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Obviamente esta hora que vivimos en Venezuela no es de ninguna manera un momento discreto en el tiempo, es de verdad un proceso. Muchos creyeron o querían creer que el 30 de abril se produciría un crujido definitivo de la dictadura e iba a dar lugar a un proceso de transición.

Pero no era ni es tan fácil, primero porque se trata de actores que se enfrentan no solo con distintas maneras de ver el país, sino también de entender la política y de definirla. Por ejemplo, miren a Maduro, mejor oigan a Maduro, aparentemente dice disparates y seguramente muchas de las cosas que dice son frutos de su reconocida falta de preparación y competencia intelectual, pero también en sus representaciones caóticas se expresa una idea y una definición de la política.

En efecto,  Maduro reduce la política al poder. Esta idea de política no es de ninguna manera una construcción conceptual propia. La encontramos en los textos del marxismo primitivo y fundamentalmente, también,  proviene de la manera como entiende la política el actor Fuerzas Armadas quien reduce y, ha pensado y concebido, la política como guerra. Esta manera de pensar en la  política se hizo representación dominante desde el ascenso de Chávez al poder y justamente, el poder, y como mantenerlo, es su variante principal.

Pensemos, por ejemplo,  en María Corina Machado, quien se define como liberal y lo es, pero lo curioso en su planteamiento a pesar de que minimiza al Estado sigue pensando en él y el poder como el único espacio de la política. Aquí hay una diferencia con los planteamientos que hasta ahora ha sostenido Guaidó y en mayor medida López.

Así las cosas estamos ante representaciones disimiles de hacer política, pero, por lo menos las dos citadas como ejemplo, tienen en común que confunden la política, el Estado y el poder y ya una desembocó por su naturaleza en un régimen autoritario y dictatorial y la otra aún cuando se defina defensora y luche por el rescate de la democracia podría derivar en un modelo efectivamente democrático pero con un fuerte acento autoritario, no porque tenga vocación autoritaria, sino por la naturaleza del modelo que propone.

 Frente a estas maneras internas de entender y hacer la política (hay muchas más, imagínense al grupo que lideran los llamados guerreros del teclado o la manera partidaria de hacer política, o la aparición de los  estudiantes como un actor político de primea línea, etc) estamos insertos en un contexto donde el concepto que más se vulnera es precisamente el de “Soberanía”.

Paradójicamente con el advenimiento del chavismo el Estado derivo en un ente aparentemente soberano, porque sus decisiones más importantes en términos de política se tomaban fuera de sus fronteras y el conflicto venezolano ha derivado en un problema que se ventila en términos globales con actores globales, se trataría en este caso de una localización globalizada de un problema político.

De allí que la negociación que es importantísima se hace dificultosa porque un sector que negocia no tiene autonomía para decidir. En el otro hay una pluralidad de visones de lo que es la política y como hacerla, pero allí justamente está el mérito de Guaidó quien se ha convertido, de una manera u otra, en el articulador de una unidad para la transición aunque no sea la unidad para construir el orden democrático definitivo.

 

@RojasyArenas

 

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