Es martes el reloj marca las 11 de la noche. Hace una hora que llegué a la bomba que esta al lado de Farmatodos, en la antigua avenida Fuerzas Armadas, que después pasó a llamarse Paul Moreno y recientemente, producto de la manía chavista de que solo son héroes sus muertos, aunque estos hayan muerto en situaciones poco épicas, volvió a llamarse Fuerzas Armadas.

En mi parabrisas está orgulloso el 144, es decir, que otros han llegado primero que yo y nos prestamos a pernoctar esa noche esperando que a las 7 de la mañana abran la bomba.

Detrás de mí hay una treintena de carros o más. Los choferes están afuera de sus carros y echan chistes, unos de gochos y maracuchos, estos últimos siempre j… a los primeros. Se escuchan también de mujeres, locos, gays y, por supuesto, de borrachitos en velorio.

Un gordito lleva la voz cantante, le están haciendo rueda y con cada chiste se escucha el coro de risa y el gordito sigue y cuenta:

“Este era un tipo que tiene un accidente arr… en la circunvalación 1, queda inconsciente y se despierta en el Universitario y le pregunta al médico: “Dr. Como estoy”. El Dr. Lo mira y le dice: “cómo creís que estáis? Mal, muy mal. Te tengo dos noticias, una mala y otra buna”. “Dígame la mala Dr.”. “Ok, la mala es que del carajazo del choque se te machacaron las piernas y hubo que amputártelas”. “C… y la buena? Dr.”. “ La buena es que el tipo de al lado te quiere comprar los zapatos”

Todos se reían, todos se habían quitado los tapabocas y parecían un enjambre de hombres apurruñados, mientras chistes iban y venían de todo tipo y por supuesto no faltan los chiste políticos, porque el maracucho que decide amanecer haciendo cola como si estuviera resignado, aprovecha el humor para descargar sus opiniones y posiciones políticas. Y cuenta el gordito, preguntando a los demás que sin asomo de cansancio y sueño no paran de reír (ya son las dos de la madrugada): “A ver, ¿díganme los colores de los dirigentes políticos que gobiernan al país?” Acto seguido el mismo se responde: el jefe del FAES el rojo sangre, Diosdado Cabello el gris rata y Maduro el medio-ocre”.

Los maracuchos son (o somos así). El mundo puede estar cayéndose y todos sentimos que Maracaibo es la ciudad donde no se podía morir y si lo hacemos (es decir nos morimos) es porque nos da la gana.

El Miércoles a las diez y cuarenta y cinco minutos de la mañana, tengo cien carros por delante cuando corre el rumor que solo van atender hasta el carro número 100. Yo empiezo a protestar, hasta que el gordito de los chistes me dice: “No te arrechéis. Además a vos no te toca, pues al número de tu placa le tocaba ayer”.

 

@RojasyArenas