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Ahora son tres en vez de dos. Las inquietudes siguen siendo variadas, así como los problemas insondables. La oposición atisba su consulta popular con unas respuestas sabidas; un conocimiento sereno de que los resultados son predecibles. Para muchos es una tarea innecesaria y un esfuerzo que no ayuda en nada al desparpajo nacional.

Sí le encuentro sentido a esta consulta. A no dejarle rastros a las dudas. Es fundamental seguir en esta encomienda valedera de mostrarle al mundo, sin fanfarronadas políticas y con el compromiso del orden, que se requieren acciones inmediatas para solventar esta vorágine nacional y apuntalar todo por el camino correcto.

He leído cada una de las preguntas. Son extensas a su modo. La primera atañe “al cese de la usurpación y a la convocatoria a elecciones libres”. Incuestionable cuál puede ser la inclinación. Hasta los arrepentidos tomarán parte. Una necesidad manifiesta para gritarle al mundo. Un pueblo taciturno, con el efecto doloroso de no saber su rumbo, expondrá allí su veredicto firme. Y lo veo como si fuese un manuscrito popular. Una forma diestra para dejar sentado a los cuatro vientos, que la propaganda añeja de un país dividido no existe.

La segunda pregunta parece sacada de la solapa lógica y con el esmero de tratar de abolir el proceso electoral colindante, que no tiene aprobación por añadidura. “Si se rechaza el evento del 6 de diciembre”. Un sufragio sin la participación de los partidos ya no tendría validez. La misma comunidad internacional ha mostrado su refuto a este intento de legalizar más, un mandato que perdió sus estribos democráticos hace mucho.

Estos comicios parlamentarios son un sinsentido desde el inicio. Propiciados a dentellada limpia. Convocados por los factores del gobierno y no por los organismos atribuidos en la constitución. Por eso todo es una simulación. Una puesta escena con uno actores que carecen hasta del histrionismo necesario para la farsa acomodada. Simulan hasta la campaña, entregando mortadela en las comunidades y con eventos de masa en los que solo participan los trabajadores públicos forzados. Como siempre ha sido el esquema.

La última pregunta es la determinante. La excusa sin acicate para justificar las anteriores. El bastión de donde sostener las esperanzas para una liberación acorde, unificada, investida de fortaleza e inconmensurable. “¿Ordena usted adelantar las gestiones necesarias ante la comunidad internacional, para activar la cooperación, acompañamiento y asistencia que permitan rescatar nuestra democracia, atender la crisis humanitaria y proteger al pueblo de los crímenes de lesa humanidad?”.

La he puesto literal, verificando cada palabra y analizando su pertinencia. La he leído varias veces y es como una clarividencia de impulsos posteriores. La motivación para que los países se acoplen a solventar nuestra desgracia. La justificación para acomodar la desvergüenza sin intervalos, que comprime a una nación llena de virtudes naturales.

Se requiere nuestra aprobación. Hurgan en nuestra inquietud. No bastan las redes sociales para el desahogo. Es pertinente dejarlo formalmente establecido en un ejercicio consultivo. Nos sobran tristezas, contratiempos y desmoralización aguda para no dejar pasar esta oportunidad. No son impresiones por la emoción saltando por las incógnitas. Es menester establecer con sensatez que buscamos ayuda en la región para resolver esta vida cotidiana tortuosa.

No dudo que requiramos asistencia. Solos -con los organismos de seguridad establecidos e insurrectos para proteger al régimen, la necesidad haciendo mella a diario y la confusión en todos los estratos-, poco lograremos solucionar esta disputa por el retorno del Estado de Derecho.

La necesidad del apoyo internacional no es una petición de una tendencia, la pretensión de un individuo o un camino fácil en el fango. Pareciera erigirse como la única posibilidad de un país amarrado en su desgracia. Nos cansamos de contar muertos. La ONU contabilizó más de dos mil este año por motivos políticos. Si le agregamos los de hambre, la cifra daría vuelta a la página de conteo.

Hoy requerimos detener esta simulación de que lo único anormal en el territorio es el coronavirus. La consulta del 5 al 12 de diciembre servirá como un manifiesto preciso para pedirle al mundo la mano extendida por el rescate definitivo. La independencia en el pasado se logró con factores externos, respaldando los ingenios de nuestros precursores. Vale la pena levantar la mano entre los escombros, para continuar en el empeño de salvar al país que llevamos en el pecho.

 

 

José Luis Zambrano Padauy|[email protected]|@Joseluis5571

 

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