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El titular en cada medio, dentro y fuera de Venezuela, era el mismo. El gobierno de EEUU había sancionado a Rusia por estar haciendo negocios con el régimen de Maduro, su combo y los locos. Muchos esperaron a corroborar que aquella información fuese verdadera, acostumbrados a los fake news. Por la redes la habían difundido desde muy temprano. Ventajas que tiene la sociedad digital en la que vivimos desde 1995. El hecho se convirtió en la señal más importante del último año transcurrido en nuestro país. La estrategia por liberar a Venezuela ha cambiado, es un hecho y la lidera el Gobierno de los Estados Unidos y mucho más allá de ser tan solo eso, la comanda el propio Presidente, Donald Trump. Ahora se entiende mejor la gira. Sí, por fin salimos a pedir ayuda, aunque no le guste a la ex del “mentado” Padre de la Revolución, quien, como quiso expresar mi colega Juan Carlos Fernández, muy educado en su verbo, no tiene la dignidad suficiente para reconocer sus errores y responsabilidad en esta desgracia de 21 años y sí  el descaro, desde Paris, donde vive y protege a su hija, de criticar abiertamente a la nación, su población y a la sociedad política que “sobrevivió” a la hecatombe socioeconómica, cultural y moral que dejó como legado el oriundo de Barinas.

Desde hace más de seis meses, cuando la estrategia iniciada en enero del año 2019 hacía agua, muchos autores, críticos y opininadores de la situación país, comenzamos a denunciar algunos de los errores que a simple vista se estaban cometiendo, lo que motivó a varios de los participantes directos en la reinstauración de la democracia o la finalización de la usurpación, a responder, incluso con amenazas, las críticas que en el fondo eran constructivas, porque, aunque lo emocional no deja ver las estupideces que se dicen y se cometen cuando se reacciona sin sustento o argumento alguno, lo cierto es que hoy, esas advertencias bien intencionadas han encontrado su cúspide racional en este cambio de timón para resolver la crisis.

En el año 2015, antes de las elecciones que llevó a la oposición a recuperar el poder legislativo, luego de propinarle una PALIZA a la “robolución bonita”, como la han llamado algunos, escribimos en varias ocasiones acerca del tipo de mensaje que durante años estuvo en la boca mediática de los sectores de la oposición, mensaje que segregaba políticamente a los chavistas por su responsabilidad de haber creído en Chávez y a éste, como el único padre y  responsable de toda esta “era oscura” que ha vivido el país desde febrero de 1999. Lo cierto es que en algún momento, y después de haber vivido los hechos de 2014, el mensaje segregacionista de la oposición venezolana cambió y comenzamos a escuchar invitaciones a los chavistas a sumarse a la causa de “sacar a Maduro, su combo y los locos” del poder. El primer líder político en hacerlo fue el doctor Enrique Tejera Paris, por allá en 2005-2006, después de los sucesos de abril de 2002, quien, ante los desmanes emocionales de un sector radical de la oposición que solicitaba el despido masivo de los chavistas que había permanecido en PDVSA y de un gran número que había entrado, más por venganza que por intencionalidad racional, llamó a formar un país con todos y evitar el segregacionismo. De hecho, el reconocido político, y hasta el día de su muerte, sostuvo que jamás habría un país si no se hallaba la convergencia en el mismo sentido de alcanzar el objetivo, que no era otro que el de sustituir al gobierno con el concurso de todos los sectores ideológicos, incluyendo entonces en su propuesta, a los desertores del chavismo que ya estaban aflorando a todo lo largo y ancho del país.

