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El retorno de Guaidó a Venezuela dejó un mal sabor en la boca del régimen. La caravana diplomática que lo escoltó y protegió, a él y su comitiva, incluyendo a mi colega y discípula Fabiana Rosales, su esposa, solo incrementó la preocupación entre los “líderes” de éste proyecto político fracasado, impuesto por Hugo Chávez en 1999, cuando llegó a la presidencia de la república. Dos meses después de asumir la noble tarea, el “Vamos Bien” como su grito de lucha, es enarbolado y aceptado por muchos más países alrededor del mundo; muchas más personas en las calles y barrios de Venezuela, pero sobre todo, por muchos más militares, dentro y fuera del territorio nacional.

Las maquinarias de propaganda “revolucionarias”, cubano-venezolanas, sustentadas en incompetentes comunicadores, algunos muy jóvenes e idiotizados, otros “pagados” y sumisos bajo los efectos de su dolarización y finalmente, el de algunos supuestos “maestros” de la UCV, anacrónicos y obsoletos, capaces solo de escribir el epilogo de aquellos libros revolucionarios de los años sesenta y setenta, como el Imperio de La Noticia, de mi estimado y respetado profesor Héctor Mújica a quien tuve el honor de conocer, y de quien estoy muy seguro habría abandonado a éste régimen hace tiempo, como otros notables de la izquierda lo han hecho desde hace quince años,  han querido y creído,  al mejor estilo de Goebbels, que pueden reiniciar el CPU de todo el país, incluyendo a los militares, y volver a retomar los espacios perdidos con este movimiento distinto que ha iniciado labores desde el pasado 2014, cuando López decidió ir a la cárcel en vez de llamar a la muerte a sus seguidores, algo que pudo hacer, pero como todo héroe, prefirió ir él, emulando, entre otros, al General Medina Angarita, quien en 1945 tenía a su favor al 75% de la FFAA y prefirió ceder ante las pretensiones de los alzados en armas y civiles “carroñeros” del poder político, para evitar muertes de civiles y personal de las mismas Fuerzas Armadas. Eso solo lo hacen los grandes. Hace cinco años comenzó todo. Y desde entonces el juego estuvo servido en la mesa, para propios, el oficialismo y la oposición y para extraños, el resto de los países del mundo. Muchos muertos, presos políticos y pocos resultados en un lustro.

Luego de arribar a Maiquetía, y leer sobre las anécdotas en ese importante terminal aéreo de Venezuela, el Presidente Interino, recorrió todo ese trecho hasta llegar a su encuentro multitudinario con parte del pueblo que lo apoya en la capital de la república, en la Plaza Sadel. Pasaron 24 horas para que los cubanos y sus sirvientes mediáticos del régimen iniciaran sus campañas luego de un silencio introductorio post llegada de Guaidó: Muchas escusas de uno u otro bando interno del mismo régimen. Luego, comenzaron a difundir, vía medios tradicionales y a través de las redes, mensajes para desestimar la valorable y valiente acción política realizada por el joven guaireño y todo su equipo, liderado, y no me cabe la menor duda de ello, por el mismísimo Leopoldo López, el cerebro detrás del cambio iniciado el 10 de enero de 2019. Todo lo sucedido desde entonces hasta la fecha en la que redacto esta columna, lo podemos inventariar de tal forma que, tal y como podremos leer, certifica lo inevitable: Maduro, su combo y los locos, ya no cuentan con apoyo político en el mundo capaz de ayudarlo. Sus socios, Rusia y China, han comenzado a escurrir ciertas señales de estar entre la espada y la pared y era lógico, muchos de los países que hoy apoyan al Presidente Interino de Venezuela, tienen negocios con ambas naciones. Aparece el fantasma del oportunismo económico. Venezuela es importante, pero también los otros países, qué hacemos.  Sin embargo, y esperando que se materialicen, por lo menos la no injerencia de ambos países en lo que deba suceder, aquí les dejo una lista de lo que a mi juicio sí podemos contar, sin necesidad de esperar confirmación, como logros alcanzados:

