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EFRÉN GUTIÉRREZ|El Impuesto de Propiedad Común Auto-avaluada (COST)

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Uno de los conceptos clave en el libro Mercados Radicales (Radical Markets) de Eric Posner y E. Glen Weyl, es el de Impuesto de Propiedad Común Auto-avaluada (COST, por las siglas en inglés de Common Ownership Self-Assessed Tax).

Según los autores, de acuerdo al esquema actual, la propiedad de un activo incentiva a invertir en él y mejorarlo. Pero, también impide asignarlo a alguien que lo valora más. En cambio, el esquema COST nos permite ser propietarios del activo, pero también requiere que anunciemos nuestra valoración del mismo en cierto período de tiempo arbitrario, un porcentaje del cual está sujeto a impuestos. Si alguien puede superar mi valoración, puede comprar el activo a ese precio. Esto mantiene la eficiencia de asignación y de inversión para los recursos públicos.

Partiendo del principio de que los medios de producción, generalmente, no deben ser de propiedad común ni privada, sino poseídos a través de un sistema mixto que intercambia los beneficios de asignación de propiedad común frente a los incentivos de inversión creados por la propiedad privada, proponen las llamadas Licencias de Harberger (en honor a su creador el economista estadounidense Arnold Harberger): un sistema de propiedad condicional a los pagos periódicos de impuestos autoavaluados como una implementación simple y robusta de la propiedad privada parcial.

Según Posner y Weyl, la tasa de rotación de activos sirve como una estadística suficiente aproximada observable para elegir la tasa impositiva, y sugieren una simple regla general para usar la tasa de rotación en el diseño de la licencia: las tasas impositivas de Harberger deberían fijarse en aproximadamente la mitad de las tasas de rotación de activos similares en mercados privados. Algunos la ubican en 7%.

De acuerdo a la visión en su libro, de lo que se trata es de la reinvención de la propiedad privada. Se argumenta que, “la propiedad es monopolio” y que los propietarios socavan la eficiencia del mercado, ya que pueden resistir las posesiones. Esto se refiere a cualquier tipo de posesión, entre ellas a la de los bienes raíces.

Se concluye que, en el asunto, hay dos principios en juego: La eficiencia de asignación: la capacidad de un mercado y sus participantes para distribuir, por ejemplo, tierras a quienes más las necesitan y pueden aprovecharlas al máximo; y, la eficiencia de la inversión: la capacidad de un mercado y sus participantes para fomentar la actividad productiva, en particular la construcción de bienes de capital, cuyos beneficios a largo plazo superen sus costos. Para contrarrestar este problema, es que los autores proponen, entonces, el “COST”: un impuesto (anual) proporcional al valor autoevaluado de sus tierras.

Según los cálculos de los autores, sus propuestas juntas son lo suficientemente potentes como para abordar la llamada stagnequality (menor crecimiento combinado con una creciente desigualdad en lugar de inflación) que ha prevalecido durante bastante tiempo. Combinando esas estimaciones, en el caso de Estados Unidos, reducirían la proporción del ingreso nacional capturado por el 1% de la población más rica a muy por debajo de su mínimo de mediados de siglo. También terminarían con las disparidades de riqueza como una fuente importante de desigualdad interpersonal, ya que los rendimientos de la riqueza serían compartidos en gran medida por el COST.

Un Mercado Radical permitiría que solo persista la desigualdad rastreable hasta las diferencias en las habilidades naturales. Para ver esto, consideran cómo el COST en riqueza y el dividendo social que financia respondería al cambio tecnológico. Si la mano de obra fuera reemplazada cada vez más por la IA (Inteligencia Artificial) y los humanos no tuvieran un papel tan importante en el trabajo de datos, la participación del capital en los ingresos crecería dramáticamente. Suponiendo que alcanza el 90%: los ingresos recaudados por el COST implementado aumentarían al 60% del ingreso nacional (ya que está diseñado para capturar dos tercios de la participación del capital) y financiarán estilos de vida generosos para todos los ciudadanos. Incluso en los niveles actuales de ingreso nacional, por ejemplo, y suponiendo que dicho impuesto reemplazara todos los impuestos estadounidenses, dicha política proporcionaría a una familia de cuatro personas un ingreso de casi $ 90,000 al año. Pero si la mano de obra continuara siendo importante, el dividendo social seguiría siendo lo suficientemente modesto como para que la mayoría todavía quisiera trabajar, proporcionar datos valiosos a AI y alojar a trabajadores migrantes para complementar sus ingresos. La distribución más igualitaria de los beneficios de estas actividades, garantizaría la igualdad continua.

De allí que, para la búsqueda de una sociedad menos desigual y más justa, el estudio y discusión de la propuesta del Impuesto de Propiedad Común Auto-avaluada (COST), al margen de cualquier ideología, resulta muy interesante.

 

@efrengut|Economista|[email protected]

 

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