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Mis primeras correrías antiimperialistas las realicé en los tiempos de cuando John Lennon, Ángela Davis y  todos  los jóvenes del mundo, salimos  con nuestros sueños al viento, a dar la cara por los rincones del planeta, ante la agresión de los mismos amenazantes marines de hoy, quienes a punta de napalm, saqueos y masacres colectivas, pretendían doblegar  bajo la misma excusa del peligro a  la seguridad de los  Estados Unidos, al pueblo vietnamita, que estoicamente les hizo morder el polvo de la derrota.

De manera que mal pudiera yo en estas circunstancias de amenaza real ante una agresión extranjera, salir a blandir banderas de neutralidad y posturas oposicionistas, cuando de lo que se trata es de ser objetivo, pero no imparcial. En estos momentos es cuando brilla con mayor nitidez la advertencia del gran Bolívar, quien con mucha antelación nos señaló, que estos gringos estaban predeterminados por la providencia a plagar a la América de hambre y miseria a nombre de la libertad.

Nunca he estado de acuerdo con las susodichas sanciones hecha ley por el soberano congreso del norte, como tampoco he respaldado la injerencia a cuenta de la solidaridad proletaria y revolucionaria del gobierno cubano, en casi todas las instituciones de nuestro país. Los pareceres, desencuentros y hasta enfrentamientos violentos es nuestro problema.  Sólo nosotros y en última instancia la solidaridad y la justicia internacional, con sus organismos de alzada, tiene la potestad de inmiscuirse y proponer salidas pacíficas, democráticas y electorales.

El país desde hace rato anda dando traspiés, sin que haya indicios de serias rectificaciones. Por primera vez atravesamos una crisis económica como la vivida en estos momentos, expresada de manera brutal todos los días a las puertas de los expendios de alimentos y demás enseres útiles para el buen vivir. Esconder la realidad económica en una supuesta guerra económica y sus respectivas sanciones, olvidando las políticas confiscatorias al sector productivo y el resto de los disparates que en esa materia ha cometido Maduro, es un ardid que no aguanta un análisis serio.

Nadie desea una guerra en el continente y ningún venezolano, sea del oficialismo o de la oposición, debe incurrir en la tragedia histórica de atizar la candela de la confrontación, por demás predecible. Allí están los pueblos de Afganistán, Irak y Libia como recientes testigos del zarpazo invasor.  Hay que desarmar la palabra, la hora de los discursos violentos y guerreristas, al margen de la pasión patriótica, los tambores de la guerra deben ser puestos de lado para abrirle paso a la conciliación y la paz.

A quienes la desesperación los lleva a gritar ¡INVASION! ¡INVASION! pensando que a Miraflores se debe llegar así sea montado en los tanques Made in Usa o aquellos que en estas horas de angustia nacional, se andan frotando las manos con su silencio sepulcral, sepan que están a tiempo de rectificar, porque de materializarse la invasión, hoy en suspenso por los efectos del Coronavirus, nadie se salvará de la intromisión imperial, de seguro más devastadora que el virus que hoy también mantiene en jaque al país.

 

@DouglaZabala

 

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