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La ciudad de Maracaibo es un tejido de pequeñas y de grandes historias. Historias que nos llegan a veces fragmentadas y, casi siempre, en ráfagas. Historias contadas con voces entrecortadas.

Esta tarde me encontré con Jimena Guerra, ella vive en San Jacinto. Su mama se fue del país, no por moda, tampoco por “pata caliente”, se fue atender a su esposo que tiene que someterse a tratamiento de diálisis tres veces a la semana y en el país se moría lentamente por la imposibilidad de que se le aplicara la diálisis. Así que la señora Olga de Guerra se fue con su marido a Colombia con el fin de darle la calidad de vida que el país no podía brindarle.

La señora está aterrada, pues sospecha que su casa será censada y en consecuencia ocupada por gente afecta al régimen.

Maracaibo, en verdad el país, es horrible de muchas maneras, hasta el punto que los venezolanos le dimos en 1998 un adiós democrático a la democracia, pero seguramente lo peor de esta pesadilla socialista ha sido el anuncio hecho por el número dos del régimen de que toda casa abandonadas por aquellos que se han ido del país será ocupada por “el pueblo”, ese invento del régimen que es usado para vulnerar los derechos ciudadanos de todos los habitantes del país, incluidos aquellos que dicen ser sus afectos. Y es que la perdida de todo lo que habíamos obtenido, inclusive los simples objetos, la vivimos como un signo o aviso de que las cosas todavía no han tocado fondo.

Hoy Jimena Guerra llora por la desolación de su madre que en Colombia no puede dormir, pensando que lo que tanto trabajo le costó le sea arrebatado en nombre del “pueblo” y le deja la sensación que todo el país es la gran posesión de ellos, los chavistas, esos que alguna vez fueron mayorías y que siempre han actuado de manera antidemocrática y haciendo de la maldad su manera de ser.

Alguna vez Chávez dijo a todo pulmón, exactamente, el día que el petróleo rebasó los 100 dólares el barril, que él administraría esa abundancia que “Dios nos dio” con criterio para proteger a los más débiles y al final el país se fue a la ruina, precisamente por su sádica ignorancia que impuso con los más terribles desaciertos un modelo que siempre conduce a la ruina. Y es que de los que dicen ser protectores, siempre, nacen los tiranos.

Precisamente esa ruina chavistamente producida ha generado el terrible fenómeno de la migración forzada de millones de gentes que buscan una mejor vida y esperando con ansia que la situación del país cambie para volver a sus casas. Solo que el chavismo cuando el inexorable regreso se produzca, el régimen que solo nos ha dejado pobreza, exclusión, violencia, desigualdad, discriminación, corrupción e impunidad, los habrá dejado sin sus casas.

 

@RojasyArenas

 

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