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La corrupción en Venezuela es un problema recurrente, que aparece en cualquier análisis que se haga sobre la actual situación de crisis.

Ya era una seria dificultad durante la llamada IV República, en la que casos como Sierra Nevada, la compra fraudulenta de vehículos Jeep para los cuerpos de seguridad, el Instituto Nacional de Hipódromos y hasta el manejo irregular de los recursos de la partida secreta; fueron sonados.

Todo lo que se vió, vivió y padeció en materia de corrupción durante la IV República se quedó en pañales en comparación con el saqueo perpetrado en la V República encarnada en el modelo chavista que es profundamente corrupto, además de violador de los derechos humanos.

Es tan grotesca la corrupción ejecutada por el chavismo y sus aliados empresariales, que hasta la oposición ha caído en el terrible mal. Hoy no solo hay una corrupción roja en Venezuela, sino también la azul.

Era conocido como dirigentes opositores habían cometido actos de corrupción en el ejercicio de sus funciones como gobernadores de estado y alcaldes; pero además varios han “cohabitado” con el régimen mediante jugosos negocios que les han permitido amasar grandes fortunas.

Sin embargo, no todo queda ahí porque a partir de la entrada en escena del gobierno interino, liderado por Juan Guaidó, la corrupción en la oposición se multiplicó y los escándalos se han sucedido una y otra vez teniendo a protagonistas frecuentes.

El denominado común en los actuales escándalos de corrupción que han aparecido desde enero de 2019, ha sido la participación protagónica de dirigentes de un importante partido: Voluntad Popular.

El hedor que emana desde la tolda naranja fundada por Leopoldo López es abrumador. Lo peor es que el joven partido que nació con lucha contra la corrupción chavista como una de sus banderas, es incapaz de investigar a su dirigencia.

Lo que tanto se le criticó al chavismo sobre la solidaridad y protección automática, es una norma dentro de ese partido que está involucrado en múltiples hechos dolosos: Cucutazo, ayuda humanitaria, Citgo, Monómeros, Alunasa y ahora con la recuperación de activos en el exterior.

Qué lamentable que esa corrupción azul pretenda ser ocultada y hasta justificada. Es habitual que cuando los medios de comunicación denunciamos esos actos irregulares, se nos señala de ser cooperadores del régimen porque sencillamente mostramos como unos supuestos opositores se aprovechan del sufrimiento de la población, para hacer negocios y llevar una vida de ricos en el exterior.

“Ya habrá tiempo de investigar eso”, es una de las frases más frecuentes en la defensa de estos corruptos.

No se trata de esperar hasta que el chavismo sea desalojado del poder. Hay que hacerlo desde ahora. Hay que cortar la cadena de contagio de la corrupción.

No importa si es roja o azul, la corrupción merece ser denunciada y castigada.

Denunciar la corrupción opositora no hace daño a la lucha. Lo que si hace daño es la alcahuetería.

 

 

@VerdadesRumores

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