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ENDER ARENAS ¿Volver a la normalidad?

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Se fue abril y no nos dimos cuenta. El coronavirus nos lo robó. El régimen lo ha robado. Le metió miedo a la gente y, ya lo saben, una sociedad con miedo es una sociedad que se paraliza.

Además de miedo, el régimen le sumo la desinformación. Nadie sabe realmente que pasa. Al final de cada tarde de cada día dos hombres, uno vestido de blanco disfrazado de médico epidemiólogo y el otro travestido de presidente se encargan, por cadena nacional, de desinformarnos disfrazados al mismo tiempo de clarividentes. Y anuncian que el asunto de la cuarentena se mantendrá, ¿hasta cuándo? Solo, Dios en caso de que exista, lo sabrá. Pues la pandemia le ha servido al régimen como coartada, para ocultar el “problemita” de la gasolina.

Mientras Maduro y compañía pretenden convertir la cuarentena en un rasgo de nuestra identidad y eternizarla, en diversas partes del mundo se habla de flexibilización de la cuarentena. Esa flexibilización se ha designado como un concepto contradictorio: “nueva normalidad”. Y es contradictorio porque, obviamente, la normalidad existe precisamente porque no es nueva.

Con respecto a Venezuela, por más que la intención sea la de no interrumpirla, en algún momento, el disfrazado de presidente lo abordará y tendrá que plantear lo de flexibilizar la cuarentena y hablará de “volver a la normalidad”.

Ahora bien, les confieso que no se qué se definirá, en Venezuela, como “regreso a la normalidad”. Quizás eso aplique para sociedades en las que antes del coronavirus había exactamente eso que llamamos, precisamente, normalidad. Es decir, esa cosa gris en gris, que nos hace cómoda y predecible el día a día, una rutina: uno se levanta, apaga el aire acondicionado, enciende la luz del baño, se lava los dientes y uno entra a la ducha con la combinación perfecta entre el agua fría y caliente. Luego el desayuno y después la gente se marcha al trabajo, bien sea en su carro, el metro, el tren, taxis o autobús, hasta allí, la rutina mañanera en cualquier país que regresaría a su vida normal, solo que ahora se viviría una normalidad con miedo.

Como Uds. verán en cada una de las actividades, arriba descritas, se hace necesario: electricidad, agua y combustible.

Como diablos es retornaría a la normalidad en el país si aquí no hay electricidad, ni agua ni gasolina. En todo caso en Venezuela regresaríamos a la anormalidad que ya teníamos. A las carencias de siempre, que nos martirizan con o sin pandemia: no apagaremos los aires acondicionados porque la luz se fue hace rato, no podremos bañarnos, y le dejaremos nuestros desechos fecales en el wáter al próximo que entre en él, porque no hay agua y por supuesto iremos al trabajo en un destartalado carrito por puesto de Bella Vista o de cualquier línea de estos “patrimonios de la zulianidad”. Preocupado el gobierno por darnos tranquilidad y sosiego.  No, para nada, estará tejiendo historias sobre invasiones y desembarcos.

 

@RojasyArenas

 

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