Verdades y Rumores| Diario Digital de Interpretación y Opinion

DE INTERÉS

VERDADES Y RUMORES|Las lecturas y dudas que deja la huida de Leopoldo López

EFRAÍN RINCÓN|Los desafíos de la democracia en América Latina

ANTONIO DE LA CRUZ|Escenario electoral presidencial en Estados Unidos

MARLON JIMÉNEZ|La maldición del “Charro Negro”

LUIS RÍOS|Llena tus años de planes, no de excusas

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on email
Email
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram

“Olvídese de cumplir años y empiece a cumplir sueños”.

         Francisco Javier González Martín

Tengo un grupo de amigos que habitualmente, y sin proponerlo, nos reunimos con un café para conversar e incluso discutir sobre la enorme diversidad de temas de la actualidad. Son personas mayores que yo y muy instruidas lo cual me ofrece un campo fértil para el aprendizaje además de una dinámica interesante. Uno de ellos (de 70 años) nos comentó que había visitado una academia en donde enseñan francés, debido a que estaba interesado en aprender otro idioma, ya que domina sin problemas el inglés y el italiano.

Como en la institución en cuestión ofrecen becas para niños que quieran aprender el idioma, le preguntó al director que si ellos por casualidad ofrecían también este beneficio para las personas mayores o de la “tercera edad”. Este sujeto en vez de responder la inquietud de mi amigo, lo miró con un dejo de inferioridad y le espetó una pregunta por demás indignante, así: “¿Cuál podría ser el motivo para aprender el francés? Dándole a entender que con la edad que tenía, era como una pérdida de tiempo, algo innecesario e irrelevante que aprendiera, pues se encontraba en las postrimerías de su vida. Él quien es una persona con una inteligencia fecunda, sosegado y moderado le contestó en francés y en español con una de las más famosas frases del padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, René Descartes, así: “je pense donc je suis, todavía”, es decir, yo pienso luego yo existo, todavía.

En la cultura global persisten a modo de residuo irreductible, muchas ideas negativas, fuertemente discriminatorias y estereotipadas que impiden considerar a la población envejeciente como productiva, capaces de agregar valor a la sociedad y de generar riquezas en todos los aspectos. Esto se debe a que todavía tiene un profundo arraigo el error de considerarlos inoperantes, incapaces, enfermos o simplemente “viejos” que no pueden cumplir con las tareas más básicas. En líneas generales, un adulto mayor pertenece al grupo etario que comprende personas que tienen más de 60 años. También se les conoce como pertenecientes a la tercera edad o ancianos.

Tendemos a asociar casi que automáticamente a las personas mayores, con la falta de independencia, con la idea de que son una carga familiar y social a la que hay que dar asistencia, cuidado en todos los aspectos, así como, con un problema por resolver que requiere de tiempo y sobre todo recursos materiales ingentes; es más, la palabra “viejo” tiene una considerable connotación emocional y se le suele utilizar como insulto o sinónimo de decadencia. Esta visión casi que alarmante, se ha convertido en un paradigma irresoluto muy pesado en la consciencia colectiva que incluso influye en cómo los individuos que se acercan o están viviendo esta etapa de la vida lo enfrentan o sobrellevan desde el punto de vista moral, intelectual, espiritual, anímico y hasta psicológico.   

La vida termina definitivamente con la muerte no con los años, por eso arribar a una edad avanzada no debe ser impedimento para que una persona pueda estudiar, trabajar o emprender, pues muchas de esas actividades son netamente intelectuales y no requieren grandes esfuerzos físicos, por lo que, tanto el conocimiento como la experiencia obtenidas con los años mejoran las capacidades. Incluso, una persona adulta puede perfectamente volver a experimentar el romance, enamorarse y hasta casarse, ya que ha vivido lo suficiente como para sumar especiales virtudes a una relación de pareja.

El mundo está lleno de ejemplos maravillosos de gente mayor que sigue trabajando, aprendiendo, construyendo historias, retando los límites y que no se desaniman, ni amilanan por los años que pesan sobre su cuerpo; es más, la actividad, los propósitos y los planes les dan una razón y un entusiasmo vigorizante que los estimula a continuar con alegría proponiéndose cada vez más metas que alcanzar; y una vez superada o finalizada alguna de ellas, van por otra, en un incesante movimiento vital.

Recientemente, leí sobre la historia de la alpinista japonesa Junko Tabei, fallecida en el 2016, quien fuera la primera mujer en alcanzar la cima del monte Everest, y la primera en conquistar las Siete Cumbres, que son las montañas más altas de cada uno de los seis continentes, añadiendo la más alta de América del norte. A la edad de 61 años, volvió a la universidad en donde obtuvo un posgrado en Ciencias Ambientales, y si bien en el año 2012 fue diagnosticada con un cáncer, siguió apasionadamente escalando montañas. A pesar de los continuos quebrantos de salud producto de su penosa enfermedad, en el 2016 (año de su muerte), coordinó y dirigió a un grupo de jóvenes víctimas del desastre de Fukushima en una expedición al pico más alto de todo Japón, el Monte Fuji.

Llegar a una avanzada edad no implica necesariamente pasividad, retiro o estar sin esperanzas echados todo el día en una cama esperando el desenlace final de la vida; por el contrario, pueden ser los momentos existenciales más fructíferos, placenteros, dinámicos y singulares para desarrollar todo tipo de proyectos productivos económicamente o no, sentirse parte importante de la sociedad para seguir generando valores e impactando positivamente a los demás, pues todo el pasado e historias acumuladas los convierten definitivamente en un valioso recurso pleno de potencialidades.  

El mundo no solo debe preocuparse por ofrecerle a las personas mayores facilidades, retribuciones, atención adecuada y calidad de vida, que es necesaria, sino también desarrollar políticas de inserción e integración de estos a la acción positiva y provechosa, puesto que son un capital humano de una utilidad incalculable que no debe desecharse, como tampoco someterlos a una especie de “extrañamiento social” u olvido voluntario.

En fin, todo ser humano que haya alcanzado la tercera edad debe procurar romper con los rígidos esquemas y valores culturales que relacionan la “vejez” con un triste ocaso, y darle rienda suelta a sus deseos, anhelos e intenciones que lo lleven por un rumbo nuevo que le dé un significado o sentido a la existencia; por eso es que en definitiva, lo mejor va a ser siempre llenar los años de planes, no de excusas, para ser la solución y no el problema.

 

Abogado|@luisriosescribe|luisriosescribe.wordpress.com

 

¡SUSCRÍBETE! En tiempos de gran incertidumbre la información clave es esencial…

ACEPTAR TODAS LAS COOKIES    Más información
Privacidad