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Cuando asumió el poder de la República el acomplejado truhan barinés, se posó una especie de anatema sobre nuestro territorio, convirtiendo en desgracia todo a su paso.

La corrupción, el odio y el racismo, enfermedades del espíritu, comenzaron a hacer metástasis dentro de las instituciones públicas como en las Fuerzas Armadas.

Aquel noble pensamiento de Bolívar, “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, quedó en segundo plano, y la límpida flama de la decencia y educación exhortadas por El Libertador, fueron consumidas por el ejército en un pito de marihuana.

El honor del que tanto hacían alarde los castrenses como una de las tradiciones más antiguas, fue cambiado sin pudor por la degradación ética.

Hoy la imagen inmoral que proyectan los represores no concuerda con la apreciada hace 30 años, en la cual, llevar de indumentaria un uniforme, inspiraba respeto y admiración en la sociedad.

La Guardia Nacional, conocida anteriormente como Fuerzas Armadas de Cooperación, sólo sirve para “cooperar” pero en la consumación de delitos contra la nación y sus ciudadanos.

Cada comando fue convertido en una casa de citas por donde pasean sonrientes las más complacientes meretrices, luego de mojarse las manos en los respectivos negocios ilícitos tratando de conseguir el pez gordo.

Estos analfabetas semi funcionales usan la ley a su antojo para encubrir las fechorías a las que recurren habitualmente, como si se tratase de un trapo sucio con el que limpian alguna parte de su nauseabundo cuerpo.

Ya está bueno de ambiciones y complacencias descabelladas. Nuestro tricolor se ha teñido de rojo intenso por la cantidad de inocentes caídos en esta lucha por la libertad, y cada una de las estrellas de la franja azul, dejaron de ocupar su lugar para irradiar con luz el camino a seguir.

Retomen la vía de la cordura y honren a la patria. La milicia debe retomar su condición apolítica restaurando la democracia ya.

El honor, más que una palabra ambigua o en desuso, es un arma usada por ciudadanos que valientemente se sumaron al cambio de conciencias que necesita el país para salir del atolladero.

Recuerden soldados que cuando los principios se imponen, la dignidad no se negocia. 

 

@danielovtsky|Escritor|[email protected]

 

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