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Hoy Venezuela vive un momento injusto y vergonzoso. Es una terrible ironía que siendo Venezuela uno de los países más ricos del planeta nuestro pueblo esté sufriendo una dramática crisis que no inició con el Covid, este sólo la agudizó. Y me concentro en un ejemplo: Las neveras de los venezolanos, vacías, sin poder tener siquiera agua fría porque desde hace meses no llega y pasamos más de 12 horas al día sin luz. Somos un pueblo que ve con vergüenza cómo algunos de nuestros compatriotas buscan restos de comida en la basura y ve morir familiares por falta de medicinas o recursos para poder adquirirlas. Es el mismo pueblo que se despide de sus seres queridos, ya sea en el cementerio por la violencia, la emergencia humanitaria o porque se van a otro país en busca de una mejor vida y, hoy, en medio de la pandemia, es dolorosa la realidad que están viviendo.

En los últimos días, de tanta sensibilidad, y donde el sufrimiento se ha agudizado, se han dado grandes debates y fusilamientos en redes sociales sobre la transición. Y sin duda, lo que el pueblo exige es primero, justicia. La justicia, es la virtud política más elevada, la vía más radical para transformar la sociedad en pro de la vida, la trascendencia humana, el respeto a la diversidad, la materialización de los de los derechos y la reducción de las desigualdades económicas y culturales.

Al salir de esto, porque estamos convencidos que quienes lo destruyeron todo se van, no podemos mirar hacia un lado, no podemos dejar las heridas abiertas. Para que el país sane, debe haber justicia. Para que haya progreso, debe haber justicia. Para que el dolor de miles de madres que han perdidos a sus hijos en 20 años de represión, violencia y tortura se aliviane, debe haber justicia.

La urgencia de un cambio de rumbo y gobierno para nuestro país debe tener como propósito lograr la justicia que tanto anhelamos los venezolanos. Y es que Venezuela no se destruyó sola, PDVSA no quebró sola, la desnutrición no ha cobrado vidas porque sí y ya, los hospitales no están vacíos por obra y gracia del espíritu santo. Hay responsables.

En Venezuela debe haber justicia para Albán, justicia para Requesens, justicia para tantos mineros de Bolívar, justicia para los trabajadores que han sido discriminados y justicia para todos los empresarios y comerciantes a los que se les ha robado. Debe haber justicia con los responsables y cómplices del desfalco al país, y también de haber justicia con todos aquellos que pretenden ampararlos.

Un gobierno de transición debe lograr con rapidez dos metas sencillas que deben unirnos por los próximos años: construir un país donde los venezolanos tengamos más y seamos más. Cambiando el nefasto modelo económico de corrupción y político que nos ha sumido en esta despreciable crisis. Debemos trabajar para democratizar la propiedad y la economía. Esto significa que los venezolanos tengan propiedad sobre la tierra, las casas, las empresas del estado y el petróleo, donde un ¡exprópiese! no venga jamás a robársela, eso también es justicia. Debemos trabajar en reformas que estimulen la iniciativa personal y la inversión para comenzar a desmantelar el petroestado corrupto, construyendo así una Venezuela productiva y de propietarios que enriquezca a todos los venezolanos y no solo a los enroscados en el poder y sus facilitadores, eso también es ¡justicia!

A pesar de las penurias que vivimos hoy, existe una realidad indiscutible: Venezuela no se divide en dos grupos políticos. Hoy la realidad es que somos una sola familia, un solo país, lastimado y maltratado, sobreviviendo al día, un sólo país que ve con indignación la injusticia de un grupo que desde el poder oprime, persigue y roba. De ahí debe reafirmarse nuestro compromiso, de un pueblo venezolano que no se rindió, que no se dejó arrebatar la república de sus hijos, de un pueblo todo que clama, primero, JUSTICIA.

 

Presidente Fundación Construyamos País|Miembro de Primero Justicia|@Orlandochacon_

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