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Con el pasar de las horas, muchos venezolanos, dentro y fuera del territorio nacional, están experimentando una suerte de desánimo ante la ineludible realidad de la última semana de febrero de 2019: Maduro, su combo y los locos aún permanecen en Miraflores. Si bien es cierto que casi 500 militares, principalmente del componente  Guardia Nacional, han desertado desde el pasado sábado hasta la madrugada de este jueves 28 de febrero, no menos cierto es que el fantasma de una “nueva desilusión política” arrulla la esperanza de un gran porcentaje de personas que han seguido a Juan Guaidó desde el pasado 10 de enero, cuando se proclamó Presidente Interino de nuestro país, de acuerdo a lo establecido en la Constitución de Venezuela.

En este sentido, los antecedentes de la oposición en esta materia de “combatir” al régimen de la llamada “Revolución del siglo XXI”, no favorecen el estado de ánimo, por el contrario, los craso errores de distintos liderazgo opositores a lo largo de estas dos décadas, no solo han sentado precedentes que han avivado la desesperanza a una gran cantidad de venezolanos, sino pregúntenle a los casi 4 millones que han huido del país, la mayoría opositores, sino también a los que se han quedado, a quienes por cierto se deberán erigir monumentos a la constancia y a la fe en sus líderes, aunque estos hayan fallado una que otra vez.

Sin embargo, y pese a lo crítico que he sido con la oposición  en relación con esto, la situación es distinta. Tan solo en mi pasada columna, a propósito del 23F, dejaba claro que en mi opinión si no se “entraba sí o sí”, las consecuencias serían muy costosas, pero extendería la resolución de un problema que, para algunos, pudo resolverse hace incluso años. Esa extensión de tiempo, dejé claro también, pasa factura a Maduro tal cual pasa factura a Guaidó. Nadie puede tener duda hoy de eso.

Mientras que para uno la prolongación del tiempo le facilita renegociar deudas por dinero o simplemente “regalar” tesoros por presupuesto para sostener la ROBOLUCIÓN, el otro aprovecha el tiempo para encontrar todo el apoyo internacional para una inminente INTERVENCIÓN MILITAR, pese a que el principal aliado es el país más poderoso del mundo, militarmente hablando y cuyo Presidente, Donald Trump, le tiene unas ganitas a los dictadores comunistas, como ningún otro sobre la faz de la tierra.

Una semana casi de los recientes eventos en esta nueva etapa de lo que ha sido llamado la nueva lucha contra el régimen Castro-comunista del USURPADOR Nicolás Maduro, su combo y los locos, pareciera que lo escrito en el párrafo anterior, así lo confirma. Ahora, nos hacemos la pregunta, en realidad ¿vamos bien?, incógnita que por cierto Soledad Bravo, una de las voces más importantes del canto venezolano, se hizo también hace unos días.

Para responder esta pregunta y siendo equilibrado, debemos vaciar aquí las distintas posiciones que existen, en mi opinión, cuatro (4):

Debemos evitar más muertes: ciertamente a nadie se le puede ocurrir que es necesario lanzar a la gente a la muerte para lograr un objetivo como el de sacar a Maduro, su combo y los locos del poder, PERO, ellos están dispuesto y lo han demostrado a lo largo de estos 20 años y durante toda esta semana, que están convencido que es la ÚNICA FORMA de permanecer en Miraflores es dando la vida, quizás no la de sus líderes, pero sí la de sus brazos armados, representados por colectivos y desde el pasado 23F, por reos que cumplen condena en varias de las cárceles más peligrosas de Venezuela, a los que por cierto se les ofreció LIBERTAD al finalizar la llamada Nueva Gesta Libertadora para defender al país de una invasión extranjera.

Venezuela es un problema geopolítico: sin lugar a dudas lo que sucede en nuestro país es del interés de por lo menos seis (6) países Cuba, Rusia, China, Colombia, Brasil y EEUU. Los tres primeros han sido aliados comerciales de Venezuela desde casi el comienzo de la tildada también como “ROBOLUCIÓN CHAVISTA”. Reservas estratégicas de nuestro país han sido “empeñadas” a Rusia y China, por decir lo menos, y Cuba ha recibido más dividendos en el intercambio, al punto de ser llamada el Chulo Mayor de Venezuela. Por el otro lado, Colombia y Brasil han sufrido las consecuencias de esas alianzas revolucionarias. Los grupos terroristas que por seis décadas han destruido a nuestro vecino neogranadino, hallaron refugio territorial, político y económico en los gobiernos de Chávez y Maduro. La caída de los gobiernos de izquierdas en Brasil, de Lula y luego de Dilma Roussef, favorecieron el ascenso de la derecha radical representada por Bolsonaro, enemigo acérrimo de los comunistas, quien se convirtió en presidente de ese país y desde entonces ha estado participando directamente en la salida del régimen castro-comunista venezolano. Para ambos gobiernos de Sudamérica, cualquier acción para SEPULTAR DEFINITIVAMENTE el comunismo latinoamericano, anacrónico y fracasado,  es la meta. Paz en las fronteras y el exterminio definitivo de las guerrillas, son para uno y otro, la mejor manera de promover un mercado común entre los tres países. Mercado que por cierto, según los expertos sería el más importante del hemisferio después de Canadá, EEUU y México.

Entonces, más un botín de guerra o un “SECUESTRADO RENTABLE”, Venezuela es, a corto, mediano o largo plazo un sustento o base de un estructura económica que se pierde de vista para el continente. EEUU no quiere estar atrás de todo esto, como siempre quiere liderar. En su política de recuperar territorio perdido por los demócratas, TRUMP aspira hacerse nuevamente del poder que mantuvo durante muchos años en la región.

