El pasado mes de febrero se cumplieron 22 años de la más larga, violenta y costosa crisis política que ha vivido Venezuela.

Una crisis que ha dejado centenares de venezolanos fallecidos, a consecuencia de la feroz represión del chavismo.

Una crisis que ha generado miles de venezolanos judicializados, acusados de un único delito: pensar distinto al oficialismo, aunque ellos utilizan nombres rimbombantes para justificar sus acciones.

Una crisis que mantiene a centenares de presos políticos, entre civiles y militares, pudriéndose y recibiendo torturas en las mazmorras malolientes de los cuerpos de seguridad del régimen.

Una crisis que ha ocasionado la huida de más de seis millones de venezolanos a otros países y quienes en un alto porcentaje huyen sin dinero, mucha hambre, problemas de salud y con su vida guardada en un ruinoso bolso, ante la necesidad de buscar opciones de vida.

Esa es parte de la realidad del paso de una tormenta atroz y corrupta llamada chavismo, que durante 22 años se ensañó con Venezuela.

Una destrucción que inició Chávez, pero que ha continuado Maduro con tanto éxito que, si no lo detenemos a tiempo, terminará de acabar con lo que queda de Venezuela y una sociedad que fue pujante y ejemplo a nivel continental.

¿Cómo acabar con la pesadilla? Esa ha sido una pregunta recurrente durante 22 años y a la que aún no encontramos una respuesta lógica.

La solución a la crisis en Venezuela no solo depende de la comunidad internacional, sino también de los venezolanos. 

Hasta ahora no hay una salida a la catástrofe chavista y no la hay porque es una situación muy compleja.

No es una simple crisis política con consecuencias sociales y económicas, porque no estamos ante demócratas, sino ante inadaptados y aprovechadores que pretenden apropiarse per saecula saeculorum de nuestra patria y sus riquezas.

Al no ser una simple crisis política, como las que han vivido otras naciones del mundo, no hay salidas mágicas para resolver esta dolorosa etapa de la vida nacional.

Pero aún hay esperanza.

Una esperanza que recae en la iniciativa de la comunidad internacional que, a través de mecanismos de presión y negociación multilateral, busca una solución al conflicto, además de iniciar la recuperación de Venezuela con los recursos recuperados de la corrupción chavista.

Sin embargo, a pesar de la voluntad y el esfuerzo de la comunidad internacional, aún no hay salidas mágicas.

Se necesita de paciencia, empeño y sobre todo del interés de todos los venezolanos, para apuntalar ese plan de rescate.

Y en el caso de los políticos se necesita que hagan el supremo sacrificio, de tirar sus egos e intereses en el cesto de la basura y se unan para salvar a la patria.

¿Eso es pedir demasiado a los políticos venezolanos? Hasta ahora parece que sí.

No hay salidas mágicas e inmediatas, pero por lo menos se trabaja en una solución a mediano plazo.

En Verdades y Rumores soñamos con el momento, en el cual anunciemos la liberación de Venezuela.

No perdamos la esperanza.

 

 

@VerdadesRumores

 

 

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