver, pero Jesús fue condenado por una gritería de protestas y desaprobación.

3) Si se daba la pena de muerte, debía pasar una noche antes de que la sentencia fuera llevada a cabo; solo pasaron horas antes de que Jesús fuera puesto en la Cruz.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!

Así fue como los jueces de Israel—entre los que estaban comprendidos el Sumo Sacerdote, los principales Sacerdotes, Escribas y Ancianos del pueblo, y el Gran Sanedrín, convocado ilícitamente—decretaron que el Hijo de Dios era digno de muerte, sin más evidencia que la de la propia admisión del Acusado.

Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Palacio y reunieron toda la tropa alrededor de él. Le quitaron su ropa, lo vistieron con una capa roja y le pusieron en la cabeza una corona tejida de espinas y una vara en la mano derecha. Luego se arrodillaron delante de él, y burlándose le decían: ¡Viva el Rey de los judíos!

También lo escupían, y con la misma vara le golpeaban la cabeza. Después de burlarse así de él, le quitaron la capa roja, le pusieron su propia ropa y se lo llevaron para crucificarlo.

Los juicios a Jesús representan la máxima mofa a la justicia. Jesús, el hombre más inocente en la historia de la humanidad, fue encontrado “culpable” de crímenes y sometido a la injusta condena de morir por Crucifixión.

 

 

@DouglaZabala

 

 

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