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Cumpliendo cinco años con ustedes…

El mes de enero de 2020 no solo trae consigo las ganas de escribir de nuevo y reanudar la lucha desde aquí, sino también el quinto aniversario de esta columna, la que inicié en 2015, para estas mismas fechas.

Un lustro ha pasado desde que se me ocurrió dedicarme de nuevo a la redacción y difusión de mi opinión en relación con lo que acontece en Venezuela, lo había hecho entre 1992 y 1997, con mi primera columna, Apertura al análisis, la que fue publicada en el semanario Heraldo de Maracaibo y luego en el programa de radio El Café está Caliente, al lado de mi colega y amigo Julio Ávila, de 2001 a 2002. Como imagino se dieron cuenta, dos periodos emblemáticos en la historia contemporánea de Venezuela de finales de siglo XX y lo que va del veintiuno. 

Quienes son asiduos lectores de El País Silente, saben que nació de esa impresión que muchos tienen de la extremada pasividad del venezolano, inexplicable incluso para expertos de muchos países que han vivido situaciones de menores consecuencias y sin embargo, lograron, al unísono, alcanzar una o varias soluciones en un corto, mediano o largo plazo. Aquí pareciera que el tiempo se ha detenido o simplemente, el día a día del venezolano, se repite interminablemente, haciéndonos vivir, una y otra vez, hora tras hora, ésta ya cotidiana realidad en la que “vivimos” desde 1999.

Una realidad que, en mi opinión, se ha engullido a todos, desde Chávez, quien físicamente no está e ideológicamente aparentemente NUNCA estuvo, gracias a la pésima actuación de sus herederos por intentar preservar un legado que para muchos no existe, pero, en especial, a los líderes de ambos sectores, por no haber podido resolver la situación que ha conducido a nuestro país hacia una especie de Averno socio económico y político sin precedentes. Yo creo, y de allí el nombre de mi columna, que ese silencio nacional en realidad es un RUIDO, en forma de SILENCIO ENSORDECEDOR, INVISIBLE E IMPERCEPTIBLE, que a más de uno a los largo de estos 21 años, y aún le falta por hacer, aunque creamos que no es así, le ha causado intriga y ha promovido situaciones que a la postre, de una u otra forma, han dejado una huella. Está latente pues, en cualquier momento, un grito final. “Nada es más peligroso para cualquier político que el silencio ensordecedor de un país callado”.

En reiteradas ocasiones hemos coincidido con otros colegas y amigos en la triste idea de una solución armada como la única respuesta a nuestro “problema país”, sin embargo, no menos cierto es que esa “acción violenta” pareciera estar alejada de cualquier posibilidad hoy día e incluso es posible, que siempre lo estuvo y solo el imaginario colectivo, avivado por algunos opinadores de oficio, sembró una ilusión mediática relacionada con la posibilidad de ser invadidos por EEUU, Brasil y Colombia, colocar una Junta Cívico Militar y un gobernante “coherente” con el sentimiento y deseo de la mayoría, la que existe allá afuera, la que no desea tener nada más que ver con Maduro, su  Combo y Los Locos. Pues bien, casi 365 días después, no hubo invasión y Maduro sigue en Miraflores e irónicamente en este mismo periodo de tiempo, Chile ardió en llamas; en Bolivia hubo un Golpe Militar contra el desafuero de un gobernante que no le quedó otra que huir y Evo cayó; Macri se fue y PODEMOS es poder en España y por supuesto, Las Águilas del Zulia quizás lleguen a la final una vez más en Venezuela.

