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La política no puede verse con simplicidad. Los acalorados debates de la opinión pública y el sabor metálico, nauseabundo y agrio de la pobreza forzada, no nos da pie a inventarnos nuevas teorías. No estamos para filosofar en el fango. Este no es un juego de idear consignas infantiles o enfilar los batallones a la orilla de la confusión.

Estamos en la hora cruda en que se cuecen las decisiones tenaces. Requerimos unificar un criterio base, tan sencillo como necesario. Pero tapizamos nuestras reflexiones con los mismos errores y creemos que perdura algo de democracia. No existe. Desapareció hace mucho. Se perdió en los fragores de creer que se efectuaban sufragios convincentes, aunque solo asistíamos a una obra fantasiosa y éramos ya títeres del sistema, sin saberlo y creyendo que algo cambiaría con el esfuerzo electoral.

Nos burla un régimen con todas las instituciones a su favor. Los poderes lo constituyen a su conveniencia. Lo sabemos todos. Han decido hasta cambiar las directivas de los partidos que están en su contra. Con un acceso de risa, se las ingenia para triturar las esperanzas de cualquiera, que tenga deseos de modificar la tristeza.

No puedo avalar esos análisis equívocos. Se la juegan a lo tonto, cuando aseguran con una compostura de piedra, que nos enriquece una variedad en la oposición. Que se fortalece para bien, el que traiciona los ideales y pacta para su conveniencia. No podemos estar cegados para andar en círculos.

Es una errada actitud que termina arriesgando el camino avanzado. Se mencionan tres tipos de oposición en el tinglado nacional. Lo ven con ojos cándidos y como un suceso enriquecedor. La variedad funciona en democracia, no en la tiranía de los salvajes. No me vale apostar por supuestos que terminan siempre en el fracaso.

Maduro y su comitiva solo pactan para quedarse con sus riquezas y continuar en el mando. Queremos convenir por unos tiempos de júbilo, no por unas negociaciones con pocos beneficiarios. El único propósito de Miraflores es legitimar el fraude; validar el proceso y a su mando indecoroso.

La excusa de que “no le vamos a regalar la Asamblea” no funciona ya, pues tienen asumido todo, hasta lo que comemos y la forma de andar. Participar es avalar y permitirles esgrimir que tuvieron a la oposición creyendo en los comicios. Esta no es otra vertiente opositora ni otra alternativa. Son nuevos secuaces de la tiranía que queremos abolir.

No puedo ver con buenos ojos que fracturen los sueños de todos. Los acuerdos no se dan con el opresor al mando. Lo ha dejado claro un número valioso de países que apoya esta cruzada por la libertad. Ledezma lo dijo sin perder sus criterios, al considerar que “una cosa es luchar y otra es rendirse ante el tirano”.

Capriles se erige como un impedimento a este ineludible atrevimiento de cambiar verdaderamente al país. No existe una oposición amistosa, que pestañee armonioso y le haga cortejo al autócrata. Tuvimos suficiente de esos delirios. No perderemos estas cartas cruciales con las cuales contamos ahora. Es el momento de ser herméticos, acompañarnos del reconocimiento internacional y no falsear en el último escalón.

Encendimos las luces de emergencia. No se permite apagarlas y callar el aplomo. Que Abrams recalcara que la única vía legal es Guaidó y que cuenta con el respaldo total norteamericano, para mí es suficiente para saber dónde invertir las ganas de alcanzar la meta. No sigamos transitando por territorios solitarios.

El embajador de EE. UU. para Venezuela, James Story, a corriente de la realidad y sin caer en banalidades, instó a presentar las alternativas al país en unidad y a no creer en farsas electorales: “Estados Unidos reconocerá a Guaidó como presidente, hasta el cese de la usurpación”.

A estas alturas no podemos ir a tientas. No estamos para pactar con el diablo y cocernos en la misma cazuela indecorosa. Caer en ese espacio vacío sin respuestas es un error imperdonable. Tenemos un trayecto más ordenado y no esos anhelos huérfanos de antes. Los errores antiguos deben quedar en el pasado. El camino es bastante difícil, como para endosarle más rocas enormes a las dificultades. El ultimátum está y los tiempos se acortan. No perdamos el tiempo en los desvíos. La meta está señalada y hacia ella iremos sin titubeos.  

 

 

José Luis Zambrano Padauy|[email protected]|@Joseluis5571

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