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Una de las cosas con las que nos tenemos que enfrentar en la vida es la de seleccionar entre opciones y sus consecuencias, algunas veces, son tremendas. De seguida comentamos algo sobre esto.

Hace poco celebramos un nuevo aniversario de la batalla de La Victoria la cual, por la participación de jóvenes estudiantes, vino a ser declarada como el día de la juventud en Venezuela. La desigual batalla se produjo entre los patriotas comandada por José Félix Rivas y unos 1500 combatientes, la mitad de ellos estudiantes sin entrenamiento militar, que hicieron frente a casi 3000 soldados de Boves, aunque él no estuvo en el sitio por encontrase herido. La batalla se definió con la entrada final (casi de película) de un grupo de 200 jinetes comandados por Vicente Campo Elías quienes hicieron huir a los realistas.

Vicente Campo Elías era un español de nacimiento que había venido con un tío a Mérida. Años después se juntó con los independentistas y se convirtió en un formidable líder de guerra republicano. Dentro de sus excentricidades juró acabar con todos los españoles y, cuando él fuera el último que quedara, suicidarse para terminar la faena.

Otro nacido en España y que al comienzo se unió a los patriotas fue José Tomás Boves, pero, a poco, se pasó al lado realista convirtiéndose en uno de los más terribles y temidos líderes en contra de los independentistas.

De qué Campo Elías, por su origen, hubiera estado del lado español y de que Boves hubiera estado con los patriotas es una probabilidad cierta, pero por pequeños detalles y circunstancias curiosas la cosa fue al revés y, así, por sus selecciones uno se convirtió en un héroe de la independencia y el otro pasó a la historia como un asesino realista.

Cosas parecidas han estado sucediendo por estos días con el asunto de los llamados “alacranes” que habiendo estado en el lado opositor durante muchos años seleccionaron pasarse y estar cerca de sus enemigos. Unos cuantos diputados de diferentes partidos hicieron tienda aparte y montaron una Asamblea paralela a la legítima al recibir cada uno, según los chismes, unos cuantos centenares de miles de dólares. Después vinieron los casos de ataques a los partidos políticos. Bernabé Gutiérrez mandó al carajo sus muchos años como dirigente adeco prestándose a un juego macabro donde los símbolos del partido le fueron “oficialmente” traspasados. Igual cosa pasó con el gordo Brito y Primero Justicia y otros tantos. La historia juzgará a los líderes que tuvieron que seleccionar entre las opciones y prefirieron tener unos reales antes que salvar su patria.

De la misma forma muchos líderes de oposición se enfrentan nuevamente entre participar en un ideal de unidad o seguir empuñando las banderas de la pulcritud que les impide juntarse con los “sucios” dirigentes de los otros partidos. Si por un momento escuchásemos a nuestros compatriotas oiríamos el ensordecedor clamor pidiendo la unión de todos los opositores como un mecanismo de salir del régimen. Es obvio que no le ponen adjetivos a esa unidad. No es la unidad de los más viejos o de los más jóvenes, no es la unidad de los listos, no es la unidad de los libres de pecado. Es la unidad de todos, la unidad que incluye a los justos y a los pecadores. Decidir sobre esto es el privilegio de cada líder, pero el asunto está claro, los que participen unidos en la batalla para salir del régimen serán “los buenos” de esta película en desarrollo y los que se queden realengos serán los pendejos buenos para nada que la historia pulverizará. Tomar la decisión correcta no es sencillo, pero, pareciera que nuestra historia actual es una reproducción de los antiguos patriotas en su lucha contra de los gobiernos tiranos.

La selección o toma de decisiones en el mundo moderno cada vez es más compleja por cuanto existe disponible una gran cantidad de información y eso promueve la evaluación en diversos escenarios. En el mundo antiguo era más fácil pues existían sitios mágicos de consulta o algunos iluminados que nos daban la respuesta precisa y sin mucha tardanza.

Es cierto que ni siquiera la unión de todos los líderes de oposición garantiza una victoria rápida sobre el régimen, pero, no hay duda, que es lo que los ciudadanos desean ocurra y, bueno, los demócratas nos repetimos que el pueblo es el que ordena.

Es hora de la patria y de vencer.

 

 

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