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EUGENIO MONTORO|Un disfraz de diablo

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Hace muchos años participábamos en una obra de teatro donde, en el tercer acto, entraba uno de los personajes representando al diablo. La obra, una comedia brasilera adaptada en lugares y decires venezolanos por Cabrujas, había tenido buen éxito en sus primeras presentaciones, pero sucedió que el actor que hacía del maligno se enfermó y no podría estar para la siguiente función.

La salida fue que el director, quien conocía bastante bien el papel, haría de demonio reemplazando así al enfermo. Hasta allí todo habría sido sencillo sino fuese por la circunstancia de que el que usualmente hacía de diablo era un actor bastante flaco y el director era un gordo doble y barrigón. El disfraz de demonio, un mono rojo en dos piezas y una capucha con los cachos, se había confeccionado en una tela bastante elástica, pero, por supuesto, adaptada al tamaño del flaco.

Esa noche fue inútil tratar de no reírnos en pleno acto, con el teatro lleno, cuando apareció en escena nuestro gordo director con aquél estirado al máximo disfraz y con la barriga al aire. También nuestro público lo disfrutó, posiblemente presumiendo que lo grotesco del demonio era algo intencional de la obra.

Valga la anécdota para referirnos a la recuperación de Venezuela una vez que se le ponga fin a este régimen dictatorial y delincuente. En palabras cortas, un enorme número de profesionales ha elaborado planes sobre lo que se debe hacer en cada una de las muchas áreas que forman el Estado. La lista de cosas por realizar es enorme, casi como si de reconstruir todo se tratase.

Dentro de los planes también está el solicitar financiamiento a la banca internacional para recuperar a Venezuela, pero no importa la cantidad de dinero que se pueda obtener, siempre será mucho menor de lo que se necesita. Tendremos algo parecido a la comedia y el diablo, un gordo que representa a un país lleno a reventar de problemas y un disfraz presupuestario con una cantidad de dinero que no podrá cubrirlo.

De manera que hay que adaptarnos al disfraz lo mejor posible y para esto habrá que hacer tres cosas. La primera será reactivar todo lo que se pueda de industria, comercio y servicios para crear empleo y generar mucho dinero para el fisco nacional. La segunda será reducir las acciones a lo imprescindible y la tercera garantizar la seguridad para que, en este deteriorado teatro venezolano, podamos hacer la función.

Reactivar la industria, el comercio y los servicios hay que dejárselo a los empresarios y a los gerentes de talento. Devolver y privatizar todas las industrias y negocios que se expropiaron. Permitir que el capital privado fluya por todas partes para que puedan repararse las muchas plantas productoras. En las empresas públicas colocar gerentes de mucho talento y libres del ñemeo político. Que todo el mundo que quiera y pueda se vuelva un empresario sin importar el tamaño.

Lo segundo es reducir las acciones a lo imprescindible. No tratar de reparar todas las carreteras, solo algunas pocas, igual que las escuelas y hospitales solo algunos. Nada de concluir proyectos sin terminar. No solucionar los problemas que puedan posponerse. Concentrar la atención en la comida y en la enfermedad grave. Ya habrá tiempo y recursos para mejorar lo que falte.

Y lo tercero es garantizar la seguridad de las personas y los bienes. Eliminar a los colectivos y a la guerrilla y otros bichos raros. Organizar un sistema jurídico pequeño, honesto y eficiente, que sea implacable con la delincuencia y que asegure la no reincidencia. Que de tranquilidad al ciudadano y a los empresarios. También formar una estructura de poder armado que sea respetada por su seriedad y por su honestidad.

Uno de los errores mayores que podríamos cometer es abarcar mucho y tratar de mejorar todo en cuanto tengamos un gobierno de transición y algún dinero. Hay que ir despacio. El hueco donde estamos es profundo y no hay forma de salir rápido. Paso a paso con serenidad y que todo el mundo bien lo sepa y lo entienda.

Mientras tanto tenemos la tarea de salir de los rojos que usurpan todos los poderes. No hay forma que ignoremos nuestra responsabilidad como ciudadanos en participar en esto. Lo hemos tratado innumerables veces, han muerto muchos héroes y hay muchos presos, eso es cierto, pero hay que seguir. Aplaudimos a personas como Fernando del Rincón por fustigar al vecindario porque no nos ayuda con la fuerza a salir de este inmenso problema, pero no hay excusa para quedarnos viendo a ver qué pasa. También aplaudimos a nuestros diputados de la Asamblea Nacional por tomar la recia decisión de continuar en sus funciones y desconocer con ello la farsa del 6D. Ahora tenemos que acompañarlos y apoyarlos.

Que cada quien busque como ayudar a salir del régimen. Acérquese a un partido político o a una ONG o a un grupo cualquiera empeñado en resolver o haga algo por su cuenta. Esté claro que esto no es problema de otro y participe con entusiasmo y constancia.

Esa es la tarea real. Esa es la tarea de Patria.

 

 

 

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