Años más tarde, otro Henrique, Capriles Radonski y en plena campaña por la presidencia de la república, hizo lo propio al llamar a los chavistas a votar por él. Para haber hecho aquel cambio de timón en el discurso opositor, como líder de la misma, de acuerdo a la elección que lo llevó a competir y ganar la candidatura opositora por la presidencia en 2012 contra el propio Chávez y luego en 2013, contra Maduro, se sumaron varias cosas, entre ellas, y quizás la más importante, ya desde finales de 2010, fue el saber que Chávez moriría muy pronto y tomando en cuenta las estadísticas desfavorables acerca del entorno que lo rodeaba, que el propio gobierno y sus aliados, internos y externos, manejaba, Capriles comenzó a difundir un mensaje distinto hacia aquel público votante chavista, basado en una esperanza de continuar “lo bueno” que su líder enfermo dejaría al abandonar el plano terrenal.  Muy pocos de los que rodeaban a Hugo Rafael tenían entre el pueblo chavista una buena referencia de simpatía, la mayoría era considerada por ellos como corruptos y además como los únicos culpables de los errores que Chávez había cometido hasta 2012. Por lo tanto, era lógico aprovechar el momento. Alguien tenía que captar esos votos que quedarían flotando en los ambientes electorales de 2012 y luego 2013, en la llamada era post Chávez y Capriles fue el primero en rectificar y enrumbar sus esfuerzos en lograr obtener al menos un 15 por ciento de esa masa de votantes chavistas.

Los resultados en ambas elecciones así lo demostraron. Capriles lo había logrado. El joven líder opositor “aparentemente”, pues hay sectores que demostraron en su momento que sí lo había conseguido, no pudo derrotar a Chávez, pero la brecha entre los votos de diferencia del llamado Comandante Supremo y él DISMINUYÓ, de casi 3 millones en 2006 a 800 mil votos en 2012, más de 70 por ciento. Esa cifra, bajó aún más en la elección de abril 2013, luego de la muerte de Hugo Rafael, a 250 mil, según el CNE, organismo gubernamental que gestiona las lecciones en Venezuela y que está bajo el poder del régimen. Lo sucedido DEVELÓ la realidad: el pueblo venezolano, chavista y opositor QUERÍAN UN CAMBIO.

Posteriormente, y luego de los sucesos ocurridos en nuestro país entre 2014 y 2015, se sumaron a esos antecedentes del caso, la persecución de colaboradores de Chávez por parte del madurismo; la indetenible caída de los precios petroleros, que perjudicó al régimen en poder sostener la ayuda social con la misma intensidad con la que lo hizo Chávez y finalmente, la difusión, casi a diario, de los desmanes económicos y políticos, además de los abusos de poder, las denuncias internacionales de violaciones de los derechos humanos, las relacionadas con posibles casos de narcotráfico y la separación paulatina que Maduro comenzó a llevar a cabo, para deslindarse del espíritu e ideales de Chávez y forjar su propio camino en el proceso, ante los ojos de quienes solo creyeron, desde 1999, en Hugo Rafael. Poco a poco, sectores del chavismo, no del madurismo, se separaron del régimen y comenzaron a criticarlo, nacional e internacionalmente. Algunos fueron perseguidos y tuvieron que huir del país, tal cual opositor, por el mismo régimen al que ellos pertenecieron. Había ocurrido lo impensable, chavistas y opositores SE UNIERON  para arrancar el poder legislativo de las manos del madurismo o como quieran llamar a este periodo que se inició en 2013.

Quedándose sin aliados internos, en materia de elecciones, al régimen no le quedó otra que cambiar de estrategia: comenzó, a juicio de muchas organizaciones nacionales e internacionales pro defensa de Derechos Humanos,  a manipular los procesos de elección popular, de manera descarada. Afianzando así sus “arranques” totalitaristas, típicos de un régimen con birretes dictatoriales.

La elección por la Asamblea Nacional de diciembre de 2015 había demostrado quiénes eran mayoría. Recordemos que aquella victoria, sin precedente en la era iniciada en febrero de 1999, aunque no se celebró, cosa que critiqué y aún lo hago, fue observada y analizada no solo por el mundo que estaba pendiente de lo que sucedía en nuestro país, sino también por los militares, ficha importante en esta oscurana sociopolítica, iniciada en 1999. Por cierto, luego de largas horas para dar los resultados, el CNE lo hizo ya en horas de la madrugada del otro día. Muchos rumores, algunos confirmados, que aseguraron entonces que el propio ministro de la Defensa, Padrino López llamó a Maduro, su combo y los locos a aceptar los resultados ante la presión de varios sectores de las FFAA.

