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“El totalitarismo será siempre una tentación, las decisiones se toman más rápido que en democracia.”

Albert Jacquard

El pasado domingo tuve la suerte de conversar con un viejo conocido al que tenía muchos años que no veía. Es un gallego, un tipo duro curtido en su oficio: periodista. Pero no cualquier periodista, fue corresponsal de guerra, así como suena un tipo que ha reportado con su cámara y sus notas al menos tres conflictos de los más sangrientos de los últimos 30 años en este planeta que parece no querer vivir en paz.

Es un hombre bastante entrado en edad, culto y preparado no solo por formación sino por experiencia. Un duro del periodismo en España. Vino a Venezuela a llevarse a su hija y sus nietos que viven aún aquí.

En la charla, como no podía ser de otra manera el tema medular fue la situación país y por su vasta experiencia y sus vivencias me apresté a escuchar lo que debía ser una clase magistral de periodismo y política en tiempos convulsos. Sin embargo, lo que recibí fue solo una pregunta: ¿Qué carajo quieren los venezolanos?

Sorprendido, mi respuesta fue inmediata: libertad, progreso, empleo digno, comida, medicinas, seguridad, prosperidad y todas esas cosas de las que estamos hambrientos los venezolanos. A cambio recibí solo otra pregunta: ¿Todos quieren eso?

Quedé mudo y ante mi asombro me replicó, “Todas esas cosas que tú me dices que quieren cuestan. Cuestan sacrificios, cuestan dinero y ese dinero hay que ganárselo con esfuerzo, trabajo, sudor y a veces con lágrimas porque el bienestar no es gratis y yo no veo que todos los venezolanos estén ganados a eso en este momento.”

“Ayer mismo, había un grupo de gente dejando la piel en la frontera para lograr hacer ingresar al país una ayuda que necesitan miles desesperadamente, mientras otros estaban en sus casas viendo la tele y otros comían y bebían en buenos restaurantes aquí mismo en Altamira. Por eso te hago esa pregunta. Además, hay algo que me asusta más que cualquier otra cosa y es que la gente habla con una ligereza pasmosa de guerra civil, fusiles y plomo, eso sí que significa hambre, miseria, muerte y enfermedad. Piénsalo”. Se despidió y me dejó con más dudas de las que tenía yo hasta el momento.

Eso me hizo reflexionar profundamente sobre toda la situación que estamos viviendo. Cada día me convenzo más que nuestro lio  es cívico y político. Vamos a ver, la raíz es política pero nuestro peo social, ciudadano, de conciencia y sigue presente.

Y me pregunto por qué vivimos en este caos. ¿Habrá alguien que le guste? No lo creo, o mejor dicho, no quiero creer que sea así, de lo que estoy seguro es que hay gente que se acostumbró a vivir sometido a que desde el estado te digan hasta lo que piensas, y no les importa más nada que esperar las dadivas de control social y político instauradas por los gobernantes socialistas, que tener que salir a buscar lo que cuesta esfuerzo y trabajo. Me decía un conocido manifiestamente partidario del oficialismo: “Me da culillo que se vaya el gobierno. Nos van a quitar los bonos pana”.

Y veo a gente que se declara abiertamente opositora, más pendiente del monedero de la patria que de llegar temprano al trabajo. Algunos inclusive han dejado sus empleos porque el sueldo no les da ni para pagar pasajes pero “matando tigres y con los bonos de la patria se bandean” sin importarles vivir sin oportunidades de progresar.

Otros dejaron sus empleos formales y pasaron a engrosar las filas del mal llamado “bachaqueo” y que no es más nada que la especulación, aprovechando la necesidad extrema de sus semejantes. “Eso deja mucho billete viejo, los jibaros están dejando de vender droga para vender azúcar y harina” me decía con una sonrisa en los labios uno de los bachaqueros más prominentes de la zona donde vivo. Una realidad impuesta por las políticas de control estatal.

Pareciera de cierto que nos hemos venido acostumbrando a ser pobres en el país más rico de América Latina, a mal vivir llevando vaina como se suele decir. ¿Que nos hicieron? O mejor dicho ¿Que nos dejamos hacer?

Mientras todos los ciudadanos no tomemos conciencia de lo que vivimos, de lo que padecemos y de lo que realmente queremos, nos merecemos y hasta donde queremos llegar seguiremos condenados a caminar arrastrando los pies sobre el caos que nos crearon progresivamente en estos últimos 20 años, al cual un importante sector de la población parece haberse habituado.

Entonces como me dijo mi amigo, el periodista español ¿Qué carajo queremos los venezolanos?

 

Analista|Consultor político|@joserodriguezasesor

[email protected]

 

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