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ENDER ARENAS ¡No podemos respirar!

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Todos los días me acuesto con esa terrible desazón, pesadumbre, de que las cosas lejos de mejorar tienden a empeorar. Todo empieza antes de irme a costar, pues, solo atravesar una ciudad vacía y desierta, en la que nadie escucha la voz de otros me causa espeluzno.

Una ciudad en sombras: sin electricidad en sectores enteros de la ciudad, sin agua en toda la ciudad que ve desfilar camiones cisternas de venta de agua a 25 dólares, negocios cerrados y quebrados y ahora con el anuncio de la venta subsidiada y a precios internacionales de la gasolina nos encontramos con colas más largas y serpenteantes que antes de la instauración de la cuarentena que hace decir a algunos en esas mismas colas que deberíamos contentarnos, pues al fin hemos vuelto a la normalidad.

Maracaibo es, probablemente, la ciudad y con ella todo el estado Zulia, la que más ha sufrido la crisis de la que todo el país es sufriente.

Por cierto, un país bifronte, inmerso una situación caracterizada por una  dualidad de poderes, de dos gobiernos, uno “el interinato” que solo puede conjugar verbos, todos en futuro (haremos, triunfaremos, sacaremos, etc.), el otro el “oficial” que solo pronuncia adjetivos insultante.

¿Qué tienen en común?, bueno, que ninguno resuelve nada y en algunos casos empeoran todo. El “interinato” porque no puede hacerlo, pues, no tiene en sus manos el aparato burocrático material para ejercer de manera efectiva un gobierno y “el oficial” porque es demasiado incompetente y realmente muy malo y errático.

La situación crítica se agrava por la pandemia y porque el Zulia es otra vez la más castigada, esta vez, por la naturaleza, acompañada por la irresponsabilidad de algunos de sus ciudadanos y por el déficit de gobierno que no da tregua en función de mejorar los servicios públicos.

Este jueves, solo por decir algo me tocaba por palca poner gasolina, una pequeña porción de los 129.124.423 litros que llegaron de Irán, pero yo sabía que me era imposible ponerle el combustible a mi carro, una verdadera burusa de gasolina apenas 25 litros. ¿De por qué la imposibilidad de poner gasolina?, bueno, primero porque soy alérgico a las colas, especialmente estas que abarcan unos cuantos kilómetros y que cada vez se ponen peor, con la violencia característica de nuestra GNB y los policías que por la preocupación inicial de quedarse sin negocio estaban muy estresados, pero, ya se le pasará cuando de nuevo le den la vuelta a todo este asunto y vuelvan a cobrar su respectiva mordida.

La otra razón de mi imposibilidad de poner gasolina es que no estoy en los registros del sistema Patria. Así, no me queda más remedio que poner gasolina por los lados de la Plaza de Toro.

Así que me acuesto y no duermo pensando en la frase “¡No puedo respirar!, frase terrible que se convirtió en lo último que pronunció George Floyd el negro martirizado y asesinado por un policía blanco quien lo asfixió al ponerle una rodilla en el cuello, mientras el negro le pedía que por favor dejara ya de apretarle el cuello con la rodilla porque no podía respirar

Pienso que la frase puede ser perfectamente gritada por cada uno de los venezolanos diciendo: “¡Carajo, no podemos respirar y nos morimos porque nos falta el aire!”. El régimen ha puesto su rodilla en nuestro cuello, nos ahoga y nos mata.

Pero, créanme que la culpa de que la dictadura siga apretando su rodilla contra nuestro cello es de nosotros, que hemos sido incapaces  de quitárnosla, pues a diferencia de Floyd cuya agonía duro 8 minutos y 46 segundos, la nuestra dura 20 años y contando.

Quiero dormir y no sé si pueda. Solo pienso que en Venezuela la esperanza se ha convertido en una categoría política.

 

@RojasyArenas

 

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