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EL PAÍS SILENTE ¿Tendremos negociación?

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Las últimas noticias sobre nuestro país revelan dos cosas fundamentales: la coalición alrededor de Guaidó permanece intacta, pese a la salida de Macri y el regreso de los “rojos” al poder argentino. Y por otro lado, pareciera inminente una solución a la crisis, sin embargo, aún no se visualiza con claridad la alternativa seleccionada.

En nuestra columna pasada decíamos que debía haber un cambio de estrategia; si algo había demostrado 2019 fue el fracaso de lo que se hizo en cada uno de los niveles, excepto quizás en lo relacionado con la ayuda y apoyo internacional. Al mismo tiempo, surgen nuevas incógnitas, una entre tantas, es si el liderazgo opositor, el real  y no el “claptesiano”, confluye, finalmente, cohesionado; libre de traidores y dispuesto a todo, sea cual sea el significado de ese “todo”. Para muchos, entre los que me cuento, tal y como lo he referido anteriormente, pese a todo el movimiento político actual, creo que aún la masa NO ESTÁ para bollo.

Mis dudas no son infundadas, se sostienen en hechos y me refiero a esos acontecimientos políticos, sociales y económicos, que han brotado a lo largo de estos 21 AÑOS, en distintas ocasiones, circunstancias y crisis. No las ha tenido fácil el país en estas más de dos décadas.

Con el pasar del tiempo y alimentándome, cada día más, de información y opiniones de colegas y expertos en materia económica, política y cultural, he llegado a la triste conclusión que, si bien es cierto, el problema es más grande y grave de lo que a simple vista se observa en los medios, no menos cierto es que el país, como un todo, no soportará un año más de “robolución”, como han etiquetado a este proceso iniciado por Chávez en 1999.

La Venezuela de hoy, vive en un letargo peligroso y  en un coma inducido. El primero tiene cierta raíz de propiedad intelectual que involucra a muchos, incluyendo a la propia sociedad, individual y colectivamente. La segunda es caracterizada por ser incluso una solución. Es posible que, y no lo descarto, que un proceso similar al del coma inducido haya sido puesto en marcha por los líderes de este proceso para mantenerse en el poder, pero ha sido evidente, y hoy más que nunca, que lo propio han hecho desde el lado opositor. Las constantes peleas y los ya acostumbrados capítulos disímiles entre unos y otros, desde el mismo comienzo del gobierno de 1999, han sido la “vitrina” o tarjeta de presentación del contrapeso político del chavismo. Somos pues, un país políticamente inducido y en reposo, cosa grave diría un sociólogo. La razón es sencilla: o el país arde de una vez o cual bella durmiente, la nación duerme eternamente.

En ocasiones hemos escuchado la frase: “todo está fríamente calculado”, sin embargo, y en mi opinión, la improvisación de lado y lado han demostrado cómo se ocultan tras un telón de vodevil barato, los errores que unos y otros han cometido desde el inicio de esta etapa considerada por muchos autores, entre los que también me cuento, como la más oscura de toda la vida republicana de nuestra nación desde los tiempo de Páez. Un nudo gordiano pareciera ser hasta ahora, lo alcanzado, gracias a unos y a otros, y si estamos en lo cierto,  la crisis venezolana por ahora no tendrá fin.

Cuando reflexionamos al respecto, pensamos entonces en qué y porqué razón no se llega a una solución, porque es importante que Ud., mi estimado lector, entienda que así como NO ES fácil una intervención militar, mucho menos es LLEGAR A UNA NEGOCIACIÓN. La razón es simple, mientras la primera aluda a un fin violento; un cierre total de la Santamaría de un almacén viejo corroído y fracasado, únicamente por la vía de la fuerza, la segunda implica PERMITIR al dueño de ese almacén a continuar abierto en un pueblo víctima de los productos envenenados que han costado la vida a miles durante el tiempo que ha permanecido operando este “REVOLUCIONARIO NEGOCIO”. Tal y como pueden captar la idea, la decisión en la mente de quien deba tomarla, se juega entre un alto número de bajas por guerra o un ETERNO número de bajas espirituales por permitir que las víctimas y los victimarios VIVAN JUNTOS. En ambos casos, las consecuencias proyectadas se pierden de vista.

