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EFRAÍN RINCÓN|Los militares o la piedra en el camino

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En sociedades con una frágil institucionalidad democrática, como ha sido Latinoamérica, los militares históricamente se han involucrado en temas referidos al poder político, bien para influir en la resolución de conflictos generados por la elite que detenta la hegemonía, o para ejercer directamente el poder. El establecimiento de dictaduras militares ha pretendido resolver frecuentemente las crisis políticas latinoamericanas, con resultados nefastos para esas sociedades. No obstante, el estamento militar pareciera destinado a ser actor protagónico en el destino de nuestros pueblos.

En el caso venezolano, los militares han estado invariablemente presentes en los conflictos políticos desde la instauración de la República, contribuyendo con la ruptura de un ciclo histórico y el advenimiento de una nueva era. Así fue durante el tránsito del gomecismo a la revolución de 1945; de 1948 a la dictadura perezjimenista; de 1958 al establecimiento de la experiencia democrática por cuarenta años consecutivos; y, todo parece indicar que, en esta crisis inédita del país, también tendrán los militares una participación fundamental, ya sea para ayudar a resolver esta tragedia o para empeorarla a niveles inimaginables.   

Los acontecimientos de los últimos meses apuntan que, de no lograrse una fractura significativa dentro las fuerzas armadas, el lapso del cese de la usurpación podría alargarse más allá de lo que esperamos los venezolanos, inclusive podrían debilitarse los esfuerzos de los factores democráticos para alcanzar el cambio político en el país. Cuando el pasado 23 de enero, Guaidó asumió la encargaduría de la Presidencia de la República pensamos que, por vez primera, el inicio de un nuevo ciclo histórico estaría protagonizado por la sociedad venezolana, con una participación marginal de los militares. Esta percepción se desvanece con el transcurrir de los días.

El problema de fondo es que las actuales fuerzas armadas son absolutamente diferentes a las que existían en 1958. La desinstitucionalización del estamento militar, se ha convertido en una piedra en el camino que impide el cese del régimen usurpador de Nicolás Maduro. En tal sentido, Hugo Chávez, con su innegable ascendencia sobre la fuerza armada, logró convertirla en una institución a su servicio personal y al del socialismo del siglo XXI. En tales circunstancias, los militares -o por lo menos, la máxima jerarquía- no defienden a la constitución, como es su obligación, sino sus intereses personales y los de la parcialidad política dominante. Ello ha impedido la fractura que permita el inicio del cambio político por el que tanto hemos luchado.

De manera deliberada, Chávez pervirtió a las fuerzas armadas, al despojarlas de la constitucionalidad que las obligaba velar por el mantenimiento del orden democrático, privilegiando los intereses supremos de la República. Desde 1999, las fuerzas armadas son chavistas, revolucionarias y antiimperialistas, dejaron de ser venezolanas y democráticas.

Este proceso de descomposición de las fuerzas armadas se inició cuando el ascenso y la profesionalización de los oficiales pasó a ser una competencia exclusiva del presidente; ascendían sólo los afectos al proceso, aquellos que declaraban lealtad absoluta al “comandante supremo”. Así fue abolida la meritocracia militar y se tejió una relación perversa con el líder del proceso. Después, para garantizar el favor electoral de los militares, se les permitió votar y tener una participación política intensa a favor de la revolución. Sacaron a los militares de sus cuarteles para garantizar y defender la permanencia del proceso indefinidamente. Por si fuera poco, fueron incorporados al gobierno, cuantificando más ministerios que los propios civiles, siendo beneficiarios directos de los negocios, corruptelas e ilícitos del régimen; de esa manera, las fuerzas armadas se corrompieron, transformando la lealtad y la gratitud a la revolución en el let motiv de muchos militares, especialmente, los de más alto rango o los enchufados.

Para evitar que los militares repitiesen lo que él hizo el 4 de febrero de 1992, Chávez logró además la desarticulación de los componentes de la fuerza, a fin de abortar cualquier escenario conspirativo que pusiese fin a la revolución. Esta estrategia fue perfectamente ensamblada, con la presencia de los cuerpos de contra inteligencia cubana (G2), sellándose la sumisión de las fuerzas armadas venezolanas a un gobierno extranjero y comunista, jamás visto en nuestra historia.

Estas son las fuerzas armadas que los venezolanos estamos esperando que se fracturen para salir de la tiranía genocida. Como pueden ver, apreciados lectores, la solución a esta crisis no es sencilla. Dentro de esta perspectiva, partiendo de la premisa que la intervención militar internacional no será posible, ¿se tendrá que negociar con los militares para que le retiren su apoyo a Maduro, su rehén más preciado, y faciliten el camino hacia la transición? Las opciones se reducen cada día, pero seguramente las condiciones de esa probable negociación deben resultar mayor que el costo que los militares deben pagar por su salida del poder. Esa negociación debe tener el respaldo firme y categórico de nuestros aliados internacionales, Estados Unidos, Grupo de Lima y la Unión Europea, a fin de garantizar un desenlace positivo.

La fractura automática de las fuerzas armadas es un tema que no visualizo a corto plazo; lo que está en juego no es la restitución del orden constitucional, ni tampoco el bienestar y la libertad de los venezolanos; la prioridad de los militares es la defensa de sus intereses y el establecimiento de condiciones que minimicen el peso de la justicia por delitos de lesa humanidad. Veremos cómo termina nuestra tragedia; mientras tanto los venezolanos siguen muriendo por falta de alimentos y de asistencia médica; otros miles huyen del país para sobrevivir. Este es un drama inhumano e injusto que no les duele en absoluto a los usurpadores ni a los militares tampoco. Que Dios tenga misericordia de los venezolanos.

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ 

 

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