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El coronavirus nos ha hecho que ajustemos nuestra vida, de hecho, no hay nada que no sea objeto del consabido ajuste, lo importante, lo medianamente importante y lo nada importante se ha transformado hasta dimensiones realmente mezquina. Y es que nada es igual, nada será igual después de la pandemia, todo lo solido se ha desvanecido.

En mi caso, personal, he dejado la radio, antes había dejado el programa de Tv, pero por otras razones. Pero mi abandono de la radio ha sido causado por el coronavirus, pues los clientes se fueron y la radio es un negocio. Durante este periodo, ya podemos llamarlo así, por lo que ha durado, me he puesto blanco, el encanecimiento del cabello, proceso que se había atrasado hoy luce una carrera desbocada y temo que cuando este termine voy a parecerme a mi abuelo.

En todo caso ese proceso me recuerda que he llegado a la edad del perro, donde cada año reportan por siete.

Uno de los cambios más dramáticos se registra en el ámbito alimentario, yo, por ejemplo y, por razones que desconozco he engordado, a pesar que he reducido la ingesta de grasa y carbohidratos a la mitad, creo que soy objeto de la frase que le escuche a  Arnold Schwarzenegger, en su versión de “Conan El bárbaro”: “Lo que no mata engorda” y como hasta ahora el coronavirus no me ha matado ….he engordado.

Pero mucha gente la está pasando mal, no tiene efectivo, ni cuenta en los bancos y comer ya es problemático. Uno va al supermercado y ve más gente en los lectores de precios que en las cajas para pagar. Gente que, por ejemplo, toma un frasco de Mazeite ve el precio de 300 o 400 bolívares y lo vuelve a poner y así en un sinfín de bienes.

Ya les he contado la aventura riesgosa de poner gasolina al carro, pues, uno se enfrenta a un sinnúmero de peligros, por ejemplo, a los muchachones de  la Guardia, que se han mal acostumbrado y  ya tienen una tarifa fija para que en las pocas bombas de gasolina abiertas uno pueda ponerle 25 litros al tanque.

También nos enfrentamos a los bachaqueros que tienen tarifas diferenciadas, si la gasolina es colombiana o venezolana, pero además se la surten en barrios sumamente peligrosos, por ejemplo, yo le pongo gasolina en uno donde el tipo que me la despacha tiene un tatuaje que reza: aquí me los echo al pico.

Un ejemplo, dramático es el de las trabajadoras sexuales, uno de los sectores que mayor vulnerabilidad han expresado por el impacto de la epidemia, pues en un trabajo cuyo eje central es el contacto físico, el confinamiento y la distancia social implica que a esta trabajadoras y trabajadores no les entre un bolívar desde hace ratos.

Han tenido que hacer un duro ajuste de precios por sus servicios sexuales, por ejemplo, acto sexual con condón incluido 500 mil bolívares soberanos (menos de 4 dólares a 130), acto sexual en la que el cliente trae su propio dispositivo de seguridad 350 mil soberanos (menos de 3 dólares a 130) y acto sexual con dispositivo de seguridad artesanal (hechas de papel plástico con las que se envuelven las tetas de Samerito) a 200 mil bolívares (menos de 2 dólares)

Podemos seguir hablando hasta el infinito de cómo hemos sido afectados, pero justo en este momento ha llegado la cisterna del agua y tengo que atenderlo. Les participo que el chofer me ha dado el precio de este vital líquido, son 35 dólares o 4.550.000, esto sí es de verdad un vital líquido.  

 

@RojasyArenas|Instagram: @enderarenas

 

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