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Eran las dos de la madrugada cuando sonó el teléfono. Se despertó asombrado y nervioso, pues era una hora inusual para que quien lo llamaba lo hiciera nada menos que  a las dos de la madrugada.

Su teléfono tiene personalizado los diferentes ringtone, por ejemplo, si llama Diosdado Cabello, se escucha el bambuco colombiano “toitico bien empacao”, si lo llama Cilia el timbre que se deja oír es “Todos me miran” de la Trevi, nadie sabe porque tiene ese timbre que identifica a su mujer. Había borrado el de Chávez. Lo consideraba pavoso, pues era la voz de Chávez cantando el Himno Nacional.

El ringtone que sonaba era “Cambalache” y ese era el tono de Alex Saab.

Habla Maduro: Aló, ¿Que más man? Era con el único que podía hablar colombiano.

Habla Saab: Me pillaron, man

Maduro: ¿Cómo así?

Saab: Me agarro la Interpol, dizque con tarjeta roja. Estoy vuelto un culicagao de miedo

Maduro: Vea Alex, Ud. callado. Coño que pecao.

Saab: Jueputa, los gringos quiere pedir mi extradición.

Maduro: Parece que se nos creció el enano. Pero, vea Alex, Ud. no de papaya y ¿dónde lo agarraron?

Saab: En Cabo verde

Maduro: Carajo, ¿y dónde queda esa vaina?

La llamada se interrumpe y Saab queda con la repuesta en el aire. Estaba pálido.  Todo estaba en su contra. ¿De dónde habrán sacado tanta vaina estos gringos?. Lo saben todo. Desde la bodeguita que tengo en Barrio Abajo, atendida por la comadre Piedad hasta el piso  que le di a Camila, mi mujer que me tiene loco.

Eso lo pensaba Saab, mientras era esposado por un policía de Cabo Verde. Nadie lo consuela. La llamada a Maduro, le había creado más angustia, pues no sabía que iba a hacer el presidente venezolano. La conversación fue deliberadamente interrumpida. Estaba seguro que Maduro no la había cortado, pues, mas bien, tenía que estar asustado de que a él no se le ocurriera hablar.

En Caracas, Maduro, despertó a Jorge Arreaza y al otro Jorge, al Rodríguez y les dijo: Que pena con Uds. pero me llamó Saab. Lo agarraron en una vaina que se llama Clavo Verde, yo no sé donde pueda quedar un país que se llame Clavo Verde. Rodríguez, miro para el techo y pensó “Que carajo pa ´bruto” y acto seguido lo corrige: “Es Cabo verde, Nicolás”.

¿Qué hacemos?, los interroga Maduro y estos le responden: Presionar a los negritos de Cabo Verde, ofrecerles… Maduro lo mira y les pregunta: ¿Ofrecer que, muchachos?, petróleo, no queda, oro, esta mas que comprometido con los turcos, ¿Coltán?, Uds. saben que esa vaina es un negocio de Nicolasito.

Bueno, entonces, hay que esperar a ver que hacen los gringos. Mientras tanto hablemos con los rusos y los chinos. Eran las 8 de la mañana cuando se enteraron que el sol ya había salido y Nicolás pidió que se fueran, pues él estaba trasnochado con la jodida llamada de Saab.

 

@RojasyArenas

 

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