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EFRAÍN RINCÓN|Incertidumbre en tiempos de pandemia

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Probablemente la incertidumbre sea la palabra que mejor defina la cuarentena que el mundo vive por la pandemia del Covid-19. Existe incertidumbre en el presente para enfrentar un virus letal que nos tomó por sorpresa y tiene de rodillas al mundo entero; e incertidumbre en el futuro porque desconocemos las consecuencias al finalizar la contingencia planetaria. ¿Qué pasará?, es la pregunta que todos nos hacemos a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Los análisis prospectivos plantean escenarios catastróficos en la economía mundial. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, la economía mundial se reducirá en un tercio; en el caso concreto de Estados Unidos, se estima que su economía caerá entre -3% a -7%, mientras que la Unión Europea caerá en -1.8%. El mundo experimentará una recesión económica peor que la del 2008, requiriéndose más de 2,5 billones de dólares para hacerle frente a la crisis. Ello implicará un crecimiento significativo de la deuda global, ubicándose en 253 mil millones de dólares la deuda de USA y de China.  Las previsiones son peores que lo estimado antes de la pandemia, lo cual obliga el replanteamiento de las economías y del modelo de globalización imperante hasta el momento. Definitivamente, el mundo ya no será igual al que teníamos antes de la llegada del coronavirus.

El panorama para América Latina es aún más desolador, agravado por el hecho que somos la región con mayores desigualdades en el mundo. Se estima que, después de la pandemia, la pobreza pasará en promedio de 186 millones a 220 millones de personas, esto es, un incremento de 20% aproximadamente; asimismo, la pobreza extrema crecerá en 23 millones de personas, pasando de 68 millones a 91 millones. Ello debido, en gran parte, a la pérdida de empleos y de ingresos que afectará tanto a los sectores populares que laboran en la informalidad que ocupa en promedio el 36% del mercado laboral, como al 30% de la clase media que es parte de la economía formal. En el segmento de los millenials el desempleo podría ubicarse en un 48%, alejando las oportunidades de una mejor calidad de vida para los jóvenes latinoamericanos.

Otro aspecto que agravaría la situación social y económica de América Latina, es el hecho que el sector con mayor crecimiento mundial, como es la tecnología, es al que la región le invierte menos, calculándose sólo en 1.9% la inversión global latinoamericana en la tecnología mundial. Ello supondría una mayor dependencia en el comercio de materias primas, cuyo valor agregado es de apenas del 5%. La inversión en las tecnologías podría disminuir debido a un mayor desembolso del gasto público en salud y en otras áreas inherentes al combate de la pandemia del Covid-19.

Este dantesco panorama, sin duda, tendrá serias repercusiones en la gobernanza de la región y del mundo, pues, muchos gobiernos les tocará manejar situaciones inéditas que pueden comprometer su desempeño. En una crisis de estas dimensiones, parece normal volver a políticas keynesianas, a través de las cuales el Estado asume un mayor control sobre la economía, en aras de mantener y crear empleos que puedan palear los estragos de la crisis, pudiéndose generar gobiernos con una visión más nacionalista o proteccionista que afectan la globalización de la política. Frente a la fragilidad y vulnerabilidad de las sociedades latinoamericanas esta tentación puede ganar muchos adeptos, derivando en más populismo y corrupción, enemigos históricos de la democracia latinoamericana.

Sin duda vienen tiempos muy difíciles que traerán profundos cambios a los que la inteligencia humana deberá enfrentar. El éxito para superar la crisis no dependerá exclusivamente de los esfuerzos de los gobiernos, será necesario el apoyo financiero de organismos multilaterales, la concienciación y participación ciudadana frente a los nuevos retos y la voluntad política de gobernantes y empresarios para colocar como prioridad los intereses de los países, por encima de las apetencias personales y grupales que en nada contribuyen con la búsqueda de soluciones efectivas, para enfrentar la peor crisis que la humanidad ha vivido después de la segunda guerra mundial.

Frente a un escenario tan pesimista como el que vamos a enfrentar en el futuro próximo, necesariamente debemos llenarnos  de optimismo, confiar nuevamente que en tiempos de desgracias, la inteligencia humana está al servicio de causas nobles que mitiguen progresivamente los sufrimientos de la humanidad.

En tal sentido, en palabras del Dr. Edgar Jiménez, eminente analista latinoamericano, para enfrentar la actual crisis es necesario invocar y practicar una Cultura de Solidaridad Internacional que rompa los muros de nacionalismos trasnochados, y una integración y globalización de la esperanza. Dos virtudes humanas que siguen siendo mecanismos poderosos para vencer las dificultades, incluyendo las de naturaleza política y económica.

En la medida que los países más poderosos del planeta (G20) y los organismos multilaterales implementen programas de cooperación financiera y técnica a los países más vulnerables, invocando el espíritu de la solidaridad mundial, estaremos más cerca de la solución de la crisis, impregnando el ambiente mundial de la esperanza que nos regala las fuerzas y las capacidades para construir una mejor sociedad sobre las ruinas que dejó el Covid-19.  

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ (Venezuela)

 

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