La aplicación del artículo 187: que simplemente promueva la INTERVENCIÓN MILITAR, está en la mente y el deseo de una gran cantidad de venezolanos, no solo de la facción 16J de la Asamblea Nacional, como lo han tratado de hacer ver algunos “colaboradores” de la oposición, negarlo es absurdo. Estoy convencido que la mayoría quiere que los cuatro ejércitos, al mejor estilo de la saga del Señor de Los Anillos, entren a Venezuela en una nueva entrega de ayuda humanitaria. Si algo dejó entrever a todo el mundo lo ocurrido el pasado 23F en la frontera con Colombia, es que no hay forma alguna de negociar con un régimen autocrático, totalitario y dictatorial, que asume postura de TERRORISTA para “discernir”, posiciones, que por supuesto siempre han tenido como objetivo final lograr IMPONER su visión del conflicto. Aquí se manda por las buenas o por las malas. Ante semejante actitud ¿QUÉ QUEDA POR HACER? En realidad y siendo muy sincero, nada, deberíamos plegarnos en mayoría, como, a mi juicio SUCEDERÁ EN POCO TIEMPO, a la idea de LA INTERVENCIÓN MILITAR como MECANISMO para poner fin al conflicto. Para muchos, repito,  la única manera de acabar de una vez por todas con 20 años de SICARIATO, CORRUPCIÓN, NARCOTRÁFICO, GUERRILLA y SUSTENTO ESTRATÉGICO del terrorismo internacional, es UTILIZANDO LA FUERZA.

Dejar la ingenuidad política: una gran parte de los venezolanos también consideran que lo  sucedido el sábado es un capítulo más en una larga fila de errores que ha cometido la oposición en esa aventura de asumir posiciones muy BLANDENGUES o catalogadas de COMEFLORES ante un sicariato terrorista y narcotraficante. Visto de esa manera, pareciera ser cierta la afirmación de muchos en que aquí lo que ha faltado no solo son “nueces”, sino también competencia política a la altura de esa asesoría que Maduro, su combo y los locos han recibido de Cuba, Rusia y China. Al respecto, debo afirmar que Guaidó ha dado pasos que sus predecesores no tomaron, han intentado reunir fuera del país a personajes de talla internacional ligados a la política y economía global, eso ha sido importante y positivo. Sin embargo, pienso que una cosa es lo que se intenta hacer fuera y otra la que se está haciendo dentro, eso no está bien. Al planificar se debe primero que nada, UNIFICAR CRITERIO para poder llegar a alcanzar un objetivo, pero sobre todo es de suma importancia escuchar qué es lo deseado entre quienes te apoyan y, en mi opinión, Guaidó está cayendo en el error de sus antecesores, omitir el deseo popular y aferrarse exclusivamente al deseo político como único camino. Mientras los líderes, de uno u otro lado, se crean con el único derecho de resolver la crisis sin tomar en cuenta lo que piensa y desea su respectivo pueblo, entonces ambos estarían cayendo en lo mismo. Así como Maduro, su combo y los locos asumen actitudes totalitarias y autocráticas, Guaidó y sus compañeros de lucha también.

No se puede tapar el sol con un dedo, no lo pueda hacer Maduro, su combo y los locos, tampoco lo puede hacer Guaidó. Hay dos Venezuela, una que teme y por esa razón transcurre en la realidad maduroniana, sumisa y pasiva y otra, aparentemente activa, pero que igualmente CUMPLE con los preceptos impuestos por Maduro desde el 10 de enero que ya no es presidente, sino USURPADOR. Cómo explicas eso al mundo. Cómo puedes pararte ante la Naciones Unidas y defender a Maduro, Arreaza lo hizo y aunque se levantaron varios países para protestar su presencia, igual, él estuvo allí, y fue recibido como el CANCILLER DE UN GOBIERNO. Por el otro lado, cómo explicas a un grupo de periodista, hoy cuando comienza el carnaval que el llamado al asueto hecho por Maduro ha tenido mayor y mejor receptividad que el llamado de una parte de la oposición a desobedecer tal decreto y mantenerse laborando. Los colegios privados no abrieron, están de asueto por carnavales. Es el temor a las represalias. Ese tipo de “ESTRATEGIAS” son absurdas y estúpidas pues NO TENDRÁN eco suficiente entre la población que RECONOCE EL PODER DE FUEGO QUE TIENE MADURO y le temen. Esto lo sabemos todos, esto lo sabe Guaidó y su equipo, para qué asumir entonces tales acciones. ¿Cuál es el fin?  Ninguno, a mi pesar.

Nuevamente las cifras de muertos el fin de semana del 23 F deja al pueblo opositor desolado. Sobre los pemones solo se dicen que combatieron con gallardía. Eso es hipócrita, no porque no pelearan con gallardía, sino el uso que se le da a sus muertes. Cómo es posible que no se les cuidara hasta el día de hoy. Los siguen matando.

Los hechos hasta el momento en el que redacto esta columna son negativos para la nueva lucha por alcanzar la libertad. Estoy convencido que la estrategia debe ser otra. Por esta vía es posible que se llegue a un cambio algún día, pero costará miles de vidas civiles e inocentes. Creo, sin temor a equivocarme, que es necesario e ineludible LA INTERVENCIÓN MILITAR DE LOS 4 EJÉRCITOS. No hay de otra. Dejemos a los militares acabar con los militares. Ya es tiempo que entre soldados decidan el futuro de la patria y sean sus vidas las que se pongan en la mesa. Está demostrado que cuando eso es así, las cifras favorecen a los civiles.

Hasta la próxima semana.

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista

 

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