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No es fácil dilucidar en la gestión del régimen comunista que está en el poder, cuál es el más preciado éxito (por la cantidad) de su gestión; es dialectico, inmensamente, tener una respuesta al respecto. Soy de los que pienso, que el mayor éxito de la ´´gestión revolucionaria´´ es la “felicidad integral” de la que gozan los venezolanos en los últimos 20 años. El informe mundial de la felicidad de Naciones Unidas 2017, así lo destacó, Venezuela y los países africanos son los más felices del mundo, mientras que los más infelices son: Noruega, Dinamarca, Islandia y Suiza. La felicidad, se considera una medida para valorar el progreso social y el bienestar. Los factores claves son los factores económicos, los factores sociales y los factores relacionados a la salud; prevaleciendo en estos últimos, la salud mental; de allí la “existencia factorial” que le da renombre en el concierto mundial a Venezuela, como uno de los más felices. “La felicidad”, lograda a través de la atención suprema del régimen a la salud mental, origina un vértice de envergadura, que logró su ´´mayor éxito´´ al convertir: a la delincuencia juvenil en un fenómeno social que pone en riesgo la seguridad pública de la sociedad, así mismo va contra las buenas costumbres ya establecidas. La delincuencia juvenil, en los últimos 20 años, ha aumentado de forma alarmante, pasando a ser un problema que cada vez genera mayor preocupación social, tanto por su incremento cuantitativo, como por su progresiva cualitativa. En Venezuela la delincuencia juvenil se ubica, dentro de un contexto social caracterizado por grupos familiares ubicados dentro de niveles de miseria o pobreza, desempleo, narcotráfico, concentración urbana, baja escolaridad o analfabetismo, agresiones sexuales y desintegración familiar.

A estos grupos sociales, se les ha negado todos los derechos humanos, tales como el derecho a la vida, la salud, la educación, la vivienda, en fin, el derecho al desarrollo. Según la UNICEF, en Venezuela, la pobreza, acentuada por la encuesta ENCOVI, junio 2020, de la UCAB y otras, afecta de forma más intensa a los menores de 18 años; mientras la población total sufre un nivel de pobreza de 76,6%; la pobreza entre menores de 18 años alcanza la alarmante cifra de 71,8%. En Venezuela existen alrededor de 6 millones de menores de 18 años en situación de pobreza, de los cuales cerca de 3 millones se encuentran en situación crítica. El 40.2% de los niños entre 6 y 12 años no asiste a la escuela por razones económicas y se duplican estos números en estudiantes de bachillerato. ¿Quién pone en duda el éxito del régimen y del logro de la felicidad?

En nuestro país, de cada diez delitos que se cometen (robo, atraco, sicarito, narcotráfico, cobravacuna, secuestro, etc) ocho son cometidos por jóvenes entre los 14 y 25 años; se formaron con el régimen, a la llegada del “comandante eternamente enterrado” tenían entre 0 y 6 años; son auténticos hijos de la patria revolucionaria. Ellos manifiestan que es el entorno social quien le genera la mayor fortaleza delictiva, ya sea por la influencia de un familiar o de alguien muy allegado. Estos jóvenes asesinos, más claro no pueden ser en sus declaraciones a los medios; no tienen ningún arrepentimiento por lo realizado y además, se consideran miembros activos del partido de gobierno; lo que detalla la condena recibida: IMPUNIDAD TOTAL por  sus delitos, por la muerte de las personas asesinadas; y para que no queden dudas de la protección de la ministra Varela, se convierten en defensores de la revolución, con “armas de guerra”, que solo pueden ser usadas por las fuerzas armadas y policiales de la república. Pero lo más sorprendente es que el índice de “felicidad” del pueblo, ha tenido un auge superlativo; a los seis años es una edad ideal para salir a delinquir; la prueba irrefutable del éxito del régimen es la muerte, recordemos, de dos “guardias del pueblo soberano” que fueron asesinados a puñaladas por jóvenes entre 6 y 15 años  ¿tanta felicidad junta es una fastuosidad?

Todo esto significa que el discurso de los líderes del régimen: ¨el comandante eternamente enterrado¨ (no se olvida el discurso en unos de los programas Aló Presidente, cuando dijo: palabras más o menos, que había que salir a robar si no se tenía nada para comer) y del engendro heredero, han sido exitoso. Las condiciones socioeconómicas deprimentes, inherentes a sus vidas, que el régimen comunista les ha dado, han propiciado la ´´plena felicidad´´ de esta generación de ¨delincuentes juveniles revolucionarios¨. ¿Qué cosa más buena, tener una generación de oro con tanta felicidad?

 

Profesor Universitario|[email protected]

 

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