No es fácil decidir entre la muerte física de un país o la muerte espiritual de un país. Nadie ha podido, hasta hoy, decidir cuál de las dos es peor. Y es allí cuando entonces recurrimos a la historia. No nos queda de otra. Debemos mirar atrás, no solo hacia nuestro pasado, sino también hacia el de otras naciones.

En cierto que para empujar un país adelante hace falta el esfuerzo de todos y al referirnos a ese esfuerzo, hablamos de ambos esfuerzos, el físico y el espiritual. El primero representado por EL TRABAJO de cada uno para alcanzar producir lo necesario y mejorar la economía del país. El otro, representado por el ÁNIMO.

Está demostrado que si bien es cierto en su proceso de recuperación un enfermo de cáncer necesita ser fuerte físicamente para soportar los embates de las quimioterapias, sus “ganas de vivir” son aún más importantes. Si nos guiamos por ello, no nos conviene la muerte espiritual, por lo tanto no debemos negociar que nuestro futuro sea compartido con aquellos que destruyeron al país.

Ahora bien, como historiador frustrado e investigador temerario, la historia de la humanidad nos muestra dos (2) claros ejemplos de estas reflexiones y las consecuencias de las decisiones tomadas.

Desde 2018, Singapur es uno de los seis países más ricos del mundo y su calidad de vida es tal que es una de las potencias más importantes de Asia. Acabó con la corrupción y desde mediados de los 90´s se mantiene entre los tres primeros lugares entre las naciones menos corruptas del mundo. Fuerza, decisión, leyes, EDUCACIÓN y mejoras económicas, lograron llevar a ese país, otrora ciudad-estado asociada de Inglaterra hasta l959, desde el reconocimiento como “la ciudad más corrupta del mundo” a lo que hoy es. Un hombre, Lee Kuan Yew, conocido como Harry Lee, encabezó todo ese proceso, el que recomiendo leer en dos breves artículos publicados en https://www.libremercado.com/2018-01-06/como-lee-kuan-yew-acabo-con-la-corrupcion-en-singapur-parte-1-1276611667/ . Su “mano dura” y sin miramientos, lograron los objetivos planteados: rescatar al país de la corrupción como única vía para el progreso y desarrollo. En The Fix, el libro de J. Tepperman que dio origen a este par de artículos publicados en libremercado.com, explica a profundidad el proceso encabezado por Lee, sus alcances y detalles.

El otro ejemplo, es el de Mandela. Un líder de color en el país más racista del mundo hasta la década de los 90’s, cuando, luego de su liberación, después de permanecer 27 años en prisión y trabajos forzados,  éste luchador social,  político surafricano y ganador del premio nobel de paz, llegó a la presidencia de Sur África, nación que condujo a ser, en menos de 10 años, la más próspera, organizada y con la mejor calidad de vida del continente. ¿Su técnica? El perdón.

A Mandela no le tembló el pulso para no caer en el juego de la venganza que algunos miembros de su partido e incluso su primera esposa, quien era también activista político, le exigieron apenas ganó las elecciones. Él, a quien personalmente considero un SABIO de la política, se mantuvo firme en su idea central de gobierno: Jamás llegaremos a ser una nación libre, democrática y antirracista si nos comportamos tan bajo como aquellos a los que combatimos”. Para Mandela, no había posibilidad alguna para su país, sin la participación de todos. Y fue así como logró levantar una nación unida; un país de blanco y negros, juntos por una misma causa: comprensión, perdón, leyes, EDUCACIÓN y prosperidad económica.

En estos primeros dos artículos del 2020, he insistido en mirar hacia dentro. Una reflexión de quiénes somos y dónde estamos. La política ha demostrado en más de una ocasión; en más de un país y en más de un continente, lo que cada una de estas cosas representa. Las salidas a una crisis pueden pasar por muchas alternativas, desde un Bomba Atómica en 1945, hasta la participación, en conjunto, de enemigos acérrimos. Sin embargo, la creación de nuevas y efectivas leyes, la prosperidad económica, la lucha sin cuartel ni miramientos contra el narcotráfico y la corrupción y sobre todo, la gran inversión en EDUCACIÓN, son los verdaderos pilares de un nuevo país.

¿Qué deseamos para Venezuela? ¿Borrón y cuenta nueva? ¿U otro país? …hasta próxima semana.

 

Ismael Rojas|@elpaissilente

 

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