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Hemos sido sorprendidos por la detención del politólogo Nicmer Evans. Uds. recodaran que Evans fue un militante chavista, intelectual de izquierda y marxista, uno de los más preocupados por brindarle al chavismo una base teórica y política de la que carecía y de la que todavía carece

Pero, Evans, se decepcionó, en primer lugar porque es un hombre de principios, segundo es un hombre que, como muchos, hace años alimentó el sueño de una revolución política, ética y moral que creara un país y hasta un mundo nuevo y que finalmente ha terminado en una pesadilla insoportable y, finalmente, porque Evans es un tipo inteligente.

Ha sido acusado de “Incitación al odio”. En realidad es una acusación ya común que el régimen hace contra todos aquellos cuyo pensamiento les molesta, cuestión que es coherente con el paradigma que organiza su práctica política: concebir la política en términos Schmittianos con la relación “amigo vs enemigos” en la que estos últimos deben ser, inclusive, desaparecidos.

Pero, definamos que es el discurso del odio: este se define como la acción comunicativa que cargado de connotaciones discriminatorias atenta contra la dignidad de un grupo de individuos o colectivos, bien sea políticos, sociales, raciales, religiosos, etc.

Esgrimir este delito es una paradoja, por la naturaleza de quien hace la acusación.

Recordemos que quien introduce al odio como una variable política imprescindible en el debate político venezolano es el mismísimo Chávez, cuando en plena campaña electoral a grito templado sentencia a los adecos a ser decapitados y freír sus cabezas en aceite hirviente.

Desde entonces el discurso que incita al odio atraviesa la vida del país condicionado la convivencia social y vulnerando derechos fundamentales. Chávez trajo al debate político categorías polares discriminatorias: la lucha en Vzla, sería para Chávez y para todo el chavismo la lucha entre dos sectores, esta cuestión ha sido retomada con los clichés de Chávez por Maduro, no faltaba más. Así que  en un polo estaban los fascistas, antipatriotas, lacayos, escuálidos, mariposones, burgueses, pitiyanquis, oligarca, majunche, Pelucón (copiado por Maduro de Rafael Correa, que igual que Chávez hacía las mismas discriminaciones  en Ecuador) golpista y sigue, podemos hacer todo un diccionario de insultos vs los patriotas y los revolucionarios.

Todo un compendio de humillación y degradación nutre el discurso chavista. Pero hay que admitir que ellos han sido sumamente eficientes desde el punto de vista discursivo, pues, ellos insultan, pero ponen en bocas de los opositores sus propias palabras.

Claro aunque la cosa ha cambiado desde 2013 hasta ahora, pues antes los actos simbólicos y de mensajes emitidos por Chávez se convertían en cosas, cuestión que Maduro está lejos de lograr por su falta de liderazgo y carisma. Siguen usando una Ley que nunca ha quedado nada clara para tratar de hacer desaparecer a sectores que se le oponen. Hoy la victima presentada como victimario es Nicmer Evans, pero, seguramente antes de que esto acabe vendrán otros.

 

@RojasyArenas

 

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