Por otro lado, le tocaba al régimen relanzar las alianzas internacionales y reforzar el apoyo ante una eventual intervención de EEUU en las crisis de Venezuela. Maduro, su combo y los locos se acercaron aún más y fortalecieron sus relaciones con gobiernos como China, Rusia, Irán y pare Ud.   de contar. Quedaba  evidenciado, sobre todo para quienes hemos escrito e investigado sobre el tema desde hace años, que en algún momento se tendría que repetir la estrategia y acercarse a esos países aliados, para lograr cambiar el timón de este aparente nudo gordiano.

Hoy, febrero de 2020, un año más tarde de la llegada de Guaidó a la Presidencia Interina de la República, ha sido Trump el que ha dejado claro con sus acciones y discursos, durante la visita del joven Presidente guaireño a EEUU, que el cambio va y unos días después, el propio Leopoldo López, en su declaración reciente, al invitar a Rusia a deslindarse del régimen y dejarle las puertas abiertas para INVERTIR en el futuro con un mejor gobierno, más honesto y democrático, fue, en la práctica, la ratificación de lo dicho por el “hombre más poderoso del mundo” y al mismo tiempo, la puesta en marcha de la estrategia necesaria para acabar con la usurpación. Tres mil 500 millones de dólares en pérdidas, tan solo en un día, creo que harán cambiar muy rápido de opinión al gobierno de Putin, luego de haber sido sancionada la empresa petrolera de ese país.

Hoy, al igual que lo hizo con Corea del Norte, Trump ha descubierto al “Imperio Ruso de Putin”, como el niño al emperador en aquel famoso cuento, y lo que se ve son dos cosas: ni es un imperio, ni Putin, un emperador de imperio alguno.

Rusia y China han venido estableciendo una relación con el gobierno de Maduro más que política, económica, incluso con la venta de armamento ruso a nuestro país. Cuando la alianza comercial con China cayó en una elipse infinita de deuda y violación de los acuerdos, el coloso de Asia reculó en presencia y dejó claro al régimen que su apoyo a la causa “revolucionaria” de los bolivarianos dependería de sanearla, sino se distanciarían.

Por otro lado, Rusia más allá de querer presencia política en este hemisferio, busca presencia comercial, la necesita. La economía Rusa no es una de las mejores del mundo. Por el contrario, la balanza de pagos de la nación que lidera Putin no está bien. Los números no favorecen. La situación interna, en indicadores como “calidad de vida” están disminuyendo y cada día que pasa, aparentemente, en esa nación del este, es más difícil lidiar para el ciudadano común ruso con el costo de la vida.  

Por lo tanto, chinos y rusos definitivamente tienen precio y eso lo sabe Donald Trump, quien ha lidiado con esto del mercado, el dinero, las alianzas estratégicas, y el juego económico desde hace muchos años y lo conoce, por eso, no le pesó la mano para iniciar un nuevo ciclo en esta crisis venezolana, pues sabe además que nuestro país también puede llegar, nuevamente, a ser territorio comercial estadounidense por excelencia en américa latina y este Zar del dinero no le tiene miedo a llevarse por delante a cualquiera que le trunque su objetivo.

Esperemos que el futuro, muy a corto plazo, de nuestro país también revele ante el mundo que Maduro, su combo y los locos, ni son, ni han sido una revolución, pero sobre todo, que países que hoy en día aún apoyan al régimen, rectifiquen, como, al parecer algunos muy allegados a éste, han empezado a manifestarlo públicamente. Que se materialice el cambio de timón, con Trump al frente del navío necesario para llegar a la libertad. Guaidó lo sabe, López también, pero sobre todo lo saben Maduro, su combo, y los locos de la revolución y los de la oposición.  

Hasta la próxima semana.

 

Ismael Rojas|Periodista|@isma64|@elpaissilente  

 

 

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