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Las sanciones sirven y siguen mellando en el equilibrio del régimen. Aquellas frases premonitorias sobre caídas estrepitosas o políticos moribundos solo fueron utilizadas para avivar falsas esperanzas y elevarnos en un morbo poco provechoso. Los seudo monarcas fallecen cuando les toca y abandonan el poder cuando quieren. Solo la presión continua y las estrategias precisas logran en su momento girar el destino y cambiar la historia.

El cerco se ha construido con astucia. Se han olvidado de los envoltorios diplomáticos y toda la parafernalia inservible. Se ataca en la raíz, en los ingresos impropios, en todo el cortejo corruptivo que viene de afuera. La trampa no se pone adentro, para que caiga la presa. El meollo está en el exterior, en el sustento internacional.

Uno de los puntos asentados en el manual cubano es nunca invertir dentro y ahogar al país en su propia confusión. Ese postulado lapidario requería de mucho dinero para la compra de conciencias. Por eso en el pasado se crearon entidades y se aglutinaron países pobres, para siempre contar con un voto sucio en los organismos mundiales. Sirvió mientras se hallaban las arcas repletas y estaban las fanfarronadas publicitarias en los noticieros.

Actualmente todo ha ido cambiado. Estados Unidos se cansó de ver a una nación que complicase la región, con malas acciones y bajos instintos. La cesta petrolera se desplomó para los usurpadores de Miraflores y no había el dólar fácil para combatir en su guerra ideológica. La perpetuidad en el poder de un sistema para el hambre popular perdió sus sustentos.

El mundo por fin se quito la venda de los ojos. Se descubrió entonces que no había democracia. Todos los comicios fueron un circo de payasos inescrupulosos y de domadores de la mentira. Se entendió que no existía independencia en las instituciones y todos los poderes le rendían tributo al mandamás. La OEA decidió hablar y a actuar con más preocupación hemisférica.

Era una lógica simple. Dos presidentes en 20 años y, uno de ellos, saliendo por fallecimiento, no daba otro resultado que dictadura. Un comunismo tropical que solo piensa en los pocos que están en la cúpula. Que evade la propiedad privada, para hacerse con el país entero. Y se logró con un territorio atiborrado de riquezas naturales y un optimismo citadino. Pero quebró todo, con una astucia de mala índole.

Hoy no hay gasolina. Las refinerías están destartaladas, sin mantenimiento alguno. Todo se descuidó en el interior. Nada funciona. Hasta la capacidad de convencer a los ingenuos. Murieron las novedades para su beneficio.

Deben apelar entonces a las naciones marcadas para lo malo. China no hará más préstamos sin valía. Rusia ha perdido un poco su interés, ante tanta complicación y falta de un mejor criterio. Solo queda Irán y su inconfundible deseo de buscar camorra.

En un santiamén pasamos de tener la gasolina más barata del planeta a conseguirla a costos inimaginables; a palidecer en colas interminables y desfallecientes. Me llegan repetidamente informaciones sobre acciones represivas, detenciones y protestas por falta de este carburante. Mientras, los buques petroleros iraníes rodean Cabo Buena Esperanza, al sur de África, ampliando la ruta para llegar a Venezuela y alargando la espera.

Se especula que Maduro podría, en un momento dado, militarizar a todo el país. No tiene combustible para vender al pueblo. Sencilla ecuación al perder las provisiones mínimas. El tiempo corre en su contra. Maldecirá a las sanciones a diario. Odiará a muerte que le descubrieran las tramoyas interminables y los subterfugios del método importado desde la isla.

 Estamos inmerso en un juego de manecillas encabritadas. Las semanas no pasarán debajo de la mesa. Cada día importa y dependerá de nuestra propia compostura. La libertad del país no tiene derecho de autor. Converge diversidad de factores para lograr el cometido. La fe debe ser de común acuerdo, pues así funcionan las cosas de Dios. La tiranía ha perdido su combustible y los historiadores desprevenidos escribirán en el futuro sobre esta carencia impensable. Pero para el cielo no existen imposibles.    

 

 

José Luis Zambrano Padauy|[email protected]|@Joseluis5571

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