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Jamás en mi vida he sentido fobia u odio por ningún extranjero que venga a nuestro país a vivir con nosotros; a ser parte de nuestras familias, de nuestra sociedad como personas de bien, a trabajar, productivas; a integrarse en alma, vida y corazón con nuestra propia idiosincrasia, sin perder, por supuesto, sus raíces originales. En lo personal, viví en Brasil, en donde nació, por cierto, mi hijo mayor, y en EEUU, donde pasé también cierto tiempo de mi vida, y en ninguno de esos países tuve un comportamiento o una actitud contraria al espíritu nacional de cada uno de ellos; respeté, como debe ser, sus leyes, sus costumbres y su filosofía de vida.

Pero realmente en nuestro país la presencia de los “hdp” cubanos hiere a nuestra sociedad en general, maltrata nuestra cultura democrática, nuestro sentido de pertenencia en el campo político e ideológico, que no es otro que vivir plenamente en libertad, en la pluralidad política y en la independencia y autonomía en la relación Estado-ciudadanos.

Los cubanos que están en nuestro país, por supuesto, por la connivencia ideológica y alcahueta del régimen que ostenta el poder, ejercen acciones impropias e irrespetuosas en nuestra realidad, intervienen descaradamente en acciones gubernamentales, producto en primer lugar por la complacencia del “comandante eternamente enterrado” y ahora por el procubano “el engendro”. Toman decisiones, en todos los estamentos de la vida nacional, que solo deben corresponder, de acuerdo con nuestra CN y leyes de la República, a los poderes del Estado; controlan y manipulan a su antojo todo ámbito de la comunista FANB (con “atemorizadas” excepciones), ya que controlan a su alto mando militar, “cuerda de sinvergüenzas apátridas que “tiraron” por las cloacas su juramento, ante la bandera y escudo nacional: defender hasta con su vida la soberanía nacional, entre otras cosas”.

Manejan asuntos de “seguridad nacional” y, lo peor de todo, intervienen con todo su poder, para imponer la alianza Cuba – Venezuela, como una vez dijeron el engendro y el borrachín del Raúl que eran: “una misma cosa”. Tienen jefatura de mando en el “c.n.e” (tienen mucha experiencia en hacer elecciones) desde hace muchos años y quien no cumpla sus órdenes lo exterminan de la vida pública.

Estos “verg..” que han estado en el poder por más de 60 años, en lo que realmente están preparados es en la persecución política; en Cuba no hay disidencia al régimen porque la exterminaron, la execraron, la desaparecieron y los que se salvaron tuvieron que tirarse al mar hasta llegar (si los tiburones se lo permitían) a la tierra de gracia, EE.UU.

En Venezuela hicieron lo mismo, arruinaron, desolaron y se robaron “los recursos” del país más rico de la tierra; los que no quieren vivir con el hambre, la miseria y la muerte como filosofía de vida han buscado nuevos horizontes, otras tierras, para así alcanzar la mejor ideología que existe. Calidad de vida.

La cultura de la muerte, aprendida al detalle durante los más de 60 años de la revolución cubana, la trasladó íntegramente a nuestro país. Todos los informes que con respecto a los DD.HH se han levantado sobre Venezuela por la O.N.U, por la O.E.A, por la CIDH, y otros hechos por organismos de los DDHH de Venezuela con objetividad y “realismo verdadero”, nos indica, sin tapujos, que estamos en presencia de un “régimen forajido” asesorados por protagonistas de la barbarie y de la crueldad humana, como lo representan los hdp cubanos y por supuesto, con la anuencia de los altos personeros civiles y militares del régimen en cuestión.

Las denuncias que se terminarán de hacer ante la CPI para acusar al engendro, ministros, cuerpos policiales y al alto mando militar, más las que se realizaron antes, cuentan con un aval probatorio, como tal, que hace imposible que estos delincuentes puedan salir absueltos de la pena que le corresponde por los delitos cometidos.

Es realmente inaceptable que los cubanos sigan en nuestro país. Aquí no los queremos, váyanse con su comunismo para otra parte, queremos vivir en paz y ustedes son foco de perturbación. Pero para que eso ocurra hay que salir, por las buenas o por lo que sea, del engendro y de su clan de forajidos. Cubanos, go home.

 

 

Profesor universitario|[email protected]

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