No es posible que en nuestro país, en el mismo periodo de tiempo y en condiciones adversas similares o peores, aún estemos pendientes de qué equipo llegará a la final y por el otro lado, cuatro países, dieron un giro de 180 grados. Por cierto, cabe resaltar que en la comparación de las situaciones ocurridas en Bolivia, Argentina y España, se puede develar fácilmente lo que ocurre en una guerra ideológica universal que tanto aquí, en el “nuevo continente” como en la vieja Europa, se está desarrollando desde hace varios años. Una izquierda violadora de los derechos electorales y la constitución nacional SALIÓ por la fuerza: Bolivia. Un gobierno de derecha cuya gestión no fue la mejor, GARANTIZÓ su salida por la vía del voto: Argentina y España. En ambos ejemplos podemos diferenciar los casos. Una salida abrupta, ¿la de quién? Y una salida electoral, ¿la de quién? En cuál de los dos grupos ubicaría usted, estimado lector, la “alternativa” para la Venezuela en la que vivimos hoy, primera quincena de 2020.

Vivimos en una encrucijada como país y en una encrucijada como sociedad, ambas son distintas, pero relacionadas entre sí. No hay país si no hay sociedad, ésta última sirve de creadora, desarrolladora y reguladora del otro. La sociedad son los ocupantes del vehículo, el país es el automóvil. En este recorrido de 21 años, y luego de haber dejado al mismo piloto por ese mismo espacio de tiempo, el camino se ve peligroso, largo y agotador. En un recorrido de 5 horas a cualquier parte, debemos detenernos a descansar, no solo las piernas y manos, sino también el cerebro. Extremidades y mente son esenciales para poder conducir competentemente hacia un destino; las fatalidades no solo ocurren por culpa de otros vehículos en la vía, sino por la imprudencia de conductores y acompañantes, indistintamente del vehículo, el que además, puede fallar, por lo general, debido a la falta de mantenimiento o cuidado que requiere.

¿Qué ocurre cuando el dueño del vehículo no permite que su piloto descanse o por el contrario, le permite descansar demasiado? ¿Qué ocurre cuando el dueño del vehículo permite que su piloto beba alcohol antes y durante el recorrido, únicamente porque el piloto le coquetea, lo alaba, lo amenaza, lo engaña, le hace creer que es el único capaz de llevarlo a su destino? ¿Qué ocurre cuando los pasajeros, que son los dueños del vehículo, le permiten al conductor hacer lo que desee con el vehículo y no para lo que fue creado o en el caso de un país, para lo que fue fundado o nació? ¿Qué ocurre cuando los pasajeros en el vehículo son ciegos y el conductor es tuerto? Entonces, estaremos ante ese “extraño e inexplicable” comportamiento de un país y de sus líderes, llamado Venezuela.

La sociedad son los pasajeros, el piloto es el gobierno y el vehículo es el país. Esta tripartita relación se aplica a cualquier país del mundo, no es exclusiva de nosotros y tampoco fue generada por la mal llamada “revolución bolivariana”. Pero, se aplique aquí o en la Conchinchina, un denominador común: los pasajeros, es decir la sociedad, elige al piloto y lo dejan manejar o bien porque lo consideran apto y competente para hacerlo o por el contrario, al no poderlo evaluar por que ignoramos cómo hacerlo, le creemos competente, cuando quizás no lo sea; elogiamos sus actitudes y aptitudes, sin tener clara idea de cuál es la diferencia entre una palabra y la otra y por supuesto, lo endiosamos, porque, al menos en Latinoamérica, desde pequeños, nos enseñaron a dejarle el país a los “Dioses” terrenales de los partidos políticos. En nuestro país, al igual que en muchos otros, “hay más caciques que indios”.

Tal y como pueden apreciar, la encrucijada es para TODOS. ¿Qué país queremos?, ¿el mismo que tenemos u otro? es decir, ¿cambiamos de vehículo o simplemente cambiamos de piloto? Fíjense lo irónico de estas últimas líneas. Muchos que hoy viven en el exterior, casi 6 millones de venezolanos, dejaron el vehículo, pues se dieron cuenta que no podrían cambiar al piloto. Cambiaron de vehículo y hoy intentan ser parte de otra sociedad. Abordaron otro vehículo para llegar a su destino: el futuro. ¿Por qué entonces, no todos se bajaron del vehículo?

