Verdades y Rumores| Diario Digital de Interpretación y Opinion

DE INTERÉS

CAIGA QUIEN CAIGA|Leopoldo no lo dirá, pero lo hará

VERDADES Y RUMORES|Las lecturas y dudas que deja la huida de Leopoldo López

EFRAÍN RINCÓN|Los desafíos de la democracia en América Latina

ANTONIO DE LA CRUZ|Escenario electoral presidencial en Estados Unidos

LUIS RÍOS|Estereotipos: juicios adelantados que no nos permiten crecer

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on email
Email
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram

“Los estereotipos son verdades cansadas”.

George Steiner.

Existe una tendencia en nosotros, los seres humanos, que me resulta bastante odiosa: reducir la vida, el género, los comportamientos, las razas, las orientaciones sexuales, religiosas o políticas, el amor, los fracasos y cualquier situación o postura a nociones preconcebidas, en un afán de categorizar al mundo y de encasillarlo todo como forma de entenderlo, controlarlo o hasta soportarlo.

En las redes abundan opiniones generalizadas sobre ciertas problemáticas tomadas a partir de un hecho en concreto que, evidentemente, nunca van abarcar la totalidad de la realidad. Por ejemplo, existen algunos videos en internet sobre pequeños grupos de personas quienes, al momento de recibir dádivas de políticos o gobernantes, les agradecen de forma desmedida deshaciéndose en elogios que resultan intolerables o hasta desagradables. Inmediatamente, emergen los críticos asegurando que los nativos de ese lugar son unos ignorantes y que todo está perdido.

Existe un sinfín de juicios o representaciones deliberadas de índole social, cultural, estética, sexual, étnica y otras, que se han establecido erróneamente en la sociedad sin ningún tipo de comprobación, y que en líneas generales promulgan irreflexivamente cualidades con la pretensión de categorizar las conductas, lo que conduce irremediablemente a la distorsión de la percepción y finalmente al prejuicio. Sin embargo, lo más grave es que tales posturas son compartidas por numerosas personas, integrándose sin solución de continuidad en la conciencia colectiva.

La necesidad de establecer puntos de referencia para medir o valorar al mundo, se debe a que estamos concebidos por naturaleza para el orden. La sobrevivencia del hombre siempre ha radicado en su capacidad de organizarse ante las adversidades para reducir la incertidumbre. De allí que, ante la monumental cantidad de datos e información a manejar, se hace necesario clasificarla para entenderla y evitar el caos.

Los estereotipos son concepciones viciosas, paralizadas e inamovibles, afianzadas históricamente y dispuestas socialmente, que perciben en la mayoría de los casos una realidad de forma desproporcionada, negativa u hostil, provocando la exclusión y un trato insano a ciertas personas. En otras palabras, como dijera el profesor y teórico de la cultura George Steiner: son “verdades cansadas”. En este sentido, los medios de comunicación de masas, así como las múltiples plataformas mediáticas, han sido instrumentos activos y muy efectivos para provocar, además de afianzar, pensamientos colectivos estereotipados.  

La esencia de la vida es plural, pues está compuesta de realidades independientes muy diferentes entre sí, que se encuentran en interconexión permanente y profusamente relacionadas, imposibles de homogeneizar o de reducir a categorías. El pensamiento no puede ser lineal, unitario o individual, de allí que sea preciso procurar la eliminación de las diferencias y abogar por una cultura común global, de respeto a las diferencias que evite la segregación entre culturas y creencias. Por eso, antes de caer en la trampa de los estereotipos, pensemos que:

1.- No hay una forma perfecta de interpretar los matices de la vida: hay muchas. Los estereotipos, con todos los sesgos que implican, nos llevan muchas veces a “etiquetar” a la gente y, por ende, mutilando las riquezas propias que nos ofrece la diversidad, cuando la verdad es que más son las cosas que compartimos con otros que las que nos diferencian. Además, los estereotipos nos predisponen a realizar juicios equivocados, como a tomar decisiones reactivas que pueden causar un daño innecesario que terminaremos lamentando.

2.- Los estereotipos son inexactos. Abandonar las estructuras mentales rígidas o cerradas, para ver el mundo a través de un caleidoscopio vital, nos ayudará a percibir su infinita cantidad de combinaciones, colores y tonalidades. Ante la vastedad de personas que poblamos el planeta, es imposible universalizar las realidades humanas, así como recortar sus complejidades a cifras, números o estadísticas. No se puede simplificar a la gente, ni abreviar lo que “contienen”, pues somos básicamente seres densos, profundos, esencialmente desiguales, únicos y por tanto reñidos con las categorías y conceptos. 

3.- Los estereotipos son formas de dominación. En algún momento -y de manera inevitable- vamos a congeniar con diversas personas (padres, abuelos, maestros, gobernantes, religiosos, jefes y amigos). Nunca vamos a dejar de escuchar de labios de estos personajes las referencias estereotipadas sobre grupos, comunidades, vivencias, sentimientos o eventos de cualquier índole, como forma de someternos a sus designios, a veces de forma inocente, pero otras con el afán de que cumplamos con los planes que tienen para nosotros. Tener un pensamiento crítico es fundamental para entender que sus referencias surgen de prejuicios que les son propios, y que no por ello debemos asumirlos para que medren nuestra conciencia. 

4.- Cuidar lo que decimos. Nuestro lenguaje refleja la visión que tenemos de la sociedad. Si vivimos en un entorno cargado de ideas o frases estereotipadas que conectan a sus integrantes, muy posiblemente las fijaremos sin reparos en la mente y adoptaremos, por adaptación grupal, los juicios construidos sin evidencias reales. Si somos personas que padecemos de prejuicios o estamos llenas de estereotipos, nuestro lenguaje delatará lo que pensamos o creemos e incluso condicionará nuestro comportamiento. Por ello, si acostumbramos a referirnos a colectivos o grupos usando palabras como “todos” o “siempre”, será más que evidente nuestro excesivo y equivocado desconocimiento.

En definitiva, la postura febrilmente presumida de algunas personas de querer siempre encerrar el mundo en catálogos no los destaca como grandes pensadores o conocedores, sino como denodados ignorantes de lo que significan las insondables diferencias inherentes al ser humano.  

 

Abogado|@luisriosescribe|luisriosescribe.wordpress.com

 

¡SUSCRÍBETE! En tiempos de gran incertidumbre la información clave es esencial…

ACEPTAR TODAS LAS COOKIES    Más información
Privacidad