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No se trata del episodio uno de la saga “La Guerra de las Galaxias”. Es en Venezuela, donde la lógica política parece que ahora sí, será sustituida por la lógica de la guerra, aunque para ser sinceros con el chavismo la política quedó subordinada, muy temprano, a la gramática del otro como enemigo.

Sí, señor, muy temprano en plena campaña electoral donde salió victorioso Hugo Chávez, este amenazó con freír la cabeza de los adecos en aceite hirviendo. Frente a esta amenaza, no pocos venezolanos gozaban imaginando la cabeza de cuanto adeco había metida en una paila de aceite vegetal de palma hirviendo. Nada de aceite de calidad, pues, según los revolucionarios de aquellos tiempos, los adecos no se merecían ni siquiera Mazeite.

Al final, la cabezas no fueron fritas y los proponentes de semejante cosa terminaron convirtiendo a sus antecesores en niños ingenuos, demostrando una vez más que en este país el reparto más democrático es la corrupción que, de paso, se convirtió definitivamente en el mejor organizador del orden y del hecho revolucionario.

La amenaza siguió siendo una de las maneras, la más usada, para hacer política por el chavismo. Muy pocos líderes de la oposición no han sido amenazados por los personeros más importantes del régimen: amenazados de cárcel, amenazados de destierro, amenazados de cualquier cosa y la peor de ser suprimidos físicamente.

 Por supuesto la amenaza es lo natural en un régimen dictatorial, cuya forma de mantenerse en el poder es consagrar una narrativa donde los otros que piensan diferentes, que se organizan diferentes, que tienen una concepción diferente son excluidos, bien sea, mediante la cárcel, el exilio o la muerte.

¿Ahora que es una amenaza? No es aquella cosa que una vez me ocurrió cuando yo era niño y que en un momento asumí como una amenaza mortal. Tenía 9 años, cuando mi mamá me amenazo con enviarme a la casa de mis abuelos si me seguía portando como un pequeño vagabundo. Bueno, sucedió lo obvio me seguí portando como un verdadero necio y la amenaza se materializo, pero esa decisión que me hizo llorar durante meses, terminó por salvarme de convertirme, no en un pequeño vagabundo, sino en un gran vagabundo. Esa no era una verdadera amenaza, fue una sabia decisión.

Una amenaza de verdad es esta: “Mire, señor Guaidó, usted no ha escuchado el silbido de una bala cerca. No sabe qué se siente cuando una bala pega a tres centímetros de donde está usted. No tiene la más mínima idea. Los soldados nos entrenamos para eso”.

Y es que una amenaza “es un gesto, una expresión o una acción que anticipa la intención de dañar a alguien en caso de que la persona amenazada no cumpla con ciertas exigencias”, también “puede emplearse con referencia al inminente desarrollo de algo negativo”.

Asi que allí estamos en presencia de una verdadera amenaza y es un delito que en cualquier país donde se respete el Estado de Derecho se castiga, se penalice, inclusive con cárcel porque cuando alguien anticipa la comisión de un acto ilícito con el objetivo de provocar miedo en otro sujeto incurre en una acción delictiva.

Obviamente, para las autoridades oficialistas, de este país eso no tiene relevancia alguna y menos si lo dice uno de los poderosos del régimen, pero sobre sus hombros recaería la responsabilidad si al amenazado una bala no le silbaría en la cabeza sino que le diera en la misma. Verdad Tarek William que tú tratarías de hacer justicia, aunque ese hombre lleve el nombre de Dios….  Pero, bueno, no se rían de esto último.

 

@RojasyArenas

 

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