  1. Unificación de apoyo, internacional y nacional: bajo el lema “cese a la usurpación, entrada de ayuda humanitaria y elecciones libres”. El movimiento iniciado el 10 de enero de 2019 ha ido, en 60 días, logrando poco a poco, alcanzar objetivos importantes, el más interesante, sin lugar a dudas, el del apoyo internacional. Si algo demostró el fracaso de aquella intentona política que lideró Capriles hasta 2014, fue la AUSENCIA DEL APOYO INTERNACIONAL. Las explicaciones serían muchas, pero me atrevo a ofrecerles tres. La primera: el egoísmo de creer que solo con el factor político criollo, ante un ejército de ocupación, teníamos todas las de ganar. ERROR 1. La situación fue asumida como de tú a tú y eso favoreció al régimen. La segunda: el estar convencido que el  régimen no tenía entonces dolientes, es decir, que todos estaban en contra de Maduro, su combo y los locos. ERROR 2. No solo sí tenía pueblo el hoy Usurpador, la estrecha diferencia entre Capriles y él en la elección realizada en 2013, a propósito de la muerte de Chávez, lo demostró. Y es hipócrita que cualquiera de la oposición diga hoy que Capriles la ganó, porque si fue así, la idea no era decirlo hoy ni defenderlo hoy, era hacerlo en 2013. Pero ese llamado quedó en el aire. Capriles fue condenado por no hacerlo, pero es que nadie más lo hizo. La realidad, y tengo las pruebas en la mano, es que la diferencia de votos fue muy pequeña y cualquiera podía adjudicarse la victoria, como Maduro lo hizo. Del lado opositor hubo confianza en que el CNE reconocería que Capriles había ganado, por poco, pero lo había hecho, eso fue INGENUIDAD y en política y sobre todo ante un ejército de ocupación, la ingenuidad es absurda e imperdonable. La tercera: el desprecio hacia todo lo que representaba el chavismo. ERROR 3. Creer que se podría gobernar sin tomar en cuenta al pueblo chavista opuesto a Maduro, su combo y los locos fue quizás el peor de todos. Aunado al error número 2, éste último reúne, en mi opinión, el sustento de ese primer fracaso opositor post etapa Rosales. La elecciones de 2015 en las que se arrasó con el madurismo y con los locos de Cabello, demostró no solo que teníamos razón sobre la necesidad de ir pensando en unificar los sectores disidentes en contra de un mismo objetivo, sino que además FAVORECIÓ con el tiempo que muchos de los que para aquel entonces aún tenían el favor y aprecio del pueblo chavista, como algunos ministros de Chávez, iniciaran sus respectivos exilios o procesos de distanciamiento del madurismo y se unieran, directa o indirectamente, al trabajo que en el exterior realizaron personeros de la oposición. Ambos frentes favorecieron el apoyo internacional con el que hoy se cuenta. No reconocerlo sería otro craso error.
  2. Poner a un lado la INGENUIDAD POLÍTICA, debilidad aprovechada por un ejército de ocupación, es otro de los logros alcanzados. Esto lo ha hecho Guaidó a modus propio. En mi opinión, él ha vivido en carne propia lo que esa actitud, a veces blandengue o simplemente pasiva, ha traído como consecuencia a otras de las etapas de esta historia que aún se escribe sobre el final de esta oscurana comunista. El poner su vida en juego por el país que anhela no debe ser solo su sacrificio sino el de todos los involucrados en lograrla. Se ha entendido que los muertos dejados en las calles desde 2014 y quizás desde el mismo inicio de la llamada ROBOLUCIÓN, hay que retribuirlo con más sacrificio, pero no de parte del pueblo opositor, sino de su liderazgo. Espero que en realidad así se esté pensando. Hasta este momento Guaidó lo ha demostrado, pero repito a modus propio. Quedo picado con el sacrifico que deben hacer otros que lo rodean, y no me refiero ni a su esposa, madre e hija, sino a quienes les corresponde: los políticos, los supuestos líderes del movimiento. Quien crea que aquí no se vino a dejar la vida, está fuera del aparato.
  3. Guaidó ha sentado las bases para RATIFICAR su rol de Comandante en Jefe de las FFAA. Ante los ojos de los militares ha demostrado valor. Necesario para poder pedir la ayuda a cualquier militar. Si algo aprenden en la academia es seguir a quien demuestra valor. El ejemplo en las FFAA es el requisito más importante para alcanzar la ascendencia necesaria para liderar cualquier ejército, de aire, mar o tierra. Eso lo sabe Guaidó y en mi opinión lo ha hecho bien. Si son ciertas las sonrisas en Maiquetía por parte del personal de migración; la negación por parte de muchos coroneles de la GNB y del ejército de atacar al pueblo o quemar los camiones de ayuda humanitaria, lo que llevó al régimen a utilizar colectivos y delincuentes provenientes de nuestras cárceles de “máxima seguridad” ; las deserciones, casi a diario, de miembros de nuestras Fuerzas Armadas, las que se enrumban hacia los mil “desertores” de la dictadura, entonces el PRESIDENTE INTERINO está ganándose a pulso y no por decreto, su rol constitucional de COMANDANTE EN JEFE.

Ninguna de nuestras afirmaciones puede ser desmentida. Son hechos y entre periodistas, sabemos que los hechos pueden ser manipulados, pero jamás de tal manera que no se dejen escurrir en su real contexto y procedencia. Todo lo ocurrido desde el 10 de enero de 2019 favorece el “Vamos Bien” de Guaidó y su proceso, porque es él quien lidera éste. Los venezolanos, los que aún estamos aquí y los que por numerosas razones, viven en otros países, tenemos cifradas esperanzas en esta nueva oportunidad, solo un temor: el tiempo…hay, en mi opinión que planificar para preparar al pueblo opuesto y opositor a vivir con el tiempo. Debemos entender que la ansiedad a la que nos acostumbramos en procesos similares anteriores, no deja mucho de dónde agarrar. Insisto en que si esto debe ser dejado en manos de los militares, sirva entonces la mesa señor COMANDANTE EN JEFE, porque estoy muy seguro que sí habrá ejército, nacional y extranjero, que lo sigan. El civilismo ya cumplió.

Hasta la próxima semana.

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista

 

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