En este sentido, coincido con aquellos expertos que aseguran que nada hacemos con cambiar de piloto, ni siquiera considerando la opción como “tan solo un inicio del cambio”, es decir “por algo debemos empezar” o “cambiando al presidente, iniciamos el cambio profundo”. No creo en ninguna de estas opciones. La historia ha demostrado que al cambiar el piloto, el nuevo conductor se CONTAMINA del poder que le otorga el CONDUCIR el vehículo, es decir el poder de gobernar al país. Hasta el día de hoy, en la historia republicana de nuestra nación, ninguno de esos pilotos, de distinta forma de pensar, de distinto lado de  la política, ha puesto a un lado ese ENGARROTAMIENTO mental, físico y emocional que provoca el conducir a un país. Ninguno.

Entonces, diría un buen apostador, ¿qué te garantiza que al cambiar de piloto UNA VEZ MÁS, como se ha hecho desde 1959, el nuevo, por muy joven que sea y muy frescas sus ideas, no caerá en las fauces del lobo y al igual que sus antecesores, será engullido por el PODER? Vale la pena el riesgo. Me lo juego así. Y entonces, si hay quienes creen en esa apuesta, por qué criticar o repudiar públicamente la otra apuesta: Me la juego con un Golpe de Estado o intervención militar. Si vamos a los números, y las matemáticas no mienten, la primera apuesta, en las condiciones que hay dentro del vehículo, en decir, en la mesa de juego, lleva las de perder. La historia lo ha demostrado. Es tiempo para cambiar de estrategia y por supuesto, todos los esfuerzos: físicos, mentales y emocionales, deben enrumbarse hacia allí.

Recientemente, un gran amigo del colegio me decía “estoy de acuerdo contigo Ismael, pero ¿cómo hacer para conseguir un ejército que nos apoye?” sencillamente le respondí, el que sabe cómo hacerlo, deberá hacerlo. Y es aquí en lo que se apoya mi reflexión de esta semana: en qué hacer y quiénes deben hacerlo.

Ante el fracaso de la mayoría de las estrategias desarrolladas entre enero de 2019 y enero de 2020, ya es tiempo de cambiarlas y proponer otras. No podemos actuar como colegiales ante retos universitarios. Cada nivel se va superando y se debe superar, cuando eso no te permite avanzar, significa que te has estancado y la razón es muy simple, abordas los problemas con escasa información, determinación y competencia.

No es lo mismo organizar una reunión en mi casa que organizar un evento de un millón de personas, tampoco es lo mismo reunir a mis familiares y amigos que reunir a ese millón de personas alrededor de una causa. Por lo tanto, la cotidianidad nos muestra por sí sola, cómo es importante entender ante qué estamos y si estamos capacitados y somos competentes para sobrellevarlo y superar situaciones como las que vivimos. El día que se entienda, a quien le corresponda entender, que sino reflexionamos acerca de lo que hemos hecho y cómo lo hemos hecho, pero sobre todo, qué hemos logrado y cuánto nos ha costado, no podremos vencer el reto que exige entender que para tener otro país, distinto, mejor, sociable, constitucional y digno, debemos, cada uno de nosotros, como pasajeros que somos del vehículo, ser directamente proporcionales en diferencia, mejoría, sociabilidad, constitucionalidad y dignidad, sino, jamás podremos conducir el país DEL QUE ASPIRAMOS A SER MERECEDORES.

Siempre pensamos en el PAÍS QUE NOS MERECEMOS, ese pensamiento es egoísta. No hemos entendido que la fórmula no es esa, es DEBEMOS CONQUISTAR EL SER MERECEDORES DE UN PAÍS, ésta forma de ver las cosas, nos obliga a todos a construir Y PRESERVAR el país que se anhela, pero sobre todo, a ser responsables, cada uno, por él.

Hasta la próxima semana. 

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista

 

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