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EFRAÍN RINCÓN|Venezuela cerca o lejos de la libertad

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Ambas percepciones conviven en la trágica situación del país. Con mayor frecuencia que la que deseamos, sentimos estar lejos de la ansiada libertad; pero a veces llegan ráfagas de aire fresco que nos llenan de esperanza porque el final está cerca y podemos transitar el tortuoso camino de la reconstrucción de Venezuela.

La realidad es que a la inmensa mayoría de los venezolanos nos gana la incertidumbre, porque a ciencia cierta nadie sabe lo que pueda ocurrir en Venezuela en el corto plazo. Sin duda, hemos logrado importantes avances en la lucha para liberar al país de la narcotiranía de Maduro, pero aún los resultados no permiten tener claridad acerca de cuándo y cómo terminará la peor pesadilla que país alguno haya sufrido en Latinoamérica.

En plena pandemia del Covid-19, el país recibió noticias auspiciosas que ayudan a poner fin a la narcotiranía; la acusación criminal de Maduro y de varios de su séquito como narcotraficantes, aumentó la presión internacional al judicializar delitos del régimen contra la seguridad nacional de USA y de la región. Inmediatamente, la administración Trump envió una misión naval al Caribe con el propósito de combatir el tráfico de drogas que sale desde Venezuela, para terminar de quitarle el oxígeno vital que sostiene a la narcotiranía. Fueron días muy movidos y con esperanzas renovadas.

Simultáneamente, como diría el presidente López Obrador, la pandemia del coronavirus llegó como anillo al dedo a la narcotiranía madurista. Aprovechando la forzosa cuarentena, inmovilizó al país para evitar una rebelión popular por la escasez casi total de gasolina. Incrementó el control social para alargar la sobrevivencia agónica del régimen, a pesar de la destrucción de la economía y el colapso estruendoso de los servicios públicos (electricidad, agua potable, gas doméstico, etc.); intensificó la violación de los derechos humanos, como la libertad de expresión, encarcelando a más periodistas que en otras oportunidades anteriores. La oposición ha sentido en sus hombros la feroz persecución de los cuerpos de seguridad para desarticularla y aniquilarla definitivamente; los laboratorios del G2 cubano y de tarifados “opositores” del teclado han estado más activos que nunca, difundiendo falsas noticias sobre el presidente Guaidó y el gobierno interino para asesinar la fe y la esperanza de un pueblo, que sigue aferrado a la búsqueda de la libertad y de un mejor porvenir para los venezolanos.

Pero la verdad más dolorosa es que el virus de la narcotiranía ha asesinado a muchos más venezolanos que el propio coronavirus, del que cínicamente dicen protegernos. Las muertes por asesinatos en manos de las FAES, los motines carcelarios y la masacre de los posibles invasores, desnuda con mayor fuerza la vocación criminal y genocida de este régimen. Con la cuarentena anuncian la protección de la salud del pueblo venezolano, pero en la realidad persiguen, torturan y asesinan a venezolanos inocentes, violando flagrantemente el derecho supremo de la vida.

Ahora el régimen muestra al mundo su nuevo mejor amigo, el régimen iraní. Una alianza que además de la entrega servil de nuestras refinerías a consorcios de ese país, garantiza la expansión y consolidación de grupos terroristas, como Hezzbollah, en el territorio nacional, como un escudo de protección a la revolución chavista-madurista frente a una eventual intervención internacional. De esta manera se reafirma la tríada en la que el régimen basa su poder: genocidio, narcotráfico y terrorismo.  

Con este dantesco panorama, la percepción de la lejanía de la libertad se acentúa, y con ella aparece otra vez la desesperanza y la anomia que tanto daño nos hace y nos sigue haciendo. Pero también es cierto que, con el transcurrir de los días, se hace más evidente que la narcotiranía no sólo es responsable de la muerte y la destrucción de Venezuela, sino que representa una real amenaza para la libertad, la democracia y la seguridad de Estados Unidos y de la región latinoamericana y, ello sin duda, son indicadores positivos que pueden acercar la llegada de la libertad a nuestro país.

Los días por venir seguirán siendo muy difíciles; no podemos perder la esperanza y la fe, porque más temprano que tarde los venezolanos festejaremos la liberación del país, liderado por un gobierno transitorio que erija las bases institucionales, política y económicas para reconstruir a Venezuela y a todo su tejido social para felicidad de los venezolanos de buena voluntad.

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ (Venezuela)

 

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