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GERVIS MEDINA|La alienación, como factor de desadaptación social en ¡Venezuela!

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Una de las tareas fundamentales del venezolano, es alcanzar una organización que le permita desarrollarse como ¡Hombre! ¡Y no comerse el uno al otro!

Sin esa perspectiva funcionalmente humana, es imposible sentir la existencia como lo que debe ser: un proyecto, un plan, una organización en constante e ininterrumpido desenvolvimiento dialéctico, para el desarrollo de las libertades. Y este es el caso del venezolano.

Cuando él, en su lucha por dominar el orden natural de la cosas, no puede impedir que las relaciones entre él y las circunstancias de su trabajo configuren un ambiente propicio a la adaptación social, a la identificación consigo mismo y con los demás, se convierte en una víctima de su propio y lamentable extrañamiento.

¡Por lo que! sometido al impacto de las fuerzas que resultan de ese proceso de transformación progresista pero incontrolado, es entonces un ridículo juguete de ese flujo y reflejo de contradicciones que forman la arquitectura de nuestro sistema económico, político y social.

El cuadro de presiones dentro del cual se mueve el venezolano, es esclavizado en la alienación hacia una u otra doctrina o ideología, con las escandalosas características: ¡Ausencia de identidad consigo mismo! ¡Ausencia de identificación con la comunidad! ¡Pérdida de toda posibilidad de comunicación con los otros! ¡Sumisión al estado de necesidad! Desaparecen así las oportunidades para el logro de la paz, armonía y toda plenitud humana, conocida como “calidad de vida”.

El venezolano, incapacitado para servirse de sí y por sí mismo, queda atado a la más humillante utilización por los demás y para los demás. No es que se evade del campo de la dignidad de su manifiesta condición humana. Es que se expulsa de un mundo donde al negársele la facultad de elegir, se condena a no poder darse un sentido ni una dirección a su propio destino.

¡No puede amar a la libertad, porque le teme a ella! ¡Le tema a la libertad, porque la ignora! ¡El temor a la libertad es ya esclavitud! Se teme a la libertad desde que no se poseen el aliento ni el poder necesario, para superar y vencer las fuerzas opresoras de la alienación. La protesta contra la alienación a través de la insensibilidad, mora de la indiferencia social, de la deformación de los medios de lucha, conduce a ese tipo de morbosa rebeldía por inadaptación que desemboca en el estado de peligrosidad y aun en la situación de delincuencia irremediable.

¡Ojala! Sirvan estas reflexiones para inspirar al lector y estudioso del fenómeno antropológico, teológico y social en Venezuela.

Por naturaleza, ¡El hombre! realiza su condición humana sintiéndose ser algo. No se es algo sino cuando se expulsa el sentimiento de ser nada. Entre el ser algo y el ser nada se extiende el nivel de aspiración, como medida de la dirección existencialista de la vida humana. El nivel de aspiración se rige por el grado y la proporcionalidad de los motivos que motorizan la conducta del hombre.

Uno de los mejores y más efectivos rasgos de la condición humana, está en la capacidad de inventar motivos, tanto como en la habilidad para fabricar instrumentos o útiles de trabajo. Esa capacidad, tanto como esa habilidad, no se desarrollan plenamente sino en una situación favorable. Necesitan de un ambiente que facilite y no neutralice las circunstancias y condiciones reales de la vida normal. La nulidad de ese ambiente impone incalculables desviaciones de índole antisocial.

Por cuanto, la única motivación, capaz de iluminar la conciencia del hombre contemporáneo y de moverlo, emotivamente hacia el logro de su más diáfana y definida felicidad, es la de orientarse hacia la gran tarea, que le permita producir un profundo cambio en las estructuras económicas del sistema social.

Pero eso es apenas, una circunstancia previa en la lucha contra la alienación al actual régimen o gobierno. Es la condición previa en el planteamiento de la pugnacidad contra la alienación. Pensar que el único y exclusivo cambio de estructura (gobierno) será suficiente, es un espejismo peligroso por alucinamiento dilatorio. Hay que cambiar esas estructuras, como paso definitivo en la batalla permanente contra la desadaptación social, contra la irresponsabilidad individual y colectiva, contra los factores que en el plano de los objetivos, como en el de la comunidad, favorecen la delincuencia y la peligrosidad.

La felicidad del hombre venezolano, no puede venir sino por la vertiente que conduzca a su total desalienación. Es en la alienación, donde está el núcleo distribuidor de toda manifestación deformante de la personalidad. Es en la alienación, donde se encuentra el nudo de todas las fuerzas que conspiran contra la definitiva liberación del hombre, para impedirle el exacto y justo ejercicio de los atributos de la felicidad: “servirse a él mismo, para servir a todos, por todos, con todos y para todos”.

Y para rematar “La inconsciencia jurídica” que comprende estados con pérdida completa de la lucidez. Por lo tanto, aparecen desórdenes  y obnubilaciones que impiden o dificultan la libre determinación de los actos. En el caso venezolano existe un nivel de conciencia “hipobúlico”, obteniendo como resultado la anarquía, indolencia, apatía, flojera y un sistema de sálvese quien pueda, conjugado en el axioma de Hobbes, ¡El venezolano, es el lobo del venezolano!

 

@gervisdmedina|Abogado-Criminólogo|[email protected]

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