Los resultados del 6D son, a lo menos, la señal latente de que algo pasa dentro del mal llamado “proceso revolucionario”, les queda a los responsables asumir su análisis y evitar caer en la omisión inquisidora de todo proceso electoral y por ende, de cualquier proyecto político planificado, aunque debo aclarar que por sus obras han demostrado que de planificación conocen lo que yo de astronomía.

Nuestra historia republicana nos muestra como este personaje estadístico, silencioso y socio-político fue erosionando las bases de aquel acuerdo firmado en la casa del expresidente Rafael Caldera, conocido como el puntofijismo y cuya estabilidad en el tiempo se fue diezmando hasta llegar y promover la asunción al ruedo político, en 1998, de Hugo Chávez, quien a la postre se convertiría en el presidente de nuestra nación hasta su muerte en 2013, dejando al pueblo chavista sin su líder, mesiánico, populista y extremadamente paternalista, realidad que los comicios de éste domingo 6 de diciembre de 2020 también ratificaron a los actuales dirigentes del proyecto tildado irónicamente de “revolución bonita”, que ese fantasma de la ABSTENCIÓN no es una variable que debe ser desestimada o por lo menos subestimada, cuando de procesos electorales hablamos.

El hecho es que, en mi opinión, desde diciembre de 2015, cuando quedó evidenciado en votos, quiénes somos mayoría en Venezuela, y los procesos electorales por la presidencia de la república en 2012 y 2013, lo habían anunciado, los cabecillas de este desastre, generado y promovido sin control alguno por su “Comandante Eterno”, por lo menos hasta 2012, generaron la discusión, a puertas cerradas, en ambos extremos, que Maduro, su combo y los locos NO CONTABAN con el respaldo chavista que quisieron arrebatar al ciudadano chavista de a pie, esos seres humanos que padecen en carne propia los embates de un proceso FRACASADO, evidencias sobre lo cual abundan en los registros de todos y cada uno de los hecho que desde 1999 llevan la firma de este mismo grupo de hombres y mujeres que se autonombran patriotas, pero cuyas acciones los han develado como APATRIDAS, ya no solo ante el pueblo opositor, gran parte de la comunidad internacional, sino, peor aún, ante los de los propios chavistas.

En este sentido, cada sector del juego político venezolano, opositor y usurpador sabían que era imposible esperar otros números este domingo; cada uno planificó en relación con sus estadísticas y proyecciones. La ABSTENCIÓN finalizó reapareciendo y de nuevo enviando un mensaje lapidario a este proceso, al de los usurpadores, como, entre 1978 a 1998, los últimos 20 años del puntofijismo, hizo lo propio con adecos y copeyanos.

Negar el aumento paulatino de la ABSTENCIÓN desde las elecciones de 1978, que a la postre condujo al Dr. Luis Herrera a la presidencia y de allí en adelante, hasta 1998, ya para entonces como una mayoría, solo votaron 3 de cada 10 con derecho al voto, es negarse a entender, analizar con coherencia y profesionalismo, y, por lo tanto, a ofrecer soluciones acordes y pertinentes a los problemas, se repitió hace escasas 48 horas. De hecho, he repetido hasta la saciedad que, mientras los adecos y copeyanos entre 1978 y 1998 se conformaron con darle legitimidad al proceso electoral con el 30 por ciento de los votantes, cifra que quizás controlaban, la estrategia de los rojos rojitos veinte años después, fue tratar de conquistar al menos un 30 por ciento de aquel 70 que se habían quedado en la casa y dejado de votar desde la elección de 1973. A los comunistas les resultó. Chávez logró un 54% y ganó la elección. Más o menos habían logrado su cometido, sacar a los descontentos, resentidos, decepcionados y a todos aquellos que desde mucho tiempo atrás ya no creían ni en AD y mucho menos en COPEI.

Lamentablemente, como en toda historia, hay dos caras de la moneda: En mi sincera opinión, los partidos hegemónicos que habían gobernado a Venezuela desde 1959 hasta el segundo gobierno de Caldera, prefirieron por décadas gestionar los procesos electorales “COMODAMENTE”. Si tres de cada 10 votantes salían a votar y dos de esos, lo harían por AD o COPEI, de acuerdo con la ocasión, por supuesto que era algo más fácil de controlar que gestionar la decisión de 10. Pero, voy más allá. Sus “estrategas” jamás se preocuparon por mantener el pacto vigente. Nunca lo hicieron. Se dejaron llevar por las situaciones y por ese desgano de ponerle un extra a lo importante, que debió ser LA PRIORIDAD desde 1959, luego de todo lo vivido anteriormente a ese año y las vidas que costó, gestionar el proceso de TRASCENDENCIA DEMOCRÁTICA y no solo el aprender a instalar mesas de votación cada 5 años como garantía del proceso originario. De hecho, no lo hicieron tampoco después de 1989, cuando luego de iniciada la descentralización del poder y entraron en el juego político los proceso electorales regionales y locales, la participación de otras toldas políticas y sus logros en hacerse del poder, debió alertar a los “estrategas”, pero hicieron caso omiso. NO se trataba de ir disminuyendo el número de votantes, sino por el contrario, aumentarlo.

Bien, lo que fue malo para el pavo, lo ha sido también para la “pava” de esta robolución, como ha sido etiquetada por muchos autores el proceso iniciado en febrero de 1999. Los números revelados en la tarde del 6 de diciembre, los verdaderos, dejan entrever lo certero y de muerte que ha sido el golpe. Esta vez, 21 años después, ocho (8) de cada 10 no salieron a votar. Ni siquiera pudieron evitar superar en cifras su gestión ante la ABSTENCIÓN, en comparación con los adecos y copeyanos.

Si en su momento, el “Comandante Eterno”, Hugo Chávez, afirmó que los últimos gobiernos del puntofijismo carecieron de legitimidad, pues fueron elegidos en una población de aproximadamente 30 por ciento del patrón electoral, este domingo quedó evidenciado aquella premisa que habla sobre los cíclicos que son los procesos históricos, cuando casi un 20 por ciento salió a apoyar lo que aparentemente ya agota al ciudadano y deja entrever su final, pues la historia demostró que fue el final de una etapa: el puntofijismo y no cabe la menor duda que lo será de esta.

Si en aquel momento hubo ilegitimidad, como pregonó Chávez, el 6 de diciembre lo ha CERTIFICADO, en verbo y acciones para su proceso. Esta “Revolución Bonita” no tiene quien la apoye más, al menos no para legitimarla. Maduro, su combo y los locos han quedado descubiertos ante el mundo como ILEGITIMOS, por lo tanto usurpadores o por lo menos, como un grupito de personas que no cuentan con el APOYO LEGITIMO del pueblo venezolano. El que tenga oídos que escuche, el que tenga ojos que observe. Cualquiera puede ver y oír…pocos pueden observar y escuchar.

Hasta la próxima.

 

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *