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¡CRISIS! La evidente fractura en el oficialismo

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¿Hay una fractura real en la unidad del oficialismo?

Sí, porque claramente se evidencia que hay jugadas que son de un grupo y no de todo el Gobierno.

Y en medio de las serias dificultades que experimenta el régimen, pueden considerarse hasta normales estas contradicciones que en vez de ayudar a resolver sus problemas, más bien los agravan

Nunca el Gobierno ha sido un grupo cohesionado y que actúa por consenso. Siempre ha estado integrado por tendencias con objetivos, visiones y aspiraciones distintas.

Y eso no es nuevo.

Más explicaciones en Área Privada de Verdades y Rumores

Problema viejo

Nunca el Chavismo fue un grupo cohesionado, sino que siempre ha sido la sumatoria de una serie de tendencias que permanecían unidas por el control que sobre ellos ejercía Hugo Chávez Frías.

Una vez falleció Chavez, esas tendencias han permanecido más o menos unidas porque compartían un objetivo en común: sostener el poder y defender el legado del comandante, aunque en el fondo se trataba de preservar sus intereses.

El Chavismo era, y ahora más que nunca lo es, una coalición temporal de grandes intereses y de distintas formas de usar y ocupar el poder. Hay militares y civiles.  Pero entre los militares hay radicales, racionales y enchufados. Igual ocurre entre el componente civil, aunque en este se agrega el grupo de los intelectuales que siempre han sido de izquierda.

Esa variopinta composición se fue profundizando en la medida que aprendieron como beneficiarse del poder y aumentaron sus ambiciones de incrementar ese poder.

Sin control

Una vez enfermo y muerto Chávez, se desataron las ambiciones entre los líderes de aquellas tendencias que asumieron como meta el ocupar el poder máximo,  solo que la escogencia de Maduro como el sucesor les pospuso sus planes.

Pero una vez Maduro comenzó a decaer y su Gobierno entró en crisis terminal, los líderes de esas tendencias comenzaron a ver de nuevo el momento y la oportunidad para asumir la conducción del proceso.

Este es el momento ideal.

Estas son las circunstancias perfectas.

Maduro no levanta en su gestión.  Corre peligro la supervivencia de la revolución. Y estarían cerca de perder el poder.

Por eso las diferencias entre los grupos aumentan y eso se nota claramente.

Hay una clara lucha por liderar la sucesión una vez logren que Maduro salga de la Presidencia.

Los grupos

El oficialismo es una caja negra de la cual solo se sabe parcialmente lo que puertas adentro ocurre.  Sobre la base de lo que se conoce y de sus actuaciones,  se puede perfilar la integración de las tendencias.

Los radicales, que ahora controlan el poder, están distribuidos fundamentalmente en tres grupos.

Uno liderado por Diosdado Cabello con una mayoría de integrantes militares, entre activos y retirados, en el cual se incluye a Pedro Carreño y el actual director del Sebin, general Gustavo González López.

Otro de los grupos liderado por el presidente Nicolás Maduro acompañado, entre otros, de Elías Jaua, Jorge Rodríguez y su hermana Delcy Eloína. Pero aquí debe resaltarse el papel de la primera combatiente, Cilia Flores, de quien se dice es el cerebro de todo lo que se hace.

Hay un tercer grupo radical que es encabezado por Tareck El Aissami y que tiene una fortaleza importante que radica en su poder en los medios de comunicación. Su pieza más importante es el mayor general Néstor Reverol.

Hay grupos pequeños de racionales que cuando actúan en alianza pueden cumplir parcialmente sus objetivos.  Los líderes más importantes están fuera del Gobierno y algunos hasta integran la actual disidencia chavista.

Entre los racionales, con incidencia en algunos radicales,  hay un personaje al que debe prestársele mucha atención por su capacidad política y la posibilidad que tiene de acercar intereses con la oposición en una probable negociación: José Vicente Rangel.

En el sector militar hay tres grupos: los radicales que se han enriquecido con los negocios del Estado, los radicales que defienden el legado de Chávez pero no apoyan a Maduro y los institucionales que tampoco respaldan al Presidente.

De esos tres grupos al que hay que prestar mayor atención es el de los radicales que cuidan el legado de Chávez, pero que quieren una transición y son quienes integran el llamado grupo “Los Centauros” o “Grecia”, como también son denominados.

Los síntomas

Comencemos por el último, que quizás es el más significativo: el arresto domiciliario de Leopoldo López.

¿Por qué?

Claramente esa fue una jugada personal de Nicolás Maduro y por eso los albaceas de la medida fueron los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, quienes fueron los encargados de trasladar al líder opositor desde la cárcel de Ramo Verde hasta su casa.

Horas después del arresto domiciliario se supo del enorme malestar de Diosdado Cabello y Tareck El Aissami, a quienes les ocultaron esa decisión judicial. Por eso se entiende que las inusuales horas en las cuales despachó el presidente del TSJ, Maikel Moreno, buscaban evitar que los más “ultras” boicotearan la medida.

Pero además en el marco de la jugada puede inferirse que el objetivo de Maduro más allá de intentar aliviar la presión de calle, está orientado hacia una negociación que le permita ceder el poder y tener tranquilidad en algún país que acepte cobijarlo, sin tomar en cuenta a sus adversarios internos.

Adicionalmente esta movida en el tablero del poder rojo, puede ser una secuela del ataque armado que los colectivos paramilitares perpetraron contra la Asamblea Nacional el pasado 5 de julio, porque claramente esa fue otra acción de uno de los grupos radicales, quizás el de El Aissami.

Y si retrocedemos un poco más, podemos agregar que los cambios en el Alto Mando Militar y la permanencia del general Vladimir Padrino López en el Ministerio de la Defensa son parte de esta lucha interna por el poder y que está reforzando la fractura roja rojita.

Estos son tres hechos más significativos y recientes en el marco de la evidente fractura oficialista, pero hay muchos más que certifican la hipótesis de la ruptura de la unidad interna.

Fractura en la negociación

Esta fractura funciona como una bomba de racimo en la posibilidad de una negociación del oficialismo para salir del poder.

No es lo mismo que cada grupo negocie por su lado, a que negocien en bloque. Por eso la fractura que se evidencia en el oficialismo, atenta contra el objetivo común de cada uno de los líderes: reducir el “costo de salida”.

Y aquí cobra de nuevo vigencia un comentario que hicimos en VyR hace muchos meses y es que al final quien está en la mejor posición para negociar es aquel que ocupe la Presidencia de la República. Por eso el apuro por posicionarse en dicho cargo.

En la medida que la disidencia ciudadana siga en la calle, que la consulta del 16J se convierta en una avalancha, pero además mientras más violaciones a los derechos humanos se acumulen; mayor será el daño que la fractura interna le hará al oficialismo.

 

Darwin Chávez|@VerdadesRumores

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