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ENDER ARENAS|Venezuela: un caso de irresponsabilidad organizada

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Mucho se criticó a la Venezuela de la república civil, aquella que peyorativamente se llamó de la cuarta república, pero, aquella, era una sociedad donde los mecanismos de calculabilidad y asegurabilidad de los riesgos, eran más o menos exitosos.

Uno podía decir, como decía mi abuelo, que Venezuela era una porquería, pero ojo, el Estado venezolano de entonces proporcionaba una red de instrumentos, aparatos y leyes que garantizaban un aseguramiento contra los riesgos que amenazaban sobrepasar la validez de las instituciones construidas precisamente para enfrentar los riesgos, las amenazas y las incertidumbres producidas, por la propia acción política, económica y social de los actores más significativos.

Vaya paradoja, el régimen construido en 1959 estructuraba un orden que los actores que lo construyeron se empecinaban en destruir…. Hasta que lo lograron.

Dije ¿“hasta que lo lograron” ?, bueno, eso fue verdad, pero ocurrió una década después, cuando los riesgos dejaron de ser residuales, cuando los propios actores políticos y sociales, fundadores del orden vigente entonces, produjeron consecuencias que dieron lugar a riesgos de tal complejidad que no pudieron ser resueltos por el cuadro político-institucional vigente. Entonces, el sistema creado en el 59 estallo y ya no había manera de manejar con el mismo cuadro político-institucional que el proceso de democrático había creado. Se hacía necesario un proceso de reforma profunda que ajustara el sistema político –institucional a la nueva situación de riesgo que la dinámica del modelo democrático había creado, pero no se hizo y la repuesta natural fue la creciente desafectación y distancia hacia la democracia.

Han pasado veinte años de la llegada del chavismo al poder y después de las primeras emociones de aquel “yo soy responsable” que la gente admiró ha terminado por generar uno de los aspectos más repugnantes de los regímenes autoritarios: nadie es responsable de los efectos perversos que las decisiones políticas erradas han producidos en el país.

Veinte años de retórica para evitar las amenazas y los juicios negativos que enturbien la popularidad de quien precisamente a través de erradas decisiones ha generado los riesgos que ponen en peligro la existencia misma del país, primero se hizo con Chávez, cuestión que llegó hasta el embeleso, y ahora con Maduro, quien se ha erigido en el campeón de la institucionalización de la irresponsabilidad organizada, es decir, de achacar a terceros la culpa de las erradas decisiones que él y su régimen han tomado

Veamos el caso de la cuarentena por la presencia en el país del Coronavirus, que es un caso clásico del manejo de la irresponsabilidad organizada: la primera aproximación que Maduro hace a la problemática del Coronavirus es la de minimizar la peligrosidad de semejante bicho asumiendo la irresistibilidad sanitaria del país, cuestión que realmente es inexistente. Todo sabemos de la crisis, que ya es un signo de identidad, del sector hospitalario y médico del país.

Acto seguido, se hace eco de una teoría de la conspiración, clásica de esa izquierda radical en que todos los males del mundo nacen en el imperio norteamericano y dice sin ruborizarse que el virus fue producido por los gringos e implantado para hacer daño a la economía china, después, se deshizo tal patraña cuando los EE. UU. se convirtieron en la principal víctima del virus y este, no toco ni un ladrillo de Pekín.

Después vino la puesta en marcha de la cuarentena, cuando no se había detectado todavía un solo contagiado. Caracterizada por la rigidez, por la inmovilización casi absoluta del país mediante un toque de queda en la que la gente queda presa en sus casas, mediante “coaliciones discursiva supranacionales”: el “quédense en casa” que si bien es cierto es muy efectivo contra el avance del virus, y puesto en vigencia por todos los países que han sido devastado por el virus, especialmente, EEUU, Italia, Francia, España, Irán, etc., aquí sirvió para esconder, y no sabemos si fue la motivación inicial de la cuarentena por las características que asumió esta, la escasez total de gasolina y  la terrible situación del sector salud.

Pero obviamente, la irresponsabilidad organizada no es una cuestión baladí o frívola forma parte de una estrategia de poder y para mantenerse en el poder. Así, introduce como elemento el supuesto “conocimiento de un experto quien dice ser un científico reputado y maduro acoge su propuesta y se la presenta al venezolano mediante una cadena nacional para señalarle que con malojillo, limón y jengibre se obtiene una cura buena, bonita y barata.

La guinda de la irresponsabilidad la pone todos los días de cinco a seis, cuando,, la evolución del virus en el país es, reseñada, por Jorge Rodríguez,  el rey del disimulo (porque trata de ocultar aquello que no quiere mostrar, como hizo en el pasado cuando pasó por independiente para dirigir al CNE y resultó ser militante de uña en el rabo del chavismo) y la simulación (trata de mostrar algo distinto a lo que verdaderamente es) allí lo coloca el régimen, en la pantalla de TV, de bata blanca, como si fuera epidemiólogo, dando una suerte de parte de guerra que la mayoría de los venezolanos espera que tal información la de alguien con competencia en el área y no un personaje al que el país le retiro la confianza y que todos tienen con él una interacción negativa y al que nadie le cree nada.

Ero son vainas de este régimen, utilizar esa estrategia para mantenerse en el poder y yo doy fe que le ha sido exitosa, pues aquí la culpa de todo lo que nos ha ocurrido desde hace 20 largos años siempre es de los otros, es decir, de nosotros… pues ellos siempre están de lado de los ángeles.

 

@RojasyArenas

 

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