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El Partido Comunista Venezolano (PCV) está próximo a celebrar, el 5 de marzo, los 90 años desde su fundación. Pero no es por esa razón que lo mencionamos sino por una difundida discusión que sucedió por estos días entre Jorge Rodríguez del PSUV y Oscar Figuera, secretario general de PCV en una sesión de la Asamblea Nacional roja la cual. aunque es ilegal para la mayoría de los venezolanos, hace también noticias.

Dicen que hubo expresiones picantes como la de tildar a los del PCV de “mencheviques” y “abramcistas” que luego también las repitió Maduro en algún programa de tv. Lo de mencheviques como para recordar a la minoría que se oponía a las decisiones de Lenin durante la Rusia en plena revolución y lo de abramcistas por acusar a los del PCV de seguir la línea del gringo Elliott Abrams empeñado en terminar con el régimen de Maduro. El PCV no tiene muchos militantes, pero si mucho prestigio en la izquierda local lo que lo convierte en un enemigo de cuidado.

Aunque siempre hemos mantenido que el comunismo es pupú de perro y vómito de borracho y causante de enormes desgracias en todo el mundo, debemos, en esta ocasión estar de acuerdo con Figuera pues, como sea, está defendiendo sus ideas frente a la guabina camaleónica que representa Maduro y sus cómplices capaces de prostituirse y de hacer la inmoralidad que sea con tal de mantenerse en el poder.

El PCV participó como aliado de Chávez desde un comienzo, pero la cosa se vino a enrarecer con Maduro cuando este empezó a dar señales y tomar acciones contrarias a lo que habían venido predicando. De repente el durísimo control de precios desapareció, el odiado dólar, al que antes ni se le podía nombrar, pasó a ser moneda aceptada, se flexibilizó la importación para el que quisiera hacerlo y se promulgó una ley conocida como antibloqueo que le da al régimen la libertad de vender cualquier vaina sin mucho trámite. Ya hay noticias de que salieron de varias empresas del Estado sin que nadie sepa cómo fue el negocio, cuanto recibieron y adonde fueron los reales.

Todo este giro “a la derecha”, al decir de Figuera, no era posible soportarlo para el PCV y, por lo tanto, empezaron a denunciarlo públicamente y a exigir rectificaciones al régimen de Maduro. Las cosas fueron de mal a peor llegando a considerarse estar en aceras opuestas. Nuestra opinión es que el PCV está siendo consistente con sus ideas y eso, aunque sean criticables, merece nuestro respeto. No así puede decirse de Maduro que pasó de ser ñángara come candela de hoz y martillo en la frente a capitalista salvaje en cuanto se le apretó el cinturón y los reales le empezaron a faltar.

Así las cosas, el régimen ha iniciado un proceso que revierte lo que se había hecho en nombre de la revolución. Aquello de controlarlo todo, expropiar cuanta cosa le daba en gana, pasó, de repente, a dejar de controlar, a devolver o vender lo expropiado y además (oh, pecado) hasta reunirse con sus archienemigos de toda la vida, los empresarios. También es curioso que los cubanos, cuya influencia es notoria en Venezuela, hayan hecho la vista gorda frente al cambio de disco. Las ideas de tener algo parecido a Vietnam o China con economías abiertas al mercado capitalista, pero con un gobierno comunista, pueden haber sido la excusa para los guiños a los empresarios y empezar a soltar las riendas.

Pero la ilusión de los rojos de usar como tabla de salvación el modelo vietnamita es solo eso. En primer lugar, porque es poco probable que este plan de apertura produzca mucho dinero y atraiga a los inversionistas importantes. La presencia de grupos guerrilleros colombianos protegidos por el régimen, grupos terroristas e irregulares de todo pelaje y el estar relacionado con una red de distribución mundial de droga, hace pensar mucho el invertir en Venezuela frente a tanto riesgo. En segundo lugar, aún si Maduro lograse alguna mejora en la economía, la lucha por sacarlo del poder seguiría intacta pues, para nosotros, también se trata de un asunto de principios de libertad y democracia al cual no vamos a renunciar.

La oposición a Maduro y su régimen está en uno de sus descensos de ánimo. Hay poca actividad de lucha, los ciudadanos no ven salidas, les reclaman a sus líderes y la credibilidad sobre cualquier cosa es baja. Nada nuevo, hemos tenido períodos así donde pareciera ya no hay nada que hacer y, luego, ha surgido algo que nos vuelve a animar y llenar de esperanzas. Eso va a llegar y tenemos que ser un poco pacientes. Lo que si opinan los ciudadanos es que hay que recorrer caminos nuevos. El ir a elecciones de gobernadores y alcaldes lleva el estigma de “la misma vaina pa que nos vuelvan a trampear” y no tenemos que argumentar mucho sobre el rechazo a la posibilidad de hacer “negociaciones”.

Nuevos caminos hay que plantear y recorrer. Pareciera estamos cerca de aquél decir que, si no podemos resolver esto por las buenas, habrá que hacerlo por las malas. Pero de lo que no hay duda es que vamos a ganar y Maduro pasará, con méritos de sobra, a la cloaca de la historia.

Venezuela no se rendirá nunca frente al tirano.

 

 

 

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