En plena efervescencia, me atrevo a plasmar algunas reflexiones en torno a la compleja realidad que está experimentando Estados Unidos, a raíz de las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre.

Vienen tiempos difíciles para esa gran nación; quienes piensen que ésta es una situación pasajera están equivocados en sus apreciaciones. Los retos son muchos y la capacidad para enfrentarlos inmensa.

Los desafíos que hoy enfrenta Estados Unidos son de diversa índole y múltiples las causas que los generan. En mi opinión, para ser justos, es conveniente dejar de lado los prejuicios que descalifican cualquier análisis.  Pensar que  Trump es el único responsable del conflicto norteamericano es una opinión tan sesgada como aquella que plantea su absoluta inocencia en el problema.

La sociedad norteamericana está secuestrada por el radicalismo de izquierda y el de derecha. La política ha llevado al país a extremos peligrosos que podrían confluir en episodios muy lamentables en el devenir de esa nación. No es posible tolerar los excesos de un liberalismo desenfrenado, apoyado por grupos fanáticos del partido demócrata, ni mucho menos el conservadurismo que promueve la supremacía blanca, defendido por Trump y algunos líderes del partido republicano. Una democracia sana se fundamenta en ideas que reúnan el mayor nivel de consenso posible de la sociedad, colocando límites institucionales a proyectos que pretendan llevar al país al barranco. El primer gran desafío es la construcción de un discurso conciliador, incluyente y que ponga el énfasis en las virtudes que han empoderado a la democracia y al Estado de Derecho. Es momento oportuno para implementar la política pedagógica que promueva el fortalecimiento de los valores de la cultura democrática norteamericana, actualmente amenazada.

El otro gran desafío es sanar las heridas producidas por la polarización política y la profunda división que ha perturbado el alma de esa nación. Al igual que el radicalismo, cuando la división se adueña de la sociedad, entonces, se debilita el interés general de la nación para favorecer a grupos de poder que pretenden dominar a la sociedad e imponer una agenda propia, transformada por los medios de comunicación en la agenda que debe seguir la nación. Le corresponde al presidente Biden erigirse en el líder de todos los norteamericanos, dando cabida en su gobierno a ideas diferentes a las suyas, impedir una política revanchista contra sus adversarios políticos y fortalecer las instituciones democráticas. Si por el contrario, es incapaz de zafarse de grupos radicales que lo apoyaron en su campaña, entonces, se profundizará la crisis atentando lamentablemente contra la institucionalidad democrática de ese gran país.   

Por otra parte, la democracia se fortalece en la medida que su sistema electoral es transparente, ecuánime e imparcial, protegido de toda duda que pueda afectar su idoneidad. Si bien es cierto que el sistema electoral norteamericano ha funcionado durante mucho tiempo, también es cierto que debe ajustarse a condiciones diferentes a las que le dieron origen. El colegio electoral no siempre representa la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y la opinión de las minorías. El candidato que gana un estado, por estrecho que sea el margen de la victoria, se lleva en su totalidad los representantes electorales, dejando sin valor los votos de quienes sufragaron por el candidato perdedor. A ello se le suma, la cantidad de disposiciones y normas electorales establecidas de manera autónoma por los estados de la unión. Un mínimo de homogeneidad y coherencia de esas normas ayudaría a implementar un sistema electoral sólido, cuyos resultados no se vean afectados por interpretaciones legales y políticas de partes interesadas.

Hay razones suficientes, expresadas desde hace mucho tiempo atrás, para acometer una evaluación objetiva del actual sistema electoral norteamericano y realizar las reformas necesarias para adecuarlo a los nuevos tiempos porque, querámoslo o no, en estas elecciones el sistema salió afectado, cuando menos ha dejado en el ambiente dudas acerca de su efectivo funcionamiento. Eliminar las dudas electorales, es otro de los grandes desafíos que debe enfrentar la democracia más estable del planeta.

La salud de la institucionalidad democrática de Estados Unidos es un tema que debe interesarnos a todos. Hago votos porque la racionalidad política se imponga sobre la mezquindad de quienes se empeñan en destruir el legado de libertad que hemos aprendido de la nación norteamericana.

 

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ (Venezuela)

 

 

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