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El último escollo es Irán. La última balaustrada por quebrar. El país que trata con sus esquemas rebeldes de buscarle sostén al régimen. Esta encomienda por liberar a Venezuela debe contar con un buen estómago para estos fanáticos de la miseria. China y Rusia se quitan poco a poco los guantes, aunque sigan en la esquina roja del cuadrilátero. La batalla sigue ahí, con sus combatientes en línea.

Se dice que al menos un tanquero petrolero llamado Clavel cargó combustible en Irán, para trasladarlo hacia nuestro país. Otras cuatro embarcaciones estarían secundándole y cruzan el océano Atlántico. Podría ser el auxilio requerido. Su tabla de salvación. Su escurridizo boquete donde puedan entrar las alternativas, para no seguir a la deriva y esperar el porrazo final.

Washington ha sido claro y de forma reiterada. Ha limitado las actividades comerciales y la exportación o importación de productos diversos a Venezuela. Pero a pesar de que las sanciones no bloquean ese tipo de bienes, los Estados Unidos están considerando tomar medidas frente a estas flotas.

La afrenta es directa. En los corrillos periodísticos ha llegado la información de que a través de una agencia de noticias iraní se estaría amenazando, con que cualquier acto estadounidense de “piratería” contra un envío de combustible de Irán a nuestra nación tendría repercusiones.

El canciller de Maduro, Jorge Arreaza, sabe a conciencia que la Casa Blanca podría impedir la llegada de estos navíos. Ha dicho con desazón que evitar el paso de los buques petroleros “es una violación de la ley internacional” y que el caso lo llevaría a la Corte Penal Internacional.

Todo parece indicar que se dirigen a nuestro territorio. No traen los suplementos sanitarios para los contagiados de coronavirus. Tampoco alimentos necesarios para una canasta básica inalcanzable. Solo la gasolina para la nación con mayores reservas petroleras, que posee cuatro grandes refinadoras en estado de postración.

Resulta imposible cualquier intento de reactivación económica sin combustible. La cuarentena les ha servido como excusa perfecta para tapar esta carencia tangible. El ciudadano no puede movilizarse. El despacho de víveres también se ve afectado. Todo el sistema se motoriza a través de este derivado del petróleo.

Recuerdo aquellos alegatos incansables del régimen, que se emitían para justificar el futuro acontecer: Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo. Ciertamente era así. Se pagaba en las gasolineras con el sencillo sobrante. Pero la felicidad colectiva siempre para el régimen es un problema. Había que transmutar esa realidad. Y lo lograron.

Los cuentos lamentables comienzan a escucharse. Algunos han transformado sus tanques en reservorios de gas y han causado hasta accidentes. Pérdidas de su vehículo por explosiones. Otros ya ofrecen intercambios de tres litros de leche por uno de gasolina. Ahora es el combustible más caro del planeta. No se consigue y se paga más de dos dólares por un litro en el mercado negro.

Por eso se han suspendido casi todas las actividades. Solo alimento y salud continúan laborando con un esquema vigilado. Extender el “estado de alarma” nos mantiene así de espantados. Confinados en los hogares, sin agua ni electricidad y con escasas provisiones. Un presidio grande para el pueblo. Casi petrificados. El claustro obligado. Una merma de ingresos para todos. Hasta para los regentes de Miraflores.

No sabría decir si les cayó de perlas la pandemia. Sirve para ocultar un tanto que no hay carburante para la movilización de los ciudadanos. Pero el poco flujo de dinero generará impagos, mayor parálisis financiera y complicaciones en la toma de decisiones.

Desconocemos si los buques iraníes llegarán a su destino y si servirán para evitar este hundimiento progresivo. El Departamento de Estado de Estados Unidos está en conocimiento de los intentos del régimen para reactivar el Complejo de Refinación de Paraguaná con el gobierno Irán, tras supuestamente rechazar la propuesta la propia Rusia. Todo por el saqueo interminable y paulatino del oro.

El caos no tiene sostenimientos inagotables. La tiranía sigue inventándose subterfugios para sobrevivir. Pero el tiempo corre y ni un cosmonauta del futuro podrá cambiar el desenlace. El régimen tomará sus bifurcaciones cortas, labrará sus farsas con esmero y creará escenarios con una ficción legendaria. Pero se le hará cuesta arriba mantener su propio desastre y la comunidad internacional lo sabe.

 

José Luis Zambrano Padauy|[email protected]|@Joseluis5571

 

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