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Definitivamente la manipulación mediática oficialista y la gris campaña sobre los efectos alternos a la introducción y distribución de la justificada ayuda humana compleja, dejan en los usuarios una intensa ansiedad, que pudiera generar efectos negativos irreversibles en la población. Por una parte, la relativamente bien dirigida promoción oficialista para justificar lo injustificable, y por la otra la falta de tino político en lo social, y en lo económico de los nuevos retadores sociales.

Este complejo panorama, nos hace pensar en varios escenarios, como son, la familiarizada guerra del hampa contra la inseguridad personal y de bienes de los venezolanos y los residentes en el país, la guerra extorsionadora de policías, militares, fiscales del MP, jueces, funcionarios burocráticos del régimen en contra de contribuyentes y población en general, que generan más víctimas que las últimas guerras conocidas con participación de soldados y especialistas guerreros norteamericanos y sus aliados.

Por la otra, el colaboracionismo de altos jerarcas de partidos tradicionales, y a el desatino de otra parte de sectores de la oposición. Ante esta complejidad, surge lo que hemos denominado “liderazgo emergente proactivo”, que ha “sacudido la desesperanza aprendida y aprehendida, para incubar una nueva esperanza, riesgosa, pero buena esperanza, pese a ciertas contradicciones internas de quienes más le deben colaborar”. Los liderazgos se imponen no por omisiones.

En ese sentido, las horas marchan sin precisar el grado de ansiedad ante un innecesario conflicto armado de grandes dimensiones generado por caprichos que desean desconocer la realidad social y la urgente necesidad de alimentos y medicinas ante las inducidas precariedades nacionales debido a pésimas políticas gubernamentales y la altísima corrupción evidenciada en un gobierno improvisado e ineficiente, sin calidad ni cualidad para lo bueno y exitoso, pero si para el malandraje.

No hay peor guerra ni retos que la necesidad de afrontar la decisión de “morir en combate entre connacionales, o morir de hambre y mengua por culpa de un tirano, sádico y autocrático sistema, pretoriano y absolutista”, igual se siente estar condenado a morir bien por inacción, o por exigir derechos constitucionales y pactos internacionales para que esa ayuda entre al país y se distribuya por instituciones serias como Caritas, Cruz Roja, Rotary, Leones, y muchas otras. Ninguna del oficialismo goza de credibilidad, y eso también genera ansiedad.

Las horas previas y posteriores al sábado 23 de febrero 2019, podrían marcar nuevos derroteros en nuestra historia y destino social. La idea sería: acabar con la ansiedad que los pronósticos anuncian.

Un conflicto quizá no genere más ausencia de agua, electricidad, gas para cocinar, gasolina para trasladar, mejoras en bienes y servicios, atención médica, porque nada de las funciones y atribuciones del gobierno puede estar en peores condiciones actualmente, ante la ansiedad, queda exigir en el marco constitucional como letra viva para paliar la ansiedad como parte del derecho fundamental y optimizar con las exigencias y cambios, a nuestra calidad de vida.

 

@AmenhotepPlanas|Profesor universitario|[email protected]

Director de Estudios Sociales y Políticos Especializados, C.A. EsecA

 

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