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Con la llegada del “comandante eternamente enterrado” se impuso “sin querer queriendo”, el síndrome de la dependencia, propio de los regímenes comunistas; este se aprovechó con la utilización, de los recursos supermillonarios que recibió por los altos precios del petróleo

Síndrome de dependencia, es la actitud y creencia de que un grupo no puede resolver sus propios problemas sin ayuda externa. Es una debilidad que empeora con la dádiva o la caridad. Hay personas que tienen dificultades económicas y eso lo lleva siempre a necesitar la ayuda de los demás; es decir, siempre depende de los otros; consciente o inconscientemente quieren continuar dependiendo de otro u otros, para de este modo, suplir un lazo afectivo por otro de compromiso coyuntural y se convierte, en cualquier campo de acción y mucho más en el escenario político, en caldo de cultivo del control mental y de sumisión total.

Ese síndrome de la dependencia es normal en las personas de bajos recursos económicos desde que el hombre tiene presencia física en el mundo terrenal; pero, los comunistas en su andar político-ideológico lo han acentuado y lo han utilizado para subyugar a esa población débil en su estructura mental; he allí la razón de acabar con la educación en todo el ámbito estructural de la sociedad.

En la mal llamada Cuarta República se utilizó de manera casi imperceptible; el crecimiento y fortalecimiento de la clase media más importante del subcontinente lo impidió en gran medida. Con la llegada del “comandante eternamente enterrado” se impuso el síndrome de la dependencia; este se aprovechó con la utilización, de los recursos supermillonarios que recibió por los altos precios del petróleo, como un modo de idiotizar a las personas de bajos recursos y convertirlos en obnubilados seguidores de su ¿ideología?

El engendro heredero continuó con esa malsana práctica, pero las condiciones económicas tan precarias, por el manejo impropio de los recursos económicos y el robo descarado de los mismos en estos 20 años del régimen en poder, le está trayendo dificultad de cumplir con esa práctica. El engendro no halla qué prometerle (desde 2015, repite lo mismo a fin de año) a la gente para mantenerse en el poder, pero su promesa no es el estudio ni el trabajo; al contrario, es la acentuación del síndrome de dependencia.  Se creó el Carnet de la Patria para acentuar el control social y político; de allí se reafirma la “caridad” y la dádiva: bono por guerra económica, bono navideño, bonos con nombres rimbombantes, pero todos de “resuelves efímeros” y otros; en fin, lo que se persigue es controlar a todo el que recibe estos bonos con el único propósito de utilizarlos electoralmente (aunque ya no les sirve de nada, el 6D es la mejor prueba, solo votaron “y a juro” un 9.4 % de los votantes del país).

Estas dádivas solo las reciben un porcentaje muy pequeño de la población; no les resuelve en lo absoluto su verdadero drama: hambre, miseria y muerte; sin embargo, se conforman con el dicho “comida para hoy y hambre para siempre” y son controlados como fin supremo de dominación; así lo vemos con los llamados CLAP que tienen tiempo sin recibirlo y salen a las calles a protestar porque los engañaron con esa dádiva, como ocurrió en diciembre y que va a seguir ocurriendo por una sola razón: Venezuela está en bancarrota.

Estos venezolanos conformistas, que se encuentran hambrientos, harapientos y al borde de la muerte, igual que el resto de los compatriotas que no la reciben, merecen un nuevo Gobierno que de verdad trabaje por ellos. La Ley del Estatuto de la Transición (L.E.T), que le da fortaleza a la continuidad de la AN (respaldada soberanamente por el 70% de la población en la Consulta Popular del 12D), seguirá luchando para cesar éstas prácticas malsanas y para salir de la dictadura comunista, recuperar nuestra familia, consolidar la solidaridad y unión ciudadana, y generar una economía boyante que mejore la calidad de vida de los venezolanos, entre otras consideraciones de vitalidad republicana.

La Ley del Estatuto de Transición (L.E.T) es vital, es urgente un cambio estructural de rescate de nuestra democracia, de la institucionalidad republicana y por ello la salida (como sea) del régimen comunista procubano; es necesaria una verdadera unidad, sin cortapisas y sin intereses bastardos grupales o partidistas; no podemos esperar, es ya.

 

 

@marjimgar|Profesor universitario|[email protected